El 21 de marzo de 2026, Charly Alberti y Zeta Bosio subieron al Movistar Arena de Buenos Aires junto a pantallas que reproducían la voz y la guitarra del fallecido tercer vértice del triángulo Soda Stereo, Gustavo Cerati. En ellas se mostraban grabaciones previas del músico, y pretendían ir mucho más allá de un simple holograma. Una parte del público, desde redes sociales, no lo vio como algo tan revolucionario. Lo que acaba de ocurrir con Soda Stereo es un capítulo más (eso sí, uno especialmente revelador) de la industrialización del concierto póstumo.
El fantasma de Cerati. Se sabía cuándo y dónde volvía Soda Stereo, pero no se sabía cómo. El 29 de septiembre de 2025, el anuncio en redes fue escueto y deliberadamente ambiguo: "No es tributo. No es homenaje. No es película. Es Soda, en vivo. Soda = Vanguardia". La promesa era que Gustavo Cerati, fallecido en 2014, estaría en el escenario, aunque la palabra "holograma" se evitó cuidadosamente en el anuncio. Lo que el público encontró el 21 de marzo en el Movistar Arena de Buenos Aires fue algo más sencillo y más complejo a la vez: pantallas, efectos de profundidad y las grabaciones de voz y guitarra que Cerati dejó en las giras de 1997 y de 2007.
Las cifras. La gira ya suma, antes de terminar su primera semana, más de 500.000 entradas vendidas y 33 fechas en América Latina y España, la última programada para el 24 de septiembre en Madrid. Lo que se puede ver en el espectáculo es, detrás de un telón semitransparente, la silueta de Cerati que va dando paso, canción a canción, a una presencia más nítida en las pantallas laterales: planos de las manos sobre la guitarra Jackson azul, imágenes de cuerpo entero... Un total de diecinueve canciones, con gafas 3D para dos de ellas.
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Reacción de los fans. La reacción en redes estuvo muy polarizada. Una parte del público quedó emocionada pero otra parte, la más ruidosa, calificó el espectáculo de "fraude" y "fantochada". El argumento para el rechazo, más que técnico, era emocional: "Cerati en vivo siempre te cambiaba algún arreglo, hacía chistes, hablaba con el público. Eso no es Cerati, no es en vivo, no tiene humanidad". señaló un usuario. "Cerati" y "fraude" se convertían en trending topics entre críticas de "la “proeza tecnológica” se normaliza al tercer tema. Y entonces no queda nada. Es una canción tras otra (a veces ni están en el escenario). Y el espectador siente como si estuviera viendo un DVD con otras 15mil personas".
Todo al milímetro. En la reseña que hizo La Nación del concierto, decía que el espectáculo "no es un recital. Es un show, calculado al milímetro, con un guión, sin posibilidades de espontaneidad ni improvisación". Y es algo que se puede aplicar a aquello en lo que se han convertido la mayoría de los grandes conciertos en vivo: cada gesto del artista, cada discurso entre canción y canción está guionizadísimos. Pero en el caso de Cerati, hasta momentos más espontáneos (hay un momento en el que saluda a los otros dos miembros con un "Hola, Zeta, Charly...") resultan especialmente artificiales, porque siempre se repetirán igual.
Precedentes fúnebres. No es la primera vez que la industria musical recurre a este tipo de recursos. Cuando en abril de 2012 la imagen de Tupac Shakur apareció en el escenario de Coachella junto a Snoop Dogg y Dr. Dre, los 90.000 asistentes se quedaron sin palabras. El vídeo acumuló 15 millones de visualizaciones en YouTube en 48 horas y las ventas del catálogo del rapero se dispararon. Técnicamente no era un holograma, sino un viejo truco procedente del ilusionismo del siglo XIX: una proyección en una pantalla frente al público que se conoce como Pepper's Ghost.
Desde entonces han pasado por los escenarios las versiones espectrales de Michael Jackson, Roy Orbison, Whitney Houston o Frank Zappa. Todos eran eventos aislados: la primera vez que se pensó en prolongarlo en el tiempo fue el espectáculo ABBA Voyage en 2022: una residencia permanente en Londres con un recinto de 3.000 plazas construido ex profeso para el show, con efectos de Industrial Light & Magic y con los cuatro miembros del grupo participando activamente en el proceso de captura de movimiento. ABBA Voyage facturó más de cien millones de libras solo en 2024.
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Algo más modesto. El show de Soda Stereo se inspira en el modelo de ABBA, pero en una versión reducida, ya que la tecnología empleada es significativamente más modesta. Hay una diferencia extra: ABBA Voyage funciona porque sus cuatro miembros decidieron conscientemente cómo querían ser representados. Con Soda Stereo, Cerati no tomó ninguna decisión sobre este proyecto. El consentimiento lo ejercen quien controla su imagen: Benito Cerati, hijo del músico, que ha defendido la iniciativa de Soda Stereo. El problema es que, según los fans, Cerati era conocido por exactamente lo opuesto a esto: la improvisación, el riesgo escénico y la imprevisibilidad siempre estaban presentes en sus conciertos.
