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Bad-bunnizados

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Animales de compañía

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Juan Manuel De Prada

12/06/2026 a las 10:06h.

Siempre me ha llamado la atención la sumisión risueña con la que mucha gente abraza hipótesis científicas altamente especulativas como la llamada 'evolución de las ... especies' y, en cambio, se resiste a aceptar evidencias de fácil comprobación empírica como la involución de la especie humana. Una prueba palmaria de esta involución de la especie nos la brinda el éxito multitudinario de los conciertos celebrados en España por el homínido llamado Bad Bunny, que ha congregado hordas alienadas en los estadios y ditirambos unánimes entre toda la chusma folicularia sistémica.

La música pop se convierte en un instrumento de colonización más agresivo que los ejércitos

Por supuesto, la apoteosis del homínido llamado Bad Bunny y otros personajillos semejantes no se trata de una mera 'moda'. En realidad, todas las 'modas' impuestas por la música pop de matriz anglosajona forman parte de la misma agresión contra el sustrato anímico de los pueblos, que de este modo pierden su arraigo espiritual y se rinden a una colonización mucho más devastadora que el mero expolio del territorio, que es el expolio de las almas. Todo esto lo analizaba con clarividencia Theodor W. Adorno en su ensayo Sobre la música popular, donde probaba que la música pop no es otra cosa sino una herramienta del imperialismo para desplazar la música popular auténtica (la música ligada a la historia real de las comunidades, a sus gozos y sufrimientos, a sus devociones y anhelos) e imponer ritmos estandarizados que convierten a las gentes en dóciles engranajes del capitalismo global. Adorno consideraba que este tipo de 'consumo musical' acababa creando una «audiencia regresiva», cada vez más reacia al esfuerzo intelectual, cada vez más alienada y sumida en la cárcel gustosa de los ritmos machacones y estandarizados. Y denunciaba que la sustitución de la música auténticamente popular por estos subproductos industriales, además de destruir las especificidades culturales, imponía entre los pueblos colonizados una actitud sumisa y conformista. De este modo, la música pop se convierte en un instrumento de colonización más agresivo que los ejércitos, pues logra la asunción voluntaria de la dominación de forma mucho más eficaz e indolora. En este sentido, resulta muy revelador que la izquierda sistémica, con todas sus variantes caniches, muestre –en el delirio de la abyección cipaya– su fervor hacia el homínido llamado Bad Bunny, a quien presentan como un detractor del fantoche Trump, por «cantar en español». Pero la jerga en la que canta el homínido nada tiene que ver con nuestra lengua; se trata más bien de una parodia denigrante, una farfulla de tarado o drogota, de sintaxis oligofrénica y dicción grimosa, regada de anglicismos eméticos e interjecciones de primate. El 'español' de Bad Bunny es el propio de un yanqui que quisiera escarnecer a los pueblos hispánicos, presentándolos como monos con satiriasis y despoblamiento neuronal.

Para que guste esa música hace falta, desde luego, ser un lacayo servil y arrastrado. Pero, mucho peor todavía, hace falta estar íntimamente arrasado, hace falta haber sido previamente 'desalmado' y convertido en papilla homínida. ¡Vuestros hermanos el gorila, el sapo y el paramecio os dan la bienvenida en el tobogán de la involución de la especie, bad-bunnizados!

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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