La actual fascinación de los jóvenes con los conventos y los monasterios revela un fenómeno más allá de lo religioso. Los expertos explican que, hastiados de estímulos y de velocidad, buscan un desvío: salir de esta carrera y vivir a otro ritmo. No es una moda, es una necesidad física: reconectar la Red Neuronal por Defecto (DMN) del cerebro, esa que se activa cuando no haces nada.