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Breve recorrido por algunos famosos incendios malagueños

Breve recorrido por algunos famosos incendios malagueños
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Algunos fuegos han dejado una profunda huella en la memoria de la ciudad

A la sombra de la Historia

Breve recorrido por algunos famosos incendios malagueños

Algunos fuegos han dejado una profunda huella en la memoria de la ciudad

Regala esta noticia Añádenos en Google El edificio de calle Nueva en pleno incendio en 2001, con el solar del que ardió en 1997 delante. (Archivo SUR)

Fernando Alonso y Víctor Heredia

19/07/2026 a las 00:40h.

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Parece que fue ayer cuando inauguramos esta sección de A la sombra de la Historia y ya llevamos publicados trescientos treinta y un artículos. Esta ... octava temporada la queremos iniciar con una acalorada recopilación de algunos de los incendios que dejaron huella en la memoria colectiva de los malagueños. No hemos conseguido encontrar ningún caso de edificio que siguiera ardiendo más de un mes después de iniciado el fuego, pero sí estamos en disposición de revelarles cuál es la manzana malagueña más afectada por los incendios a lo largo de la historia. Esta isla maldita por el fuego es la que está delimitada por las calles Liborio García al norte, Mesón de Vélez al este, Marín García al sur y Nueva al oeste.

Poco después de este incendió, en 1655, los frailes trinitarios abrieron un convento cuya fachada posterior daba a la calle Casas Quemadas y que los malagueños conocían como el Conventico. Este edificio, ya desamortizado, ardió en otro voraz incendio la noche del 18 al 19 de diciembre de 1901. Ya hablamos en otro lugar de esta tragedia, que dejó dos muertos y escenas dantescas en la memoria malagueña. Apenas veinte años más tarde, el 27 de mayo de 1920, a las cinco de la tarde, se inició otro fuego en la buhardilla del número 10 de la calle Larios, cuya parte trasera daba precisamente a la calle Mesón de Vélez.

Pese a lo moderno de la construcción, las armaduras de los tejados eran de madera y terminaron por derrumbarse con gran estrépito. Hubo que desalojar todo el edificio y el Café Comercial, que abría en sus bajos, ante el temor de que la construcción se viniese abajo. Los bomberos tuvieron muchas dificultades para apagarlo por la cantidad de público que se concentró (las cinco de la tarde y calle Larios) que impedía sus trabajos. Además, las bocas de riego de la zona estaban secas, las bombas no funcionaban bien y las mangueras no estaban en buenas condiciones. Para colmo, la escala se atascó y no se pudo utilizar. Hubo que recurrir a un servicio privado, propiedad de la Casa Larios, para extinguirlo.

El 14 de septiembre de 1997 otro incendio destruyó la tercera y cuarta planta del edificio que hacía esquina entre Marín García y Nueva (actual Primor). Setenta bomberos y quince vehículos trabajaron en su extinción y no hubo que lamentar víctimas. El fuego se originó en la chimenea del bar instalado en su bajo comercial. El edificio tuvo que ser demolido. Y el 22 de agosto de 2001, a las cinco de la mañana, se inició otro espectacular incendio justo enfrente -ángulo de Nueva con Zapateros- en el almacén de calzados Los Guerrilleros (hoy Álvaro García). Ardieron las cinco plantas y también hubo que derribar todo el bloque. En el pavimento de la calle Nueva, a esta altura, el arquitecto Eduardo Serrano había dibujado con acierto años atrás un corazón (en alusión a los trinitarios) del que salían unas llamas.

Algunos incendios en industrias

Las actividades industriales fueron propicias a la proliferación de accidentes que derivaban en muchos casos en grandes incendios. Son numerosas las noticias de fuegos en fábricas y talleres, por lo que nos vamos a limitar a señalar algunos casos. El 3 de noviembre de 1911 las llamas arrasaron una fábrica de bombones en el pasillo de Natera (actual avenida de Fátima). No mucho después, el 25 de abril de 1913 el fuego destruyó la fábrica de chocolate de José de las Peñas, ubicada en el inicio de la avenida del Hospital Civil, frente al puente de Armiñán.

