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Ábalos y Koldo: el desafío titánico de darle la vuelta a diez días de juicio adverso

Ábalos y Koldo: el desafío titánico de darle la vuelta a diez días de juicio adverso
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Los dos principales acusados afrontan sus declaraciones tras un aluvión de testimonios y periciales que han reforzado la versión de De Aldama y dejado a las defensas sin margen de reacción
Ábalos y Koldo: el desafío titánico de darle la vuelta a diez días de juicio adverso

Los dos principales acusados afrontan sus declaraciones tras un aluvión de testimonios y periciales que han reforzado la versión de De Aldama y dejado a las defensas sin margen de reacción

Regala esta noticia José Luis Ábalos y Koldo García durante la declaración de los agentes de la UCO este lunes. (Efe)

Melchor Sáiz-Pardo

28/04/2026 Actualizado a las 14:44h.

La escena recuerda a esas remontadas imposibles que solo existen en la épica deportiva. Un diez a cero en contra, en campo rival, con el ... marcador casi sentenciado antes siquiera de que llegue el turno de los protagonistas. Así encaran José Luis Ábalos y Koldo García su declaración a partir de este miércoles en el Tribunal Supremo: obligados a revertir en solo unas horas diez días de juicio marcados por un relato abrumadoramente adverso y en el que incluso parte de los jugadores de tu propio equipo han marcado goles en propia puerta.

Los dos delanteros imputados salen al campo con el público del estadio todavía con la imagen en la retina de la maratoniana declaración, este lunes, de los especialistas de la Unidad Central Operativa (UCO). Más de 14 horas de intervención, prolongadas hasta la madrugada del martes, en las que una decena de agentes, encabezados por el teniente coronel Antonio Balas, desplegaron un relato minucioso que apuntaló todos los flancos de la acusación: las cuentas, las adjudicaciones, los pagos en efectivo, la vida personal disoluta y la supuesta subordinación a De Aldama a cambio de dinero y buena vida.

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    • Víctor Ábalos como principal excepción— han tratado de sostener la defensa.

      El hijo del exministro, de hecho, ofreció uno de los pocos balones de oxígeno de que han disfrutado los imputados. Negó tajantemente ser testaferro de su padre —«No soy el custodio de nada ni de nadie»— y aseguró que el dinero que le entregó procedía de sus propios ahorros, una suerte de respuesta de solidaridad familiar ante la «lamentable situación económica» del exdirigente socialista tras su divorcio. Pero su testimonio quedó aislado en un contexto general claramente adverso.

      Ni siquiera los testigos más cercanos han logrado aliviar la presión. La exsecretaria de Ábalos certificó la presencia habitual de De Aldama en el ministerio, incluso en «reuniones oficiales», mientras que su expareja, Jésica Rodríguez, desgranó uno de los relatos más comprometedores. «José Luis Ábalos estaba al tanto de todo», afirmó, admitiendo además que cobró de empresas públicas sin trabajar y que el exministro conocía su situación.

      Su declaración no solo apuntaló la tesis de los enchufes, sino también la de las contraprestaciones. La propia UCO fue aún más lejos al sostener que la vivienda de lujo que ocupó la joven era, en realidad, una «mordida» y que Ábalos era «plenamente consciente» de ello.

      Pero si hubo un testimonio especialmente dañino fue el de Isabel Pardo de Vera. La expresidenta de Adif dibujó un escenario en el que De Aldama se movía «como Pedro por su casa» por el Ministerio de Transportes, hasta el punto de encontrárselo en el propio despacho del ministro. «Me extrañaba que una persona que no pertenecía al ministerio estuviera allí», declaró, desmontando la versión de que entre ambos -ministro y conseguidor- existía un vínculo meramente superficial.

      Esa línea fue corroborada por otros testigos clave, incluidos responsables de seguridad y personal de Transportes, que coincidieron en señalar la presencia constante del comisionista. «Tenía acceso permanente al ministerio sin que nadie le dijese nada», llegó a afirmar uno de ellos.

      Pardo de Vera dibujó un escenario en el que Aldama se movía «como Pedro por su casa» por Transportes

      En el ámbito de la contratación, los testimonios tampoco han favorecido a los acusados. El exsubsecretario del departamento ministerial reconoció que «no se miraron otras ofertas» en la adjudicación de mascarillas, mientras que otros responsables apuntaron a decisiones rápidas, concentradas y sin competencia real.

      Incluso los testigos que han tratado de suavizar las evidencias han quedado bajo sospecha. Es el caso del empresario Javier Hidalgo, quien negó pagos o dádivas —«En ningún momento»—, pero que acabó admitiendo que De Aldama actuaba como «canal de comunicación con los diferentes ministerios», reforzando indirectamente la idea de su influencia.

      Narrativa ya consolidada

      El resultado es un juicio que, a estas alturas, presenta una tendencia clara. La mayoría de los testimonios han avalado, al menos parcialmente, la versión de De Aldama. Y lo han hecho sin que las defensas hayan podido desmontar ese relato durante la fase testifical y pericial.

      Ese es el verdadero problema al que se enfrentan ahora Ábalos y Koldo: no solo deben defenderse, sino revertir esa narrativa ya consolidada. Una tarea que, en términos procesales, equivale a intentar cambiar el signo un partido con todo en contra.

      Además, lo hacen con el desgaste acumulado de jornadas en las que han visto cómo incluso aspectos personales —la «vida disoluta», según los investigadores— eran incorporados al relato incriminatorio, reforzando la idea de un entramado sostenido en el tiempo.

      La mayoría de los testimonios han avalado, al menos parcialmente, la versión de De Aldama

      Frente a ello, De Aldama llega a su turno en una posición radicalmente distinta. Ha escuchado todas las acusaciones, ha visto cómo muchos testigos respaldaban su descripción de los hechos y afronta su declaración con el terreno allanado. Más que construir un relato, deberá solo desarrollarlo en una sala que espera ávida nuevas revelaciones del supuesto arrepentido, que juega en casa y con el calor (figurado) de la afición. El empresario cuenta, por añadidura o sobre todo, con el escudo de su pacto con la Fiscalía: él duerme en casa, a diferencia de sus encarcelados compañeros de baquillo, y 'solo' le piden siete años por los 24 para el exministro y los 19 y medio para quien fue su asesor.

      En este contexto, la comparecencia de Ábalos y Koldo se presenta como un intento desesperado de alterar la inercia del juicio. Una remontada contra reloj, en campo contrario y con un abultadísimo marcador a favor en el que los goles, además, los han marcado 'estrellas' como el teniente coronel Balas. Un desafío titánico que, a la vista de lo ocurrido en estos diez días, se antoja más cercano a la épica de las películas de serie B que a la realidad judicial.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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