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Bomba de humo: el arte (y los límites) de marcharse a la francesa sin quedar mal del todo

Bomba de humo: el arte (y los límites) de marcharse a la francesa sin quedar mal del todo
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¿Escabullirse puede llegar a ser elegante o más bien es una descortesía?

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¿Escabullirse puede llegar a ser elegante o más bien es una descortesía?

Julio Arrieta

Miércoles, 22 de abril 2026, 19:10

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4 min.

Las despedidas a la francesa son ese arte sutil que consiste en desaparecer sin decir ni mu. Estás en una cena, una fiesta o un ... acto social… y de repente –¡puf!– alguien que estaba allí hace un momento, a quien conoces o te han presentado, se ha evaporado. Ni «me voy», ni «ha sido genial», ni siquiera un «nos vemos pronto». A esto, que habrás presenciado más de una vez –si no lo has protagonizado tú mismo– en francés lo llaman 'filer à l'anglaise' (irse a la inglesa), pero los ingleses devolvieron la pelota y lo bautizaron como 'french leave' o despedida a la francesa, el concepto que usamos nosotros. Por alguna razón misteriosa, los estadounidenses lo llaman 'irish goodbye', o sea adiós irlandés.

Evitar que la fiesta se vacíe

¿Cómo es eso? Evita el efecto dominó, «no anima a otros a irse simplemente porque te ven dirigiéndote a la puerta», le ahorra al anfitrión una sucesión farragosa de despedidas y «no interrumpe la energía natural del evento». Curiosamente, son las mismas razones que hacían que esta conducta fuera considerada elegante en la corte real francesa a principios del siglo XVIII. Sí, hubo un momento en que hacer esto en el Palacio de Versalles era de buen tono y estaba muy bien visto.

Entonces, según el protocolo, ¿Esto está bien o está mal? Marina Fernández, directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la Escuela Internacional de Protocolo (EIP), señala que el asunto tiene sus matices. De entrada, aclara que el protocolo «no prohíbe absolutamente nada, recomienda». Y en este caso, recomienda «despedirse» porque es una «norma básica de educación o de civismo». No solo en reuniones o actos sociales, forma parte de las «bases de la convivencia en sociedad». En cuanto a las fiestas, «cuando nos invitan significa que cuentan con nosotros desde el principio hasta el final». No deberíamos irnos hasta que acabe lo que el anfitrión o anfitriones hayan programado o previsto. Y, de hecho, lo correcto es «despedirse de quien nos ha invitado. Decir adiós y dar las gracias. ¿Qué puede llevar?, ¿un minuto?».

Cuestión de lógica

«En realidad, si lo piensas, todo responde a un mecanismo muy lógico. Al decir adiós, quienes han organizado la reunión, la fiesta o el acto que sea, saben que nos vamos y no pasa nada», añade Fernández. Por eso tenemos que despedirnos lo mismo se trate de un cumpleaños que una recepción. Pero si desaparecemos sin avisar a nadie, «podemos generar preocupaciones y agobios o que se pongan a buscarnos. Porque, claro, ¿y si resulta que nos ha pasado algo?».

Imaginemos que, por la razón que sea –no estamos a gusto, nos llaman por algún asunto urgente, nos encontramos mal...–, nos vamos sin poder avisar a quienes nos han invitado. ¿Cuál es la forma correcta de gestionar esta situación? «Se trata de informar de que nos tenemos que ir, algo que se puede hacer después de salir por la puerta. Manda un mensaje como: 'Mira, discúlpame, me he tenido que marchar, es una fiesta fantástica... Muchas gracias por invitarme'».

La clave psicológica

La despedida a la francesa no siempre es cuestión de educación. En ocasiones la psicología tiene que ver en el asunto. Hay personas para las que desvanecerse evita una situación que les resulta desagradable. Como explica el psicólogo Víctor Amat, para algunos «enfrentar el conflicto de decirle a alguien algo como 'me voy porque estoy incómodo' es más grande que simplemente hacer un mutis por el foro». Suele tratarse de «personas que no se consideran demasiado a sí mismas y tienden a pensar que 'no se notará que yo me vaya' y cosas así». Curiosamente, el resultado suele ser el contrario al deseado. Al desaparecer, «marcan con su ausencia y pueden acabar convertidos en la comidilla de la fiesta».

Hay una forma de solucionar esto: «Declara tu dificultad – apunta Amat–. Vas donde el anfitrión y le dices: 'Mira, gracias por invitarme, pero a veces... pasa que me da el puntazo y me voy. No te lo tomes como algo personal'». El resultado es que, «cuando lo dices, automáticamente te das permiso a ti mismo para quedarte». Y ya no te vas ni a la francesa ni a la inglesa ni a la irlandesa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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