El sistema de avisos por campanadas estuvo vigente hasta mediados del siglo XX. (Guía de 1866)

Año 1857: otros incendios memorables del siglo XIX

La víspera del día de Corpus, día grande por aquel entonces en Málaga, el arquitecto José Trigueros acababa de dirigir la instalación de una exuberante decoración efímera en la plaza de la Constitución, de inspiración vegetal y orientalizante, con un templete, figuras de imaginería barroca, surtidores de agua e iluminación a gas. A las tres de la madrugada se habían apagado las luces y se habían retirado los operarios. Solo quedaban encendidas tres o cuatro lámparas cuando, de repente, una rama cayó sobre una de ellas y se incendió todo el ramaje que cubría el templete. En unos instantes se formó una inmensa hoguera.

Algunas chispas prendieron en la galería que se había levantado alrededor de la plaza y sus toldos y ramaje extendieron las llamas al inicio de las calles Compañía, Carnicerías (hoy Especerías) y Siete Revueltas. Las campanas de la catedral y de todas las parroquias empezaron a repicar y, gracias a la actuación del vecindario, autoridades y soldados, se pudo contener el fuego. El gobernador civil resultó herido.

En octubre de ese mismo año 1857 se produjo otro pavoroso incendio en la fábrica de cerillas de la calle Constancia, en el barrio del Perchel, no lejos de la playa. Por la noche, una vez que se habían ido los trabajadores, el dueño, Fernando Romero, y su hermano manipulaban una caldera cuando ésta estalló y se prendieron sus ropas. Empezaron a arder rápidamente muebles y puertas, y el padre y la hermana -que allí estaban- no pudieron hacer nada para auxiliarlos.

El conocido industrial Tomás Trigueros, propietario de una fundición de hierro cercana, pasaba en ese momento por el lugar y se convirtió en el héroe de la jornada al sacar de la fábrica a los cuatro heridos, aunque no se pudo evitar la muerte de tres de ellos. El padre sufrió importantes quemaduras. El alcalde de Málaga, Gaspar Díaz Zafra, tuvo que embargar rápidamente caballerías, coches y carros para conducir las bombas de agua al lugar del incendio. Ese día las campanas de las iglesias no tocaron a fuego, pues el gobernador había prohibido que lo hiciesen sin su permiso.

Interior del Cine Moderno después del incendio. (Archivo SUR)

Teatros y cines en llamas

Durante mucho tiempo fueron habituales los incendios que afectaban a salas de espectáculos como los teatros y los cines, debido a los sistemas de iluminación y a la elevada combustibilidad de las películas. El primer gran incendio de un teatro ocurrido en la ciudad fue el del Teatro de la Libertad, construido sobre las huertas del convento de la Merced. El 20 de marzo de 1869, a la una de la madrugada, las campanas de la catedral y los pitos de los serenos dieron la señal de fuego. En pocas horas fue pasto de las llamas, que iluminaron toda la ciudad como si fuera un volcán. Una sociedad compró el solar y levantó un nuevo espacio escénico, el Teatro Cervantes.

Durante las primeras décadas del siglo XX hubo varios incendios en salas de cine. En el Victoria Cinematógrafo, ubicado en la calle Liborio García, se declaró en febrero de 1908 un conato de incendio durante la proyección de una película. Mayor gravedad tuvieron los dos fuegos declarados en el Cinema Concert, el antiguo Teatro Principal. El primero ocurrió el 15 de enero de 1919 y se declaró al inflamarse la cinta de la película. El fuego fue controlado por el operador, único herido en el incidente. El 30 de septiembre de 1923 se repitió el suceso. En la sala había numeroso público infantil y la evacuación se hizo de manera desordenada. Hubo que lamentar cuarenta menores heridos, cinco de ellos de gravedad.

El siniestro más grave, desde el punto de vista de los daños materiales, ocurrió en la noche del 11 de octubre de 1929, cuando el Cine Moderno, ubicado en la calle Don Juan de Austria del barrio de la Trinidad, ardió por completo. No hubo víctimas y el cine fue reconstruido en apenas nueve meses. En fechas más recientes se registran dos incendios en salas: uno que destruyó el interior del Cine Alameda el 2 de septiembre de 1987 y otro que arrasó el Cine Atlántida, en la calle Refino, el 22 de abril de 1990. De nuevo, ambos siniestros se saldaron sin daños personales.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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