Quienes sí se han visto perjudicados por el boicot son los artistas independientes. Estos han resentido de manera directa la pérdida puntual de oyentes, lo cual se ha traducido en menos ingresos por escuchas mensuales.
Spotify versus los artistas
Desde su lanzamiento hace 20 años, la plataforma sueca nunca ha sido ajena a los escándalos. En 2013, Thom Yorke anunció su retiro de la plataforma por las bajas regalías. En 2014, Taylor Swift retiró su catálogo por considerar que la música “no debería ser gratis”; regresó en 2017 como una muestra de agradecimiento a sus fans, según explicó en su momento. El año pasado, la banda mexicana Café Tacvba solicitó a sus disqueras retirar su catálogo de la plataforma por vínculos con el financiamiento bélico (toda su discografía sigue disponible en Spotify).
Según estimaciones de la industria, el ingreso promedio por reproducción suele rondar los 0.003 a 0.005 dólares, aunque varía por país y tipo de suscripción. Esto equivale aproximadamente a unos 3 a 5 dólares por cada 1 000 reproducciones.
“Yo quisiera también salirme de Spotify, pero no soy Café Tacvba”, dice Rebeca Lane. Similar a la banda mexicana, como cantante y rapera feminista guatemalteca, ella usa su música como una herramienta de denuncia social en temas como violencia de género y memoria histórica.
MySpace, YouTube o Spotify han hecho posible que artistas independientes como Audry Funk y Rebeca Lane giren por Europa, o que Sara Curruchich lleve el kaqchikel a escenarios internacionales. Ellas han viajado con la música y la han hecho un lenguaje compartido. Pero, al terminar el concierto, la pregunta sigue siendo la misma. ¿Puedo vivir de mi arte?
Audry Funk recuerda que en 2023, antes de un sold out en París recibió un correo de una compañía que le decía que “le faltaba trabajo” para vivir de su música. La paradoja era tangible. Aún con un recinto lleno al otro lado del mundo y decenas de miles de fans, para la industria eso no era suficiente.