Viernes, 09 de enero de 2026 Vie 09/01/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Baltasar y el espejo deformado

Baltasar y el espejo deformado
Artículo Completo 1,031 palabras

Ampliar

LA TRIBUNA Baltasar y el espejo deformado

Luis Medina-Montoya Hellgren

EXPERTO EN SOSTENIBILIDAD

Jueves, 8 de enero 2026, 01:00

... hasta que alguien decidió importarlo desde otros contextos culturales y convertirlo en una supuesta polémica mediática. Me refiero, por supuesto, a la discusión sobre la representación del Rey Baltasar y al intento de interpretar nuestras tradiciones navideñas bajo la lente del concepto anglosajón de 'blackface'.

Resulta, por eso, especialmente llamativo que desde ciertos ámbitos mediáticos se intente reinterpretar esa realidad utilizando un lenguaje importado: 'row', 'blackface', 'outrage'... términos que describen procesos históricos que no son los nuestros, pero que de pronto parecen explicar todo lo que aquí sucede. Esa operación cultural no es inocente: al reformular nuestras tradiciones con conceptos ajenos, se introduce la sospecha donde nunca la hubo, se proyecta culpa donde no existía y se intenta forzar a la sociedad andaluza a posicionarse en un terreno que no le pertenece. Esta forma de fabricar polémicas tiene, además, un efecto perverso: convierte en 'conflicto social' lo que no pasa de ser una discusión artificial alimentada desde fuera. Se da voz a actores externos, se amplifican reacciones minoritarias o marginales, y se presenta todo ello como si hubiera una indignación generalizada que, sencillamente, no existe. Basta hablar con la gente de a pie, con las familias que acuden a las cabalgatas, con quienes organizan estos eventos en barrios y municipios, para comprobar que la enorme mayoría vive esta tradición con normalidad, afecto y orgullo.

Y aquí conviene detenerse también en el papel de ciertos medios de comunicación que, lejos de contribuir a la serenidad y a la contextualización, se hacen eco de estas 'controversias importadas' desde una perspectiva puramente política. En lugar de analizar con rigor si existe realmente un problema social de fondo, convierten cualquier chispa en un instrumento de desgaste, un pretexto más para atacar o defender gobiernos, siglas o personas.

Esa lógica de trincheras no solo no aporta claridad, sino que intensifica la polarización y erosiona la convivencia. Se sacrifica la concordia, que debería ser una aspiración mínima, especialmente en estas fechas, a cambio de unos titulares rápidos y una polémica que dura 48 horas, pero deja posos de desconfianza y división. Resulta paradójico que, apenas días después de desearnos paz, unidad y buenos propósitos por Navidad, algunos se esfuercen en reabrir debates artificiales que nada suman al bien común.

Por eso, lejos de incomodarme, me alegra que el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, haya dado un paso al frente y haya contribuido a poner fin a esta deriva de 'correctismo automático' que, en nombre de una supuesta sensibilidad superior, termina siendo profundamente desarraigada. No se trata de defender una postura por mero gesto político, sino de reivindicar algo más profundo: la legitimidad de nuestras tradiciones y nuestra capacidad para interpretarlas desde nuestra propia historia y no desde marcos ideológicos importados.

Algunos sostienen que la única forma correcta de representar a Baltasar es que lo encarne una persona negra, aunque no tenga vínculo alguno con la tradición cristiana, aunque ni siquiera comprenda su significado simbólico, aunque su presencia esté motivada exclusivamente por cubrir una cuota de corrección cultural. Yo, sinceramente, no lo comparto. Prefiero, como creo que muchos andaluces prefieren, a una persona que vive la representación desde dentro, que entiende su sentido religioso y festivo, que participa en ella con devoción y responsabilidad, y que lo hace sabiendo que su papel conecta con la emoción de miles de niños.

Forzar lo contrario, imponerlo casi como una obligación moral importada, no solo desnaturaliza la tradición, sino que presupone que nuestra sociedad es incapaz de distinguir entre burla y símbolo, entre caricatura y representación. Y eso, además de injusto, es profundamente condescendiente. No debemos aceptar que se nos explique desde fuera cómo debemos sentirnos, qué debemos interpretar o qué debemos considerar ofensivo. Menos aun cuando quienes tratan de hacerlo lo hacen desde el peso de su propia historia, desde culpas que no son las nuestras y desde categorías que no describen nuestra experiencia colectiva.

Esto no significa cerrar los ojos al diálogo cultural ni negar que toda tradición puede y debe ser revisada con el paso del tiempo. Pero la revisión auténtica nace de dentro, del sentir social, del debate sereno entre quienes comparten un marco cultural común. No de campañas mediáticas que buscan construir polémicas donde no las hay, ni de análisis apresurados que se limitan a encajar nuestra realidad en esquemas ideológicos prefabricados. Aceptar sin resistencia esos marcos importados nos conduce a algo peor que una discusión puntual: nos lleva a dudar de nosotros mismos. A desconfiar de nuestras tradiciones. A creer que solo somos legítimos cuando otros, desde fuera, nos otorgan permiso para serlo. Y no es así.

La concordia, esa palabra que tanto repetimos en Navidad y que tan poco practicamos el resto del año, exige prudencia, respeto y sentido común. Exige no fabricar debates estériles, no encender fuegos simbólicos donde nunca hubo llamas, y no utilizar nuestras tradiciones como 'munición política'. Andalucía no necesita que nadie la eduque desde fuera sobre su historia ni sobre sus símbolos. Nos conocemos bien. Sabemos lo que somos. Y también sabemos cuándo un debate no es más que ruido importado.

Y este, sin duda, lo es.

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Sesión cerrada

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

Iniciar sesión Más información

¿Tienes una suscripción? Inicia sesión

Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir