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Ábalos en los espejos del Callejón del Gato: el esperpento del juicio al 'caso Koldo' en la recta final con la duda de si tirará de la manta

Ábalos en los espejos del Callejón del Gato: el esperpento del juicio al 'caso Koldo' en la recta final con la duda de si tirará de la manta
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El exministro de Transportes pasó de la incredulidad al aburrimiento y de la indignación al enfado durante las declaraciones de Aldama y Koldo. Al concluir la declaración del exasesor, el abogado de Ábalos dijo que su cliente no se encontraba "en condiciones de iniciar un interrogatorio". Más información: El 'rollo' entre Koldo y Pardo de Vera y el 'sexapil' de Ábalos para María Jesús Montero: la crónica rosa de Aldama en el Supremo.

José Luis Ábalos testificará el lunes ante los magistrados del Tribunal Supremo, en lo que supone la recta final del juicio al 'caso Koldo'. E. E.

PolíticaÁbalos en los espejos del Callejón del Gato: el esperpento del juicio al 'caso Koldo' en la recta final con la duda de si tirará de la manta

El exministro de Transportes pasó de la incredulidad al aburrimiento y de la indignación al enfado durante las declaraciones de Aldama y Koldo.

Al concluir la declaración del exasesor, el abogado de Ábalos dijo que su cliente no se encontraba "en condiciones de iniciar un interrogatorio".

Más información: El 'rollo' entre Koldo y Pardo de Vera y el 'sexapil' de Ábalos para María Jesús Montero: la crónica rosa de Aldama en el Supremo.

Publicada 3 mayo 2026 02:39h Las claves

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Valle-Inclán describía que el sentido trágico de la vida sólo podía darse con una estética sistemáticamente deformada, y que los espejos cóncavos del Callejón del Gato en los que se reflejaban las figuras de los héroes clásicos eran los que devolvían la imagen desfigurada de aquella España del esperpento.

Al escritor también le gustaba decir que había tres formas de ver al héroe: desde abajo, con admiración; de 'tú a tú', como en Shakespeare; o desde arriba, como si los personajes fueran muñecos o peleles.

El juicio del caso Koldo, que este lunes entra en su recta final con la declaración de José Luis Ábalos, ejemplifica esa idea de nación deformada vista desde arriba o, si se prefiere, por televisión, donde los dioses, o los ministros que se creían dioses, se convierten en personajes de sainete.

Tomás Serrano

Ábalos tiene mucho de héroe clásico, pero su heroísmo no se mide según sus virtudes sino en base a la magnitud de su caída en desgracia. Representa a aquella España que no es más que una "deformación grotesca de la civilización europea"; un cruce entre Guzmán de Alfarache, el pícaro Lazarillo o el Diablo Cojuelo.

El miércoles, mientras Koldo trastabillaba y se hacía el sueco frente a los siete magistrados del Tribunal Supremo y su abogada excusaba su torpeza argumentando que "no sabe expresarse", el rostro del exministro de Transportes no paraba de mutar hacia expresiones de hastío, de negación, de aburrimiento, de indignación o de enfado.

Estaba cansado. Al fin y al cabo, los pasajes más vergonzantes de su vida personal habían sido descritos con todo lujo de detalles. Sabía que él, el otrora todopoderoso ministro de Transportes, había quedado reducido a ojos de la opinión pública a un mero putero y un mangante; un adúltero de bragueta caprichosa al que Koldo, su Leporello, tenía que satisfacer cuando se ponía nervioso.

Así lo describió Aldama. Durante uno de sus viajes de negocios a Polanco, en Ciudad de México, Koldo se le acercó y le dijo que había que "organizarle algo al jefe". Así se referían a Ábalos: 'El Jefe'. "¿Cómo que organizar?", le preguntó el comisionista. "Pues que hay que buscarle unas señoritas". Fue la "primera y última vez" que el empresario le pagó una.

