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Internacional

Cómo el cordón sanitario contra la AfD ha desestabilizado la política alemana

Cómo el cordón sanitario contra la AfD ha desestabilizado la política alemana
Artículo Completo 1,942 palabras
Una política diseñada para impedir que la extrema derecha llegara al poder ha acabado fortaleciéndola
Cómo el cordón sanitario contra la AfD ha desestabilizado la política alemana

Una política diseñada para impedir que la extrema derecha llegara al poder ha acabado fortaleciéndola

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The Economist

01/09/2026 a las 01:31h.

En Alemania, como en cualquier otro lugar, resulta inusual ver a conservadores codeándose con marxistas. Sin embargo, en una manifestación en Bitterfeld, una localidad del ... estado oriental de Sajonia-Anhalt, ondean al viento banderas con los nombres de casi todos los partidos políticos alemanes, desde los demócratas cristianos (CDU), de centro-derecha, pasando por los Verdes y los socialdemócratas (SPD), hasta Die Linke, de extrema izquierda. Las manifestaciones «Bunt statt braun» (colorido en lugar de marrón) comenzaron el año pasado para contrarrestar las concentraciones organizadas por la formación de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD). Para muchos de los presentes en la plaza de Bitterfeld, la perspectiva de que la AfD llegue al poder es un recuerdo aterrador del periodo más oscuro de la historia alemana.

El sistema electoral proporcional de Alemania hace que las mayorías absolutas sean poco habituales. De los 16 estados federados del país, solo el diminuto Sarre cuenta con un gobierno de un único partido. Los partidos se unen en diversas coaliciones, a las que a menudo se les dan nombres pintorescos. Sin embargo, la AfD se ha visto impedida de llegar al poder en todas partes por un «Brandmauer», o cordón sanitario, que otros partidos han erigido a su alrededor. El «Brandmauer» más importante es el que mantiene la CDU, el partido gobernante de Alemania y, tradicionalmente, el más grande del país. Esta política se formalizó en 2018 con una «resolución de incompatibilidad» que prohíbe la cooperación tanto con la AfD como con Die Linke.

Sin embargo, a medida que la AfD ha ido creciendo, el «Brandmauer» se ha convertido en algo así como un principio organizativo de la vida pública. Se descartan medidas legislativas que podrían obtener mayorías parlamentarias porque no se puede permitir que los votos de la AfD inclinen la balanza. Se modifican las normas parlamentarias para impedir que el partido frustre la elección de jueces. Los diputados de la AfD quedan excluidos de las vicepresidencias del Bundestag e incluso de su equipo de fútbol. «No te saludan, no te dan la mano, eres como si no existieras», afirma Gerold Otten, diputado de la AfD, refiriéndose a sus adversarios de izquierda. El «Brandmauer» se extiende incluso más allá de la política. Las asociaciones empresariales han retirado las invitaciones a los diputados de la AfD tras las furiosas reacciones.

¿Ha funcionado esta política? Para algunos, mantener a la AfD fuera del poder es justificación suficiente. La AfD se encuentra entre las formaciones populistas más extremistas de Europa, muchas de las cuales rechazan su compañía. Coquetea con el racismo y la simbología nazi, simpatiza con Vladímir Putin y alberga a antiguos neonazis en sus filas. Su comportamiento grosero degrada los parlamentos. «No excluimos a la AfD por la resolución de 2018, sino porque no compartimos ningún valor con ella», afirma Wiebke Winter, presidenta de la CDU en la ciudad-estado de Bremen.

