Los espacios arquitectónicos como pesadillas recurrentes. El escalofriante filme firmado por un jovencísimo Kane Parsons nace de un cortometraje popularizado en Internet
Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen de 'Backrooms'. (RC) 14/06/2026 a las 11:18h.Sala llena. Gente joven. Es la fiesta del cine, para la gente que no va al cine. Silencio sepulcral en la sala. Se proyecta 'Backrooms', ... el fenómeno del momento, un escalofriante filme firmado por un jovencísimo Kane Parsons, con el apadrinamiento de Blumhouse y A24, con James Wan ('Expediente Warren') y Oz Perkins ('Longless') en la producción ejecutiva, entre otros nombres reconocidos en el cine de género. Nacida para triunfar desde las tripas de YouTube (¿un producto de laboratorio?), donde está todo lo mejor y lo peor pergeñado por el ser humano, la película empieza con un prólogo similar a un cortometraje, que es de donde parte el proyecto, de un video de apenas nueve minutos colgado en Internet que se adscribe a los postulados del found footage, como 'Paranormal Activity' o 'The Blair Witch Project', dos propuestas terroríficas que también rompieron la pana en su momento. Marcaron tendencia con el empleo de imágenes con estética documental, de ahí la etiqueta de «material encontrado» –traducción del inglés-, grabado supuestamente por los propios protagonistas del relato macabro.
Pesadilla arquitectónica
Los laberintos de Escher, los cuadros de De Chirico, Magritte o Dalí, 'La Matanza de Texas', 'It Follows', 'Cómo ser John Malkovich', el maestro Lynch o Tarkovski son algunas de las muchas referencias que agita este cóctel visual, un «escape room» infinito que coge la mano del espectador y lo pasea por una oficina interminable de paredes amarillas que angustian a cualquiera. Las habitaciones fantasmales, con o sin muebles, son espacios mentales, planos de existencia, mundos paralelos o interdimensionales. Quizás un multiverso, eso que se lleva tanto. Saber exactamente qué estamos viendo es lo de menos.
Las sensaciones que provoca 'Backrooms' son lo verdaderamente importante, desde el momento en el cual convierte la cámara en nuestra mirada y nos hace viajar por lugares extraños, con un atmósfera perturbadora. Quién no ha soñado alguna vez con atravesar muros y, como en un videojuego, ir de cuarto en cuarto, de casa en casa, pasando pantallas en una partida sin fin. La arquitectura deviene una pesadilla infernal de la que es difícil escapar. No sabes hacia dónde vas y quizás no llegues a ningún lugar.
'Backrooms' se nutre también del fenómeno creepypasta y la viralidad en Internet: la propagación de mitos que van creciendo en las redes sociales, de blog en blog, de video en video. Hay canales de YouTube con un alto número de seguidores especializados en difundir este tipo de fábulas macabras que se apoyan generalmente en supuestos hechos reales, rumores documentados con el móvil o que corren de boca en boca de manera exagerada. Jeremy Cox es el responsable de la fotografía del filme. Habitual de Oz Perkins, deja claramente su pronta estética, como en las incomprendidas 'Keeper' o 'The Monkey'. La atmósfera cumple con creces con el objetivo de incomodar a la audiencia, sin sustos por sorpresa ni ningún recurso efectista, salvo el poderío visual de una idea aparentemente sencilla que se retuerce inteligentemente. Hay cierta reivindicación de las texturas analógicas, de la fisicidad, sin exprimir necesariamente un CGI que perturbe el ambiente. Todo se siente real, posible e inquietante. También hay algo de Los Sims y Second Life, mucha tela que cortar, en un divertimento insano que patina cuando el lenguaje cinematográfico se torna convencional.
Ya existe un etiqueta para definir propuestas como 'Backrooms': terror liminal. Ocurre en lugares vacíos o abandonados que nos remiten, irremediablemente, a la misma muerte. 'Exit 8', 'Vivarium' o 'Skinamarink' se mueven en esta corriente que será exprimida a conciencia. Los pasillos del Hotel Overlook de 'El resplandor' ya iban por ahí. Bravo por Parsons, de insultante juventud. Ha sabido fusionar en su ópera prima (casi) todo Internet, un mundo virtual pesadillesco que atrapa sin remedio, rehuyendo de la necesidad de dar respuestas a lo que observamos. En alguna entrevista el precoz cineasta ha comentado que quiere apuntarse a una escuela de cine. Mejor no. Vamos a dejarlo así, sin contaminaciones. No cabe la menor duda de que algunos nombres de los títulos de crédito se han volcado en potenciar las virtudes de este llamativo debutante, lo que viene a ser el arte cinematográfico, un trabajo en equipo. Hay esperanza.
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