Protagoniza, junto a Carmen Machi, Rossy de Palma y Zoe Arnao, 'Día de caza', una suerte de secuela y revisión moderna de 'La caza' de Carlos Saura
Regala esta noticia Añádenos en Google Blanca Portillo, posando después de la entrevista. (Virginia Carrasco)Madrid
02/07/2026 a las 00:04h.Carlos Saura entusiasmó a la crítica internacional cuando presentó la desasosegante 'La caza' en 1966. Protagonizada por Ismael Merlo, Alfredo Mayo, José María Prada y ... un jovencísimo Emilio Gutiérrez Caba, la contundente cinta seguía los pasos de tres hombres de mediana edad que combatieron en el bando franquista durante la guerra civil española y que se reúnen en el coto de uno de ellos para cazar conejos. Agobiado por las deudas, su dueño, en realidad, ha organizado la cacería para pedirle a otro un préstamo. Sesenta años después, 'Día de caza', de Pedro Aguilera, toma como inspiración aquella obra maestra para desarrollar otra historia, esta vez con Blanca Portillo, Carmen Machi y Rossy de Palma y Zoe Arnao como protagonistas. Blanca ha organizado la jornada de caza porque necesita el aval de Rosa para lograr el pelotazo urbanístico que necesita. Hablamos con Blanca Portillo acerca de una historia tan claustrofóbica como asfixiante.
-Es que es una realidad y es una de las cosas que está ahí. Saura no podía hacer esta película con mujeres porque la realidad no era esa. La realidad era que son los hombres quienes, durante milenios, han detentado los lugares de poder y quienes han mandado, organizado y creado las estructuras. Ahora eso ya no es así. Ahora hay mujeres que están en posiciones de mucho poder económico, social, político, con lo cual, me parece muy inteligente por parte de Pedro decir: «Vamos a poner a cuatro mujeres, no nos hagamos líos».
-¿Qué relación tenía con la película original?
-A mí siempre me gustó muchísimo. Es de las películas que más me gustan de Saura. Me parece tan novedosa, tan diferente, tan dura, tan especial. Aparte de que Ismael Merlo me encantaba desde pequeñita, que lo veía en los Estudio Uno, yo veía a esos señores en esa película tan tremenda y con tantos momentos de silencio, donde se oían los grillos y las chicharras... Es de las películas que si la ponen en la tele no dejo de verla.
Blanca Portillo. (Virginia Carrasco)-Y cuando le llega un proyecto tan especial como este, ¿cuál es el primer pensamiento que se le pasa por la cabeza?
-Te entra un «bueno, ¿para qué?». Si 'La caza' ya está ahí, es una joya, ¿para qué? Luego, cuando lees el guion y hablas con el director y con el productor, te das cuenta de que no se trata de hacer 'La caza'. Claro que 'La caza' ya existe y eso no nos lo va a quitar nadie, afortunadamente. 'Día de caza' es casi una secuela, casi una revisión, un revisitar una historia que tiene mucho que ver con nuestro país y que nos ayuda a ver qué ha pasado en él a lo largo de estos años. ¿Cuánto de aquello sigue manteniéndose? ¿Qué hemos heredado? ¿Qué diferencia hay entre esos hombres y estas mujeres? ¿Qué legado le estamos dejando a la más joven, a este futuro que también se impregna de alguna manera de todo ello? Y a partir de ahí, te quitas el miedo. No vamos a hacer mejor 'La caza' que la que hizo Saura, ni mucho menos. Se trata de hacer otra cosa, que es el gran logro de Pedro, que ha conseguido un artefacto cinematográfico en sí mismo. Tú puedes no haber visto 'La caza' y funciona perfectamente, pero si la has visto, dialogan estupendamente bien la una con la otra.
La película
«No hemos hecho 'La caza' otra vez, es casi una secuela, una revisión. Dialogan perfectamente la una con la otra»
-Usted es Blanca, Machi es Carmen y Rossy es Rosa. ¿Escribió Aguilera la película con ustedes ya en la cabeza?
-Eso es lo que cuenta Pedro, que cuando escribió el guion, él tenía muy claro qué actrices le gustaría que hicieran esos personajes y empezó escribiendo nuestros nombres, para tener claro quién era quién, y después llegó a la conclusión de que para qué iba a cambiar los nombres.
