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Azcona colaboró estrechamente con directores como Berlanga, Carlos Saura o José Luis García Sánchez. R. C. Azcona, el hijo de todos los siglosSe cumplen cien años del nacimiento del escritor logroñés, uno de los guionistas más prolíficos del cine español
Jorge Alacid
Domingo, 4 de enero 2026, 00:08
... misma mañana. Es una mirada satírica al calvario que significaba y significa encontrar vivienda. Esa imagen condensa uno de los rasgos más memorables del escritor logroñés, de cuyo nacimiento se cumple un siglo en el año entrante: su plena (y escalofriante) vigencia. También habita en esa ilustración otro de sus dones menos conocidos: su condición multifacética. Porque Azcona, que se ganó la fama como guionista, fue también un sagaz dibujante, un novelista muy interesante, un estimulante poeta y, sobre todo, un hijo de su tiempo. De todos los tiempos.Azcona fue un hijo de todos los siglos, dotado de una abrumadora lucidez, ducha en iluminar cada capa de nuestra sociedad con su recurso favorito: la ironía nacida de la compasión. Ese legado que durante el año entrante se debería aprovechar para exprimir cuanto nos sigue regalando: radiografiar el alma española. Auscultar lo mejor de nosotros, a partir de lo peor. Y siempre con la piedad por bandera.
Ampliar Viñeta de Rafael Azcona publicada en el periódico madrileño 'Pueblo' a mediados de los años cincuenta. R. C.A los fastos del centenario se dedica con especial intensidad la editorial Pepitas, una casa tan logroñesa como el inolvidable autor de 'El verdugo', que ha emprendido la tarea de divulgar los mejores libros que Azcona entregó a la imprenta. «Nunca me han convencido los aniversarios pero me convence aún menos el olvido», explica el editor Julián Lacalle para justificar esta aventura. Lacalle trató en vida a Azcona desde que, como tantos otros lectores que tropezaron con el formidable botín de su obra literaria, encontró en 'Memorias de un señor bajito' la joya que estaba esperando una reedición… que fue bastante más lejos que la relectura que se esperaba de un creador entonces ya de edad avanzada. Azcona, recuerda, le pidió revisar el original, encargo que acometió de forma tan concienzuda que, en realidad, le devolvió un texto escrito de nuevo «de arriba a abajo». «Con ese gesto, le dio un buen empujón a la editorial de su pueblo, por lo que le estaremos eternamente agradecidos», confiesa.
Un legado inacabableEl grueso de la producción del autor logroñés se fecha en apenas cinco años, entre 1955 y 1960
Tal vez la forma de pagar la deuda contraída por entonces con el autor de 'La escopeta nacional' y otras glorias de nuestra cultura se encarne hoy en este propósito que significa añadir al prolijo y adictivo catálogo documental que forma el corpus de Azcona una nueva criatura: coincidiendo con los cien años de su nacimiento se publicará 'Los domingos', una antología poética que suma su evocador título a otros igualmente sugerentes. Creaciones como las incluidas en el llamado 'cofre Azcona', donde se integran sus novelas más conocidas como 'Los europeos' o la inicial 'Vida del repelente niño Vicente', o libros sueltos donde se forja la proteica personalidad del autor de 'Viaje a una sala de fiestas' y ese otro Azcona dibujante que asomaba al principio de estas líneas. El que cinceló su carrera en las viñetas de 'La Codorniz', reunidas en otro volumen también muy recomendable, o el que se hacía ya por los años 50 esa clase de preguntas que aún nos fascinan, porque carecen de respuesta: el Azcona de '¿Son de alguna utilidad los cuñados?' o el de '¿Por qué nos gustan las guapas?' O el Azcona que no vio la luz: el que escribió junto a su eterno socio Berlanga el guión de 'Viva Rusia'. Una película jamás rodada que Manuel Hidalgo resucitó para paliar esa carencia: la de saber qué hubiera opinado esa formidable pareja de creadores de la España que no llegaron a habitar.
