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Cómo dejar las pastillas sin recaer en el insomnio

Cómo dejar las pastillas sin recaer en el insomnio
Artículo Completo 1,170 palabras
Los pacientes llegan medicados desde atención primaria cuando la enfermedad es crónica. Tres especialistas hablan cómo los ayudan a dejar los fármacos
Cómo dejar las pastillas sin recaer en el insomnio

Los pacientes llegan medicados desde atención primaria cuando la enfermedad es crónica. Tres especialistas hablan cómo los ayudan a dejar los fármacos

Regala esta noticia Una persona sentada en su cama, en la noche. (R. C.)

Doménico Chiappe

Madrid

01/05/2026 a las 00:39h.

Más de seis millones de personas consumen fármacos hipnosedantes, como somníferos o benzodiacepinas, de manera frecuente en España. Sobre todo mujeres, cada vez más jóvenes, ... según datos de la Encuesta sobre Alcohol y otras Drogas del Ministerio de Sanidad. «Vivimos en el país donde se consumen más fármacos para dormir. El problema es que se van necesitando más dosis porque hacen tolerancia y llegan al abuso. En este caso, el paciente tiene entonces dos problemas, el insomnio y el abuso», asegura Carlos Egea, presidente de la Federación Española de Sociedad de Medicina del Sueño (Fesmes). «Cada año se va incrementando más la proporción de personas que lo toman». Lo confirma Ainhoa Álvarez, presidenta de la Sociedad Española de Sueño: «La mayoría de los fármacos que se utilizan para el insomnio, no todos, son benzodiacepinas, que producen dependencia y tolerancia».

El consumo de este tipo de fármacos empieza antes de los 15 años en España y la media de edad es de 46 años. Los grupos con mayor consumo tienen un bajo nivel de estudios y trabajos manuales no cualificados, administrativos, rurales, en servicios sociales o están en paro, según las 'Conclusiones del grupo de trabajo de Género del Consejo Español de Drogodependencia y Otras Adicciones'. «Si después de una evaluación diagnosticamos que la persona tiene un insomnio crónico, el tratamiento de primera elección es la terapia cognitivo conductual. Si no responde, se combina con tratamiento farmacológico para, por un lado, actuar sobre los mecanismos que lo causan y, por otro, con la medicación corregir el tipo de trastorno», recomienda Adolfo Alcoba, miembro de la Alianza por el Sueño. «La cuestión es si ya hay dependencia y tiene mucho tiempo tomando la medicación y ha desarrollado tolerancia, qué hacemos».

«Hay dos problemas de salud pública: los de sueño en general y el consumo tan elevado de hipnóticos sedantes»

Los fármacos más comunes contra el insomnio producen deterioro cognitivo en personas mayores, afecta la memoria, crea dependencia y cada vez se requieren más dosis hasta que deja de hacer efecto, sostiene Alcoba: «Aquí hay dos problemas importantes de salud pública. Primero, los problemas de sueño en general, que están en un 40% de la población; y el segundo, el consumo tan elevado de benzodiacepinas e hipnóticos sedantes. Hay que bajar ese ese porcentaje a lo mínimo. Pero si una persona va a su médico de cabecera y le dice que no duerme o que se levanta muy cansado, por inercia le pone una pastilla. ¿Después la puede abandonar o no?».

Esta semana, la Alianza por el Sueño presentó la 'Guía práctica de terapia cognitivo conductual para el insomnio crónico', sobre la intervención psicológica en estos casos, como primer nivel de atención y para ayudar a dejar esas drogas. Esta guía presenta varios pasos a seguir: el paciente debe aprender qué produce el sueño y cómo manejar esos factores, desarrollar una «pauta de higiene del sueño», controlar los estímulos de alerta y aplicar distintas medidas durante el insomnio, restringir el tiempo en la cama y sentir la «presión del sueño, porque si una persona no se va a dormir y se pone a ver la tele o el móvil, no va a dormir y se activa cada vez más», mantiene Alcoba, coautor del estudio.

«Se cambia el pensamiento sobre su problema con el insomnio, que puede ser intrusivo»

«Tiene dos bloques. En la parte conductual se le enseña al paciente a tener comportamientos más adaptados para superar el insomnio, porque a veces lo empeoramos. Por ejemplo, al quedarse mucho tiempo en la cama, a ver si uno se duerme. Entonces, se trabaja para cambiar esas conductas del paciente. En la parte cognitiva, se cambia el pensamiento sobre su problema con el insomnio, que puede ser intrusivo o mitos que hay sobre el sueño», explica Álvarez, sobre un tratamiento que «muchas veces no se ofrece en la Seguridad Social. Lo ideal sería que recibieran esta terapia en Atención Primaria».

Pasan los años

Algo que no es un mito es que el insomnio aumenta con la edad. «Sí, porque cada vez tenemos más problemas. El señor próstata, la señora la sofoco, el señor dolor. Las personas mayores hacen sueños fragmentados y no como queremos todos, que es dormir en el tirón. Es más complicado», sostiene Egea. «Las franjas de edad para dormir entre siete y nueve horas empiezan a los veinte años hasta los 65, presionados por nuestra vida laboral. Luego empieza la jubilación, que favorece que tengamos más tiempo para dormir, pero también hay médicos, ansiedad… Cada etapa tiene su problema en términos generales».

Con la edad los despertares nocturnos son más frecuentes y sobre todo «más largos», dice Álvarez. «Cuando eres joven o niño, te despiertas varias veces a la noche; es normal entre tres o cuatro veces. Pero nos damos media vuelta, volvemos a dormir y no nos acordamos porque eso ha durado treinta segundos o un minuto. Pero cuando los despertares son más largos somos más conscientes y hacemos menos sueño profundo y más corto. También cambia el sueño con la edad. Un anciano puede dormir menos de dos horas a la noche, pero se echa una siesta o dos, a media mañana y a media tarde».

Una siesta o dos

¿Es beneficiosa y recomendable hacer la siesta? La respuesta de los expertos es 'sí'. «La siesta es buena, pero siempre corta. De menos de 30 minutos», mantiene Álvarez. «Nuestro cerebro está programado para echar la siesta, pero si es muy larga le vamos a quitar sueño a la noche. A los pacientes con insomnio les decimos que no echen siestas de más de 30 minutos, aunque depende de cada caso. Hay gente que trabaja de noche, duerme poquito y luego echa una siesta larga. Así que cada uno tiene que adaptar su modo de vida».

Coincide Egea: «Es buena solo alrededor de media hora. La siesta complementa un poquito, pero no sustituye el sueño de la noche. Tampoco quita el sueño de noche después, pero si eres insomne, no la recomendamos».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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