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Ayman, el reportero "paranoico" que destapó cómo China recluta espías en LinkedIn: "Era el único vecino del que nunca sospeché"

Ayman, el reportero "paranoico" que destapó cómo China recluta espías en LinkedIn: "Era el único vecino del que nunca sospeché"
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El trastorno bipolar del periodista le llevaba a ver espías por todas partes. El único que lo era realmente era un militar griego captado a través de las redes. Más información: Xi y 'la diplomacia del tacón con alza': logra parecer más alto que Putin y Trump y les niega los acuerdos que esperaban

El corresponsal de guerra Ayman Oghanna. aymanoghanna.com

Europa Ayman, el reportero "paranoico" que destapó cómo China recluta espías en LinkedIn: "Era el único vecino del que nunca sospeché"

El trastorno bipolar del periodista le llevaba a ver espías por todas partes. El único que lo era realmente era un militar griego captado a través de las redes.

Más información: Xi y 'la diplomacia del tacón con alza': logra parecer más alto que Putin y Trump y les niega los acuerdos que esperaban

Estambul Publicada 8 junio 2026 01:59h Las claves

Las claves Generado con IA

Diagnosticado con bipolaridad y propenso a la paranoia, el corresponsal de guerra Ayman Oghannaveía agentes secretos donde no los había. Los veía en hoteles, en llamadas telefónicas, en turistas chinos, en coches con matrículas extranjeras, en vecinos rusos o iraníes...

Durante años, el periodista británico-iraquí había recorrido Irak, Siria, Libia, Líbano, Ucrania y Afganistán hasta establecerse en un pueblecito griego. Y ahí fue donde ocurrió: el vecino del que nunca sospechó, el amable coronel griego que vivía en su edificio y regaba sus tomates, resultó ser un espía de China.

"Nada parecía accidental. Ni las caras, ni los coches, ni las canciones, ni los carteles. Todo estaba allí por mí. Me decía a mí mismo que era el instinto periodístico de fijarse en las cosas, afinado por años de trabajo en zonas de conflicto. La verdad es que era psicosis", explica Oghanna en el podcast de The Economist.

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Después de años cubriendo esas guerras, como tantos otros corresponsales, había desarrollado una paranoia que en la mayoría de casos es razonable y afina el instinto de supervivencia. En el suyo, era además síntoma de una bipolaridad no diagnosticada en aquel momento.

La revelación llegó en abril de 2016, tras seis semanas empotrado con las fuerzas especiales iraquíes durante la guerra contra el Estado Islámico (ISIS). Oghanna acabó en el vestíbulo del Ace Hotel de Bagdad en ropa interior, rodeado de policías, con una silla en las manos y la certeza de que una red de espías se movía por el edificio.

Trasladado a un hospital psiquiátrico, oyó por primera vez el diagnóstico: bipolaridad tipo I. Durante años había creído que el peligro vendría de una bomba o un francotirador. Aquella noche entendió que podía venir de su propia cabeza.

Con tratamiento, higiene del sueño y reglas de trabajo, Oghanna consiguió estabilizarse. Se instaló con su esposa Claire en un pequeño bloque de apartamentos en Varkiza, cerca de Atenas. Cuatro plantas, un jardín, vecinos discretos.

Había una vecina rusa, un vecino iraní y, dos pisos más abajo, un griego amable que regaba tomates al atardecer y saludaba con un yasas. Se llamaba Christos Flesas.

Flesas parecía el hombre menos sospechoso del edificio. Claire lo recuerda tímido, educado, dócil. “El único vecino del que no sospeché nunca que fuera un espía era Christos”, desvela el periodista.

En febrero, Claire recibió la noticia por su madre: habían detenido a un vecino acusado de espiar. Pensó primero en el iraní, luego en la rusa. Era el griego del primer piso, el hombre de los tomates.

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Christos Flesas era coronel de la Fuerza Aérea Helénica. Según la acusación, había transmitido información militar clasificada de Grecia y de la OTAN a China. A sus 52 años, llevaba más de tres décadas trabajando en áreas vinculadas a comunicaciones, radar y guerra electrónica. Un mando medio con acceso a sistemas, rutinas y protocolos, puede ser muy valioso para una potencia extranjera.

La presunta captación empezó de una forma anodina: LinkedIn. Su perfil era perfecto: acreditación como evaluador táctico de la OTAN, formación en sistemas de armas guiadas, cursos y conferencias.

Fue contactado online por un ciudadano chino que le ofrecía oportunidades vinculadas a su conocimiento. Después viajó a China, donde habría recibido instrucciones y acceso a una aplicación cifrada para fotografiar y enviar material sensible.

Tanto el método de reclutamiento como los emolumentos están hoy en día muy alejados de los tiempos glamurosos de John le Carré: varios miles de euros por entrega y un total aproximado de 30.000 euros. Una suma pequeña se puede disfrazar mejor, la traición se ejecuta por entregas y la escasez mantiene incentivado al informante.