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Narró Aldama cómo en otra ocasión el ministro le pidió a Koldo que le buscara un piso de alquiler a su amante, Jésica Rodríguez. Este le llamó, y él le consiguió una 'casita de novios' en la Torre de Madrid, corazón de Plaza de España. Los 2.900 € de mensualidad corrieron a cargo de Alberto Escolano, socio y amigo del empresario.

Pero Jésica daba problemas. Aldama y Koldo estaban hartos de ella. No podían dejar de pagarle el piso porque, según el primero, ella guardaba algún vídeo o colección de fotografías con las que tenía "cogido por los huevos" al ministro.

"¿El chantaje de Jésica era 'o me pagáis el piso o saco a la luz pública la relación con Ábalos y las fotos que tengo?'", le preguntó la abogada de Koldo, Leticia de la Hoz, a su defendido este jueves.

Se hizo el silencio. Ábalos guardó la compostura, pero se sentía visiblemente incómodo. Cuando hablan de los demás tiende a reírse, a negar con la cabeza, lleva al rostro alguna mueca de disgusto; vaya, que le sale la teatralidad de la que vive el político.

Koldo García durante su declaración en el Supremo. E. E.

Sin embargo, cuando se trata de su vida personal se tensa, se cruza de brazos, baja la cabeza, se hace chiquito. La importancia del lenguaje no verbal.

"Sí", expresa Koldo tras su barba de anacoreta sin dar más datos. De la Hoz insiste: "¿Ese es el motivo por el que se decidió pagar la vivienda de Plaza de España?". "Sí", repite el asesor. "Yo lo que quería era que dejara en paz a Ábalos". Koldo, el parapeto, el salvador, el perro guardián, el lacayo leal.

Cuando la cosa no va con él, decíamos, Ábalos se relaja. Por ejemplo, cuando Aldama narra que Koldo le había sugerido estar liado con Isabel Pardo de Vera. "Tenía una relación excelente. Rozando, por lo que a mí me dio a entender, que eran pareja en un momento dado".

Se desternillaban los acusados como cuando dos amigos se confiesan el chascarrillo de aquella noche de parranda. Su reacción era especialmente esperpéntica al contrastarla con el rostro pétreo de las dos agentes de la Policía Nacional que los escoltaban y los miraban de reojo.

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No les hizo tanta gracia cuando Aldama afirmó que Koldo había insinuado que a María Jesús Montero "se le hacía el coño agua" al hablar con el exministro.

De hecho, su indignación fue contenida y hasta la letrada de Ábalos se tapó la cara aturdida por el nivel de chabacanería. "¿Qué necesidad?", parecía preguntarse.

Las risotadas del dúo del banquillo

Hay momentos en los que Ábalos parece que se queda dormido, pero luego abre los ojos, se pasa la mano por la cabeza, musita algo al cuello de su camisa o suelta una carcajada ante las descaradas bromas de Koldo "el tosco".

Como cuando la abogada de su lugarteniente le recuerda que ha cobrado una indemnización por atropellar a un jabalí y él, iluminado, suelta aquello de "bueno, el jabalí me atropelló a mí".

El miércoles, durante la testificación de Aldama, Koldo y Ábalos demostraron una confraternidad especial, lo que sugiere que las estrategias de defensa se han alineado para negarlo todo.

Su camaradería se vio reflejada cuando el comisionista relató que Koldo le presentó a Pedro Sánchez en un mitin del PSOE. "El presidente me dice: 'Muchas gracias por todo. Sé perfectamente lo que estás haciendo'".

Koldo García y José Luis Ábalos ríen cuando Aldama asegura que el asesor del exministro le confesó que tenía algún tipo de relación con Isabel Pardo de Vera, expresidenta de Adif.

Koldo responde a la declaración con la boca abierta. Se gira, incrédulo, hacia José Luis Ábalos, que lleva sus gafas de leer y toma unas notas en un cuaderno naranja. El exministro le devuelve la mirada. Se ríe, seguro de sí mismo, mientras el primero escenifica su enojo echándose la mano a la cabeza.

La reacción es similar cuando Aldama afirma que Koldo tenía una relación de confianza con Sánchez. Hasta el punto de llamarle por teléfono y bromear con él espetándole un 'a que te arranco la cabeza'.

De nuevo, el esperpento. Si es mentira, y Aldama tiene mucho que perder en el juicio si cae en el fango del embuste, el comisionista estaría tomando por estúpidos a los magistrados; si es verdad, la imagen del portero de prostíbulo tomándose tal licencia con el presidente de España haría que la elegancia de Luces de bohemia degenerase en la vulgaridad de Torrente.

Cuenta Aldama que Koldo le dijo: "Si el presidente me dice que tengo que llamarle presidente, me voy del partido. Él me debe mucho y sabe por qué". De nuevo, el dúo del banquillo resta credibilidad al testimonio con una risotada.

Ábalos y Koldo, durante el el juicio en el Tribunal Supremo.

Todo parece apuntar a que el lunes Ábalos negará cualquier responsabilidad de Pedro Sánchez, alias "el uno", en la trama. También de su esposa, Begoña Gómez.

Esto se deduce tras ver cómo el exministro adoptó una reacción similar cuando Aldama mencionó que, en 2019, él registró una oferta por el complejo urbanístico de Campos Velázquez y, meses después, Koldo le advirtió que había que retirarla porque "la señora Gómez había dicho que lo quería para ella".

Pero hay un episodio grotesco más que Ábalos tendrá que explicar o desmentir el lunes.

Se trata de cuando Aldama confiesa que subía al despacho del ministro por un ascensor cargado con una mochila de Montblanc llena de sobres con fajos de billetes. Cuando eran demasiados –puso hasta una cifra, 250.000€– los llevaba a su piso de El Viso en bolsas del Carrefour.

Apenas reaccionó Ábalos con una sonrisa forzada mientras el empresario lo describía como un gánster de Uno de los nuestros o de Los Soprano: el ministro, narra Aldama, cogía el dinero y lo introducía en los cajones de la mesa de su despacho sin siquiera contar los fajos.

Aldama sugiere que ese dinero habría servido para financiar ilegalmente el PSOE.

Tirar de la manta

Hacia el final del juicio, hubo un momento cargado de simbolismo que sólo podía verse desde la bancada reservada para los periodistas.

Sentado en el banquillo de los acusados, Aldama miraba hacia la lámpara de araña del salón de plenos. Con el fondo carmesí de la tapicería, el reflejo de las bombillas sobre sus ojos y la cruz plateada que brillaba colgada de su ojal parecía San Pedro pintado por El Greco.

A su izquierda, escoltado por dos agentes de la Policía Nacional, Ábalos portaba el semblante sufridor de una pintura negra de Goya.

Tenía el cuerpo encorvado hacia adelante; la mano, cerrada en un puño, se hundía sobre su pómulo derecho y le despertaba decenas de arrugas en la sien; los ojos, entrecerrados.

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Era la viva imagen de un hombre cansado.

Por eso, hacia las seis de la tarde, cuando el fiscal Alejandro Luzón le preguntó al abogado del exministro, Marino Turiel, si su defendido estaba en condiciones de declarar, este dijo que había consultado con "el señor Ábalos" y que no se encontraba "en condiciones de iniciar un interrogatorio".

Era tarde. Estaba exhausto.

Koldo volvió al banquillo. No hubo abrazo. No hubo palmada en la espalda. Sólo se miraron. Se regalaron una leve sonrisa. ¿De complicidad o de aceptación del destino fatal que los espera?

El lunes España sabrá si José Luis Ábalos, el héroe trágico de este relato, el ministro de Transportes reducido a cliché del esperpento, se guarda un as en la manga.

Sólo él, "el número dos" de la "organización criminal", en palabras de Víctor de Aldama, puede despejar las grandes incógnitas del caso Koldo.

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