El lenguaje azconiano
Ahí se contiene por cierto el otro atributo mayor de quien, según otro compinche, el también cineasta José Luis Cuerda, no se conformó con crear esa serie de obras cimeras de la cultura española: a su juicio, incluso inventó un idioma. El lenguaje azconiano merece una revisión muy oportuna en este 2026, porque ayudaría a entender mejor la complejidad de la actualidad presente, tan desbordante de paisajes y paisanajes que hubieran hecho feliz al autor de 'El pisito'. «Gracias a Azcona» -escribió Cuerda- «se nos mueven las ideas, las pasiones, los párpados y el miembro: se nos mueven con cierto sentido, quiero decir».
La inagotable imaginación del escritor riojano, que se consideró militante en la escuela realista y confesaba que sus criaturas nacían de la contemplación sosegada y sutil de los congéneres que cruzaban por la cafetería de El Corte Inglés donde tuvo instalada su atalaya, cristaliza en su maestría para comprender al ser humano en sus tres dimensiones y saber que no somos tan diferentes de quienes nos precedieron en este valle de lágrimas.
Bernardo Sánchez, experto en la vida y obra de Azcona, destaca precisamente su capacidad «para la escucha del común». En su atento oído aflora una visión de la realidad donde descuella su propensión a rescatar «lo carencial, lo frágil, lo paradójico y lo grotesco». También «el autoengaño y lo tragicómico». Es decir, «lo inverso a cualquier épica o heroicidad». Diríase que lo heroico en sus creaciones corre por cuenta del ciudadano corriente, capaz de mantener la decencia intacta pese a que todo conspira en su contra a su alrededor, hábil como fue Azcona en facturar sus escritos mediante la técnica del sastre que le fue inoculada vía paterna, «sin ahorrarse ni una voz». «Fue el mejor compañero del siglo», confirma Sánchez, miembro del club de fans de Azcona que ha contribuido a extender sus méritos cuando aún vivía y después de fallecer.
Ampliar logo diseñado con motivo del centenario del nacimiento del autor riojano. R. C.Julián Lacalle, otro de esos encendidos admiradores de Azcona, cita a Juan Cruz y Eduardo Riestra como dos personalidades decisivas en la reivindicación del autor logroñés que aún persiste y tiene en este año una de sus cumbres: además de poner en circulación su obra literaria al completo en volúmenes independientes, su editorial publicará su colección poética «y una extraordinaria investigación sobre la obra no realizada de Azcona». Se titulará 'Lo que no pudo ser (y lo fue de aquella manera)', es obra del citado Sánchez en alianza con otro gran azconiano, Santiago Aguilar, y promete las mismas sorpresas que deparará el resto de propuestas propulsadas por Pepitas: exposiciones, encuentros literarios y una miríada de actividades donde latirá la identidad inconfundible de un creador tan valioso como formidable trabajador, un obrero de la escritura.
PolifacéticoAdemás de un afamado guionista, fue un sagaz dibujante, novelista y un estimulante poeta
Lacalle llama la atención sobre un elemento clave para justificar la admiración que Azcona suscita: el grueso de su producción se fecha en apenas cinco años, entre 1955 y 1960, «al mismo tiempo que hacía tiras cómicas, redactaba piezas breves para la prensa y novelas de encargo e iniciaba una dilatada carrera cinematográfica en Italia y España». El incansable Azcona se las apañó para dejar a sus descendientes, todos sus hijos huérfanos desde que falleció hace 17 años, un legado inacabable. Esa mirada «más certera que la mayoría de libros de Historia o Sociología», según Lacalle, sobre la España de su tiempo. De cualquier tiempo. «Su obra es un tesoro nacional», observa, decidido a procurar que la figura del admirable escritor «no se limite al nombre de una calle o de un edificio», como ocurre en su Logroño natal.
«Que se lean sus libros y se vean sus películas»: así resume la pretensión de bautizar este 2026 como una suerte de 'año Azcona' que, con seguridad, abrumaría al susodicho, más proclive a ejercer su oficio en la sombra, «dada su naturaleza esquiva para la cosa pública», como recalca Lacalle. Una personalidad que el propio interesado dejó fijada para la posteridad. En prosa, cuando, refractario a darse importancia, se dibujó en sus memorias 'Mi vidorra de escritor' como un simple mortal «entregado a la tarea de escribir bonitas cuartillas con la pretensión de meterle a la gente la risa en el cuerpo». O también en verso: «Me llega la certeza de saberme/ peregrino, poeta y solitario/ cuando enciendo mi voz sonora y mía/ en el horno abrasado de mi barro».
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