Si tienes en casa un chaval introvertido y parece imposible derribar ese muro, aquí va una guía para conseguirlo
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Regala esta noticia Añádenos en Google 23/06/2026 Actualizado a las 18:47h.Hay un día que ese chaval vivaracho, que no callaba, que anunciaba su llegada a casa con una catarata verborreica, se vuelve más reservado. No ... preocupa al principio, pero si la tendencia continúa acusándose, en especial en la adolescencia, saltan las alarmas. Los padres no quieren que esa habitación se convierta en un fortín y su hijo en una especie de habitante de un hotel llamado hogar. ¿Cómo llegar a ese adolescente callado?
Calma. Hay un truco, una pieza que puede servir de palanca para que broten otras conversaciones. «Un puente, un tema común. El que sea, todos valen. Una serie que le gusta, una moda actual que le interesa, un videojuego... buscamos cualquier asunto que nos permita llegar al adolescente y desde ahí brota la fuente y lo demás irá saliendo», revela. «Esto es algo que estaría muy bien que hicieran también los padres», recomienda.
Este truco nos permite pasar uno de los filtros más comunes en la adolescencia, que no dejan de existir también entre los adultos. «Antes de contarte algo de mi vida, yo te pediré que sepas mi nombre», ejemplifica Gullón. El chaval también tiene derecho, antes de confiarte sus sueños o sus miedos, en reclamar que uno sepa cuál es su personaje de ficción favorito. «Hay que usar la creatividad porque cualquier puente es válido», sugiere el psicólogo. «Cuando conseguimos ese puente en terapia, y vemos brotar todo, es de lo que más nos remueve», confiesa. Gullón, que es también profesor de Apir, hace otra recomendación: «hay una conversación preciosa que son las diferencias generacionales. Cuando los padres hacen el esfuerzo de entender sus siglas –el LOL de turno– y ven ese esfuerzo, ellos se parten y reírse juntos es bueno». Acercarnos a ellos «con curiosidad, más que en plan detectivesco», también es sano.
De fondo, en todo esto, está un cambio enorme que no se limita al salto de la pubertad. «Tenemos una concepción errónea como sociedad de todo esto, lo vinculamos a la pubertad, y esa es la punta del iceberg. Ese es un pequeño aviso sobre un proceso complejísimo», explica. Gullón pone un símil muy gráfico. «Si nos taparan los ojos en una habitación que desconocemos, empezaríamos a palpar, caminar dando tumbos y a chocar con los objetos para buscar los límites». Es lo que hacen estos chavales, salvando las distancias. «Quieren ver cómo reacciona el padre o la madre, el profesor. Están intentando descubrir a los demás y descubrirse a sí mismos».
Coordinados
El gran cambio en esta etapa es que «los padres dejan de ser el referente y la guía total sobre la que orbita el mundo». Eso tiene efectos en toda la familia. «Es muy importante cómo reaccionen los padres, si aceptan eso o no. Si logran acompañar para que los siguientes centros del mundo que elijan sean saludables», expone Gullón. Y todo eso sin olvidar que los adolescentes, en esta etapa, lo que buscan son «compañeros de viaje, más que guías». A los padres nos toca «caminar a su lado, no delante ni detrás. El éxito está en hacerlo a su ritmo». También es momento de soltar esas expectativas que, quien más y quien menos, pone en sus vástagos. Su vida comienza a ser suya, completamente.
Mensajes contradictorios
Ante semejante intensidad, bueno sería que el padre y la madre vayan de la mano en este asunto. Que estén coordinados, si no es posible estar de acuerdo. «El proyecto más bonito y el más ilusionante para una pareja son sus hijos. Yo suelo preguntar a los padres. ¿Cuánto tiempo habéis dedicado a hablar de esto? Me suelen decir que eso sale solo. Y no es así. Hay que buscar el tiempo para hablarlo. No puede ser que debatamos más tiempo de una luz encendida en la lavadora que en acordar la crianza». Ah, y en esto no sirve hacerlo uno sólo, por mucho que creamos que sabemos. «¿Qué es mejor? ¿Dos exámenes con un cinco? ¿O uno con un cero y otro con un diez? Pues esto es igual. Poco, pero juntos y estando de acuerdo, es mejor. Los mensajes contradictorios entre los padres son fatales». Gullón zanja el asunto: «lo que hay que evitar en esta etapa son líos».
La confianza con sus padres es fundamental para los chavales. Es su bastón en estos años de cuesta arriba. «Si al final de esta etapa, tus hijos tienen claro que papá o mamá son una figura a la que pueden recurrir, lo habremos hecho bien», explica el psicólogo. Y en esto los tópicos de diferencias entre sexos valen poco. «Al margen de que los cambios físicos de las mujeres son más rápidos, el resto es muy similar». Y un consejo final: «No se trata tanto en empeñarse en qué les queremos decir sino en cómo les podemos escuchar».
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