El patrón del espionaje chino

La alerta emitida esta semana por los servicios de inteligencia de los países Five EyesEstados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda— describe un patrón que encaja con el caso griego. Agentes chinos usan plataformas como LinkedIn, Indeed o Upwork para localizar a militares, funcionarios, analistas o expertos con acceso a información sensible.

Se presentan como reclutadores o consultores, piden primero una conversación, luego un informe, y después trasladan el contacto a aplicaciones cifradas. El primer documento no tiene que ser clasificado, solo es un primer paso.

La clave está en el procedimiento: hasta que el reclutado entiende dónde está exactamente y cuánto puede cobrar ya ha viajado y enviado suficiente material como para sentirse atrapado.

Pero al dinero lo supera el ego. En la jerga clásica de inteligencia se usa el acrónimo MICE: money, ideology, coercion, ego (dinero, ideología, coerción, ego). En Flesas, la ideología prochina no parece el motor más probable. Sus amigos de infancia lo describen como conservador, familiar y disciplinado.

Quiso ser piloto, pero un problema de vista lo apartó de la cabina y lo llevó a comunicaciones. Tras su prolongada carrera seguía siendo coronel. En casa soportaba gritos de su mujer y su suegra. En esa frustración de final de carrera, un extraño de pronto le hace sentir importante.

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China no necesita que sus informantes sean admiradores de Xi Jinping. “Los chinos son muy buenos haciendo que hombres mayores se sientan importantes”, dice Lucy Hornby, investigadora sénior no residente en el CSIS. “Despliegan una adulación muy intensa, y asignan a jóvenes chinos educados y atractivos para acompañar a extranjeros de cierta edad, escucharlos con fascinación y aplaudir todo lo que dicen”.

Oghanna entiende esa tentación de sentirse elegido. “Son espías de verdad, pero no era a mí a quien buscaban”.

El caso tampoco ocurrió en cualquier sitio. Atenas ha ganado valor como ciudad de espionaje después de que los controles férreos de Recep Tayyip Erdogan destronaran a Estambul (donde también residió Oghanna) como la capital de la información clasificada en la región.

Grecia ofrece una combinación atractiva: país de la OTAN, posición entre Europa, los Balcanes y Oriente Medio, turismo masivo, baja fricción social y una economía acostumbrada al efectivo.

Además, tiene una relación económica densa con China: el puerto del Pireo, controlado por la empresa china COSCO, es la gran pieza simbólica. Para Pekín, Grecia es un punto de entrada a Europa y una plataforma frente al Mediterráneo oriental.

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El caso no está aislado. En Alemania, un antiguo asistente del eurodiputado Maximilian Krah fue condenado por espiar para China mientras trabajaba en el Parlamento Europeo.

En Francia, cuatro personas fueron detenidas en febrero bajo sospecha de obtener información sobre datos satelitales e infraestructura militar.

En República Checa, el servicio de contrainteligencia ha advertido de perfiles falsos en LinkedIn usados para acercarse a académicos mediante supuestas consultoras, a menudo con fachada en Hong Kong o Singapur.

La nueva alerta de Five Eyes confirma que el método ya no pertenece a casos sueltos. Es una rutina operativa.

España, en el punto de mira

España es miembro de la OTAN, alberga bases de uso conjunto con EEUU y tiene militares, diplomáticos y expertos visibles en redes profesionales. COSCO cuenta con participaciones de control en terminales de los puertos de Valencia y Bilbao, y Hutchison tiene presencia en Barcelona.

A ese mapa se suma la línea política de Pedro Sánchez, quien ha cultivado una relación cálida con Xi Jinping y ha defendido que Europa trate a China como socio estratégico, incluso en momentos de tensión entre Pekín, Bruselas y Washington.

El riesgo aumenta cuando un país se alinea con China contra los EEUU de Donald Trump y la vende como alternativa al imperialismo estadounidense y como oportunidad económica, es más difícil ver las zonas grises. Pekín solo necesita puntos de acceso y LinkedIn.

España tiene además un precedente delicado: el entorno de José Luis Rodríguez Zapatero aparece bajo investigación por presuntos negocios y tráfico de influencias con ramificaciones chinas. La causa se activó tras alertas de Francia y Suiza sobre posibles operaciones de lavado.

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El CNI también puso el foco en el empresario chino Fangyong Du, vinculado al círculo del expresidente. Este caso representa una señal de alerta sobre cómo China puede operar en España mediante negocios, intermediarios y acceso político.

En el edificio de Oghanna, después de la detención, el coche de Flesas quedó en el garaje acumulando polvo. El huerto se secó. Las malas hierbas crecieron entre los tomates que él regaba al atardecer.

El corresponsal imagina una escena imposible: cruzarse con Christos junto al jardín antes de que todo ocurriera y advertirle: “El aburrimiento es bueno, Christos”. La vida anodina ya no parece una derrota, sino una forma de supervivencia.

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