-¿Estuvo con mujeres cazadoras? ¿Qué es lo que más le llamó la atención del mundillo?
-No, no hablé con ellas, esa es la pura verdad. Pero sí investigué, porque hay muchísimas asociaciones de mujeres que cazan, casi más que de hombres. O sea, hay muchísimas más mujeres de las que imaginamos que son verdaderas apasionadas. Yo no soy partidaria de la caza. Sé que es considerada como un deporte, pero yo no lo entiendo y no lo comparto. Entonces, hay cosas que por exigencias del guion debo hacer y otras que no quiero hacer y que no necesito hacerlas tampoco. Porque, en realidad, no se trata tampoco de defenderlas como cazadoras. La caza, en este caso, es una metáfora de alguna manera.
-Los diálogos son brillantes porque son tres mujeres de clase alta que cargan contra todo: contra los de abajo, las generaciones que vienen, los okupas... Dicen incluso que el cine no es cultura y que ha sido mimada por los progres. ¿Debe dar gustito meterse en la piel de alguien así?
-(Risas). No sé si es gustito lo que da exactamente. Recuerdo que con la frase de que el cine no es cultura, le dije a Pedro: «Yo esto no lo voy a poder decir». Luego te das cuenta de que aunque tú vivas en un ámbito en el que todo eso no se dice nunca o casi nadie lo piensa de tu entorno, existe gente que piensa eso, pero muchísima. No en ese tema, sino en todos esos que mencionas. Hay gente que es profundamente xenófoba, profundamente clasista, profundamente racista, y mi obligación es crear un ser humano que diga eso con convicción porque existen. Cuando yo vi la película me di cuenta de que ver en una pantalla grande a una actriz, que sabes que lo es de vocación y de amor, diciendo que el cine no es cultura, de repente es un pelotazo (risas).
Sus compañeras
«Trabajar con Carmen Machi, Rossy de Palma y Zoe Arnao es también hacer un curso de interpretación»
-Resulta difícil asumir que esos personajes que parecen del pasado sean tan contemporáneos. ¿Qué está pasando?
-Que no aprendemos y que, cada vez más, creo que vivimos en la cultura del egoísmo, de sálvate tú y pasa de todo. Quítate de en medio a todo el que se interponga en tu camino, porque el que venga te lo va a quitar todo. Protégete, defiéndete. Con uñas y dientes. Sé egoísta, no pienses en los demás. ¿Y a mí qué me importa si dentro de 15 años ya no es que haya olas de calor, sino que vivimos con el planeta quemado? Lo importante soy yo. Nos están educando en esa cultura y en esa desafección. Y, bueno, pues esto va a más, me temo.
Rodar a 45 grados
-Es una película que se desarrolla casi completamente en exteriores y, sin embargo, es claustrofóbica y asfixiante. ¿Cómo fue el rodaje?
-La verdad es que rodar a 45 grados en la dehesa extremeña en julio y agosto no es una cosa agradable, ni cómoda, pero sí que es verdad que venía muy bien para hacer ese trabajo. Esa cosa irrespirable, que te coloca en un estado en el que todo te viene mal, todo te molesta, todo es incómodo, la ropa es incómoda, el sitio es incómodo... Era como tener un añadido del método muy bueno que te venía estupendamente. No había que recrear el calor, estaba presente. Y es verdad que eso es maravilla. A mí me encanta pensar que en un espacio tan abierto, las sensación es que todo se va haciendo cada vez más angustioso y más cerrado. Creo que eso también tiene que ver con la temperatura interna de los personajes, que van cada vez quemándose más, ardiendo cada vez más, y va faltándote el aire porque dices: «Ya está, van a arder del todo». Y te va creando a ti un estado de angustia.
-Creo que no coincidía con Carmen Machi desde 'Siete vidas'. ¿Cómo fue el reencuentro?
-Pues fue una de las razones por las que también quería hacer la película, por volver a trabajar con ella, sinceramente, y con Rossy, a la que no conocía pero siempre había tenido colocada en un lugar como de «esta mujer es la bomba». Los trabajos de Rossy como actriz me han encantado siempre. Más que actriz, yo creo que es una artista, una especie de evento en sí misma. Y ya cuando conocí a Zoe, pues más todavía. Es una bomba de relojería y una chavala estupenda. Tenía muchos ingredientes la tarta como para decir que no. Trabajar con ellas ha sido como hacer un curso de interpretación.
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