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Bielsa en el laberintoEl técnico de Rosario no consigue levantar a Uruguay, una selección con problemas, incapaz de ofrecer en el campo el estilo de juego que él le propone
Regala esta noticia Añádenos en Google Bielsa transmite instrucciones en una pausa de hidratación. (REUTERS) 23/06/2026 Actualizado a las 19:28h.Queda lejos aquel arranque espectacular de Marcelo Bielsa al frente de la selección de Uruguay en el otoño de 2023 con aquellas victorias ante Brasil ... y, sobre todo, ante Argentina en La Bombonera. Queda lejos este párrafo de 'El País', el principal periódico de Montevideo. «El Uruguay de Marcelo Bielsa no sólo es un deleite a los ojos en cada partido, sino que además logra los resultados, y a la vista están los números del entrenador al frente de la selección. Es que, desde la llegada de rosarino de 68 años a la conducción de la Celeste, todo cambió. Atrás quedó el Mundial de Catar 2022 y la ilusión se renovó de cara a la Copa del Mundo 2026». Menos de tres años después, precisamente en esa Copa del Mundo que se veía como una bella oportunidad en el horizonte, la historia se escribe a la inversa. Así se despachaba el lunes en su crónica el diario 'El Observador' tras el empate a dos de los charrúas ante Cabo Verde. «Uruguay fue la sucursal del infierno, el desmoronamiento de una ilusión falsa y el imperio de lo efímero».
No tuvo suerte la Celeste en aquel partido disputado en Charlotte (Carolina del Norte). Perdió a Betancur por lesión en el minuto 35 y, en un toma y daca trepidante, no acertó en sus ocasiones. En una de las más claras, Luis Suárez, que salió en la segunda parte, mandó un balón al poste. El caso es que Uruguay tuvo que resignarse a jugar el partido por el tercer y cuarto puesto, donde se impuso a Canadá a los penaltis. En principio, no había razones para pensar que aquella decepción podía suponer algo más que una gran ilusión perdida. Pero sí las había. Lo que ocurre es que estaban escondidas: la relación de varios jugadores con su seleccionador se había deteriorado. Un mar de fondo peligroso comenzaba a alterar el vestuario de la cuádruple campeona del mundo.
Cinco meses después de aquella Copa América, Uruguay estalló con unas declaraciones incendiarias de Luis Suárez contra Bielsa. Le acusaba, básicamente, de maltrato a los futbolistas. Las palabras del exjugador del Barça, entonces en el Inter de Miami y suplente con su selección, fueron ventajistas e inoportunas. Las hizo cuando, ya en los primeros partidos de clasificación para el Mundial 2026, sus compañeros entraron en una crisis de resultados con tres empates a cero contra Paraguay, Venezuela y Ecuador, y una derrota contra Perú. Ahora bien, nadie discute que evidenciaban el deterioro que se vivía en ese vestuario.
No había la armonía necesaria con el entrenador; un técnico muy peculiar, visionario, genial y obsesivo en su trabajo, un hombre que vive en su mundo, que habla desde la distancia, como dicen muchos jugadores que ha tenido a su mando, y cuya exigencia es enorme. Pocos entrenadores enseñan más a un jugador que Bielsa, pero pocos le desgastan tanto. Él mismo no ha dudado en definirse como «una persona tóxica». Y en el plantel de una selección grande como la uruguaya la convivencia puede acabar siendo muy problemática si los resultados no acompañan y atemperan las hostilidades internas. Y esto es lo que empezó a pasar en la Celeste, que fue perdiendo brillo y acabó certificando la clasificación para el Mundial en la última jornada con una victoria ante Perú en el estadio del Centenario. Coincidiendo con todo ello, la conversación sobre Marcelo Bielsa comenzó a girar mucho más sobre sus extravagancias que sobre su aportación al fútbol. A nadie se le ocurrió, por ejemplo, destacar la manera en que el estilo de fútbol del rosarino -presión alta agobiante, ritmo frenético, ataques en manada y marcajes individuales- impregnó el inolvidable duelo entre el PSG y el Bayern en el Parque de los Príncipes.
Fin de ciclo
Las grandes ilusiones creadas en el primer año de Bielsa se desvanecieron sin remedio. Uruguay estaba lejos de poder aspirar a algo realmente grande en el Mundial 2026. En realidad, pensaron muchos, el equipo no daba para tanto como había aparecido en aquellos primeros meses locos con el 'Loco' en los que hasta la pérdida de Cavani y la decadencia de Luis Suárez parecieron un problema menor. Era un buen equipo, sin duda, pero con escaso fondo de armario y una falta de gol preocupante. Darwin Núñez, el delantero llamado a sustituir a Forlán, Cavani y Luis Suárez, lleva desde 2024 sin marcar con su selección y, con sólo 26 años, ha pasado de jugar en el Liverpool a hacerlo en el Al-Hilal. Con eso está dicho todo.
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