Los 24 años de condena por lucrarse con las mascarillas en pandemia cierran el círculo que el exlugarteniente de Sánchez inauguró con su briosa defensa de la honorabilidad política ante Rajoy
Regala esta noticia Añádenos en Google Ábalos, aplaudido por Sánchez y la bancada del PSOE el día de la moción de censura. (Efe)Madrid
22/06/2026 Actualizado a las 14:24h.«Me juego la poca vida que me queda». Ni en su momento más crítico, ya encarcelado con vistas a no salir en breve y ... sentado en el banquillo bajo el intimidante artesonado del Supremo, renunció José Luis Ábalos a la retórica de campanillas de la que siempre se sirvió para hacer carrera, en el escenario de la vida política y en la trastienda de su tumultuosa peripecia personal. El exsecretario de Organización del PSOE y en su día todopoderoso ministro de Transportes, con un multimillonario presupuesto para manejar, cimentó sobre esas ocho lastimeras palabras su alegato final ante Andrés Martínez-Arrieta y el resto de togados que lo juzgaban por el 'caso mascarillas'. Por haberse presuntamente enriquecido en lo peor de la pandemia con la angustia social. Él, el lugarteniente de Pedro Sánchez que enarboló en nombre de su jefe y del PSOE la bandera de la honorabilidad política en el enfebrecido Congreso de hace ocho años que acabó votando el desalojo de Mariano Rajoy de La Moncloa por la sentencia de la 'trama Gürtel'. La Audiencia Nacional abrió aquel ciclo y el Supremo ha enviado este tórrido lunes nada menos que 24 años a la cárcel a un Ábalos cuya estrepitosa caída nutre la sensación ambiental de final de época.
Las expresiones bruñidas que Ábalos lanzó al aire, también, ante la nube de periodistas que lo escucharon pasarse del PSOE al Grupo Mixto en febrero de 2024, cuando ya había sido detenido su hombretón para todo, Koldo García, y hoy colega de celda y él se aferraba al fuero -y al dinero- del escaño ante la corrupción que ya cundía a su alededor como una imparable mancha de aceite. Fue ese el día en que se dolió, campanudo siempre, de que estaba solo, de que le habían dejado solo después de todo lo hecho por el PSOE y por Sánchez -recorrerse las agrupaciones en el ya celebérrimo Peugeot de las primarias de 2017-, de que por no tener, no tenía ya ni secretaria; esas alusiones pretendidamente galantes que, unido a su consumo de la prostitución y a la colocación de «amigas» en empleos públicos, han sumido en el bochorno al feminismo socialista. Este acalorado junio de 2026, Ábalos ha podido comprobar de la peor manera para sus intereses cómo su hábil palabrería y su errática defensa no le han valido en un teatro que es distinto a cualquier otro. El Supremo que no solo ha considerado acreditados los delitos atribuidos, sino especialmente gravoso el destrozo provocado en la confianza ciudadana en la arquitectura democrática del Estado y la obligada necesidad de que sus responsables institucionales y partidarios tengan los bolsillos de cristal.
En actualización Los periodistas de este diario están trabajando para ampliar y completar esta información comentarios Reportar un error