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La noticia
Bienvenidos a la era del concierto sin artista: Soda Stereo vuelve proyectando a un músico que murió hace 12 años
fue publicada originalmente en
Xataka
por
John Tones
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Bienvenidos a la era del concierto sin artista: Soda Stereo vuelve proyectando a un músico que murió hace 12 años
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El 21 de marzo de 2026, Charly Alberti y Zeta Bosio subieron al Movistar Arena de Buenos Aires junto a pantallas que reproducían la voz y la guitarra del fallecido tercer vértice del triángulo Soda Stereo, Gustavo Cerati. En ellas se mostraban grabaciones previas del músico, y pretendían ir mucho más allá de un simple holograma. Una parte del público, desde redes sociales, no lo vio como algo tan revolucionario. Lo que acaba de ocurrir con Soda Stereo es un capítulo más (eso sí, uno especialmente revelador) de la industrialización del concierto póstumo.
El fantasma de Cerati. Se sabía cuándo y dónde volvía Soda Stereo, pero no se sabía cómo. El 29 de septiembre de 2025, el anuncio en redes fue escueto y deliberadamente ambiguo: "No es tributo. No es homenaje. No es película. Es Soda, en vivo. Soda = Vanguardia". La promesa era que Gustavo Cerati, fallecido en 2014, estaría en el escenario, aunque la palabra "holograma" se evitó cuidadosamente en el anuncio. Lo que el público encontró el 21 de marzo en el Movistar Arena de Buenos Aires fue algo más sencillo y más complejo a la vez: pantallas, efectos de profundidad y las grabaciones de voz y guitarra que Cerati dejó en las giras de 1997 y de 2007.
Las cifras. La gira ya suma, antes de terminar su primera semana, más de 500.000 entradas vendidas y 33 fechas en América Latina y España, la última programada para el 24 de septiembre en Madrid. Lo que se puede ver en el espectáculo es, detrás de un telón semitransparente, la silueta de Cerati que va dando paso, canción a canción, a una presencia más nítida en las pantallas laterales: planos de las manos sobre la guitarra Jackson azul, imágenes de cuerpo entero... Un total de diecinueve canciones, con gafas 3D para dos de ellas.
Reacción de los fans. La reacción en redes estuvo muy polarizada. Una parte del público quedó emocionada pero otra parte, la más ruidosa, calificó el espectáculo de "fraude" y "fantochada". El argumento para el rechazo, más que técnico, era emocional: "Cerati en vivo siempre te cambiaba algún arreglo, hacía chistes, hablaba con el público. Eso no es Cerati, no es en vivo, no tiene humanidad". señaló un usuario. "Cerati" y "fraude" se convertían en trending topics entre críticas de "la “proeza tecnológica” se normaliza al tercer tema. Y entonces no queda nada. Es una canción tras otra (a veces ni están en el escenario). Y el espectador siente como si estuviera viendo un DVD con otras 15mil personas".
Todo al milímetro. En la reseña que hizo La Nación del concierto, decía que el espectáculo "no es un recital. Es un show, calculado al milímetro, con un guión, sin posibilidades de espontaneidad ni improvisación". Y es algo que se puede aplicar a aquello en lo que se han convertido la mayoría de los grandes conciertos en vivo: cada gesto del artista, cada discurso entre canción y canción está guionizadísimos. Pero en el caso de Cerati, hasta momentos más espontáneos (hay un momento en el que saluda a los otros dos miembros con un "Hola, Zeta, Charly...") resultan especialmente artificiales, porque siempre se repetirán igual.
Precedentes fúnebres. No es la primera vez que la industria musical recurre a este tipo de recursos. Cuando en abril de 2012 la imagen de Tupac Shakur apareció en el escenario de Coachella junto a Snoop Dogg y Dr. Dre, los 90.000 asistentes se quedaron sin palabras. El vídeo acumuló 15 millones de visualizaciones en YouTube en 48 horas y las ventas del catálogo del rapero se dispararon. Técnicamente no era un holograma, sino un viejo truco procedente del ilusionismo del siglo XIX: una proyección en una pantalla frente al público que se conoce como Pepper's Ghost.
Desde entonces han pasado por los escenarios las versiones espectrales de Michael Jackson, Roy Orbison, Whitney Houston o Frank Zappa. Todos eran eventos aislados: la primera vez que se pensó en prolongarlo en el tiempo fue el espectáculo ABBA Voyage en 2022: una residencia permanente en Londres con un recinto de 3.000 plazas construido ex profeso para el show, con efectos de Industrial Light & Magic y con los cuatro miembros del grupo participando activamente en el proceso de captura de movimiento. ABBA Voyage facturó más de cien millones de libras solo en 2024.
Algo más modesto. El show de Soda Stereo se inspira en el modelo de ABBA, pero en una versión reducida, ya que la tecnología empleada es significativamente más modesta. Hay una diferencia extra: ABBA Voyage funciona porque sus cuatro miembros decidieron conscientemente cómo querían ser representados. Con Soda Stereo, Cerati no tomó ninguna decisión sobre este proyecto. El consentimiento lo ejercen quien controla su imagen: Benito Cerati, hijo del músico, que ha defendido la iniciativa de Soda Stereo. El problema es que, según los fans, Cerati era conocido por exactamente lo opuesto a esto: la improvisación, el riesgo escénico y la imprevisibilidad siempre estaban presentes en sus conciertos.