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Los laboristas buscan recuperar el pulso político perdido con la derrota en las municipales de mayo y la implicación del exembajador en Estados Unidos, Peter Mandelson, en el caso Epstein.
Los laboristas británicos ejecutarán esta semana el relevo en su liderazgo con la designación del exalcalde de Manchester, Andy Burnham. Será el paso previo para que remplace también a Keir Starmer como primer ministro de Reino Unido.
El partido gobernante, que tiene una amplia mayoría en el Parlamento de Westminster (403 diputados de un total de 650), busca con ello recuperar el pulso político perdido con la dura derrota electoral en las municipales de mayo y la crisis interna tras la implicación del exembajador británico en Estados Unidos, Peter Mandelson, en el caso Epstein, designado por Starmer para satisfacer a Donald Trump. El nuevo líder laborista, de 56 años, tiene por delante los tres años que restan de legislatura en el país para coser las heridas dejadas por este proceso interno, lavar la cara de la formación y tratar de recuperar el favor de su electorado, decepcionado con las impopulares medidas económicas y fiscales del actual Gobierno.
En el pasado, algunos gobernantes británicos que llegaron a Downing Street reemplazando a un primer ministro de su partido sin pasar por las urnas convocaron elecciones anticipadas a los pocos meses de asumir el poder para reforzar su legitimidad, pero no es probable que Burnham lo haga porque los extremistas de Reform UK están disparados en las encuestas tras su éxito en las municipales de mayo (pese al escándalo a cuenta de las donaciones no declaradas de su líder, Nigel Farage) y porque la última premier que recurrió a esta maniobra, la conservadora Theresa May en 2017, vio esfumarse la mayoría parlamentaria que había heredado.
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