Sin embargo, el «Brandmauer» no ha logrado frenar el ascenso de la AfD. En 2018, Friedrich Merz, ahora líder de la CDU y canciller de Alemania, prometió reducir a la mitad los votos de la AfD. Esperaba que adoptar una postura más a la derecha en materia de inmigración y gobernar bien pudiera recuperar a los votantes seducidos por el discurso de la AfD. Nada de esto ha funcionado. La inmigración irregular se ha desplomado, pero la AfD simplemente se ha desplazado más hacia la derecha, arremetiendo ahora contra los trabajadores «culturalmente extranjeros» e instando a la «remigración», un término ambiguo que puede significar desde la deportación de solicitantes de asilo hasta la limpieza étnica. La CDU roza mínimos históricos en las encuestas, mientras que la AfD lleva meses disfrutando de una ventaja (véase el gráfico). Su apoyo se ha duplicado desde la promesa de Merz. Y en Sajonia-Anhalt y otros bastiones de la AfD, el «Brandmauer» ya está teniendo dificultades para mantenerse. Armin Schenk, alcalde de la CDU en Bitterfeld, al que encontramos al margen de la protesta, afirma que se debe impedir que la AfD, «extremista de derecha», llegue al poder en el país que perpetró el Holocausto. Sin embargo, en Bitterfeld, añade, «el «Brandmauer» no es una realidad», porque «en la mayoría de los casos no se pueden tomar decisiones sin la AfD». Con 15 de los 40 escaños del ayuntamiento, es el partido más votado.

«Partidos del cártel»

Incluso cuando el «Brandmauer» se mantiene, obliga a los demás partidos a adaptarse a él. Turingia y Sajonia, otros dos estados del este, formaron gobiernos minoritarios incoherentes o inestables liderados por la CDU tras el buen resultado de la AfD en las elecciones de 2024. Se mantienen unidos gracias a líderes fuertes. Sin embargo, esto refuerza el discurso de la AfD de que las formaciones mayoritarias son «partidos del cártel» (Kartellparteien) indistinguibles entre sí.

Sajonia-Anhalt amenaza con llevar esta estrategia hasta sus límites. Si la AfD gana el 6 de septiembre, el «Brandmauer» dejará de tener relevancia. Si se queda a las puertas, es probable que la CDU necesite el apoyo de todos los demás partidos, incluida Die Linke, para formar gobierno. Ante esa perspectiva, algunos miembros de la CDU podrían desertar: un candidato de la AfD en Sajonia-Anhalt calcula que hay cinco dispuestos a hacerlo. De no ser así, las tensiones derivadas de tener que comprar el apoyo de la extrema izquierda pondrían a prueba la autoridad de Merz de tal manera que algunos piensan que podría acabar con su carrera. Y si, como sugieren las encuestas, la AfD obtiene el doble de escaños que la CDU pero sigue sin poder acceder al poder, no serán solo los seguidores de la AfD quienes se pregunten si la democracia alemana funciona.

La CDU está empezando a darse cuenta de que se ha metido en un callejón sin salida. «Quien siga hablando de cordón sanitario no ha reconocido los signos de los tiempos», afirmó recientemente Michael Kretschmer, presidente de Sajonia por la CDU. El «Brandmauer» obliga, en la práctica, al partido a buscar coaliciones únicamente a su izquierda, especialmente con el SPD, que ha estado en el poder en Alemania casi sin interrupción desde 1998 —a pesar de que, en la actualidad, apenas alcanza cifras de dos dígitos en las encuestas—. La frustración de los miembros de la CDU ante las concesiones al SPD da lugar a llamamientos ocasionales a favor de un gobierno en minoría que, en determinados temas (como la inmigración, los impuestos y la energía), podría buscar una «mayoría conservadora» con la AfD. Los votantes también están cambiando de opinión. El apoyo al «Brandmauer» contra la AfD ha disminuido, pasando de una clara mayoría al 41 %.

«Nunca ha habido un debate razonable en la CDU sobre cómo tratar a la AfD, solo un reflejo de excluirlos como si fueran los nuevos nazis»

Sin embargo, la CDU no tiene una salida fácil. Derribar el «Brandmauer» dividiría al partido por la mitad y provocaría un éxodo de votantes. Incluso las infracciones menores han causado problemas. En 2020, la CDU votó junto con la AfD para elegir a un presidente regional (de corta duración) en Turingia; la polémica subsiguiente derrocó a Annegret Kramp-Karrenbauer, la líder nacional del partido. En enero de 2025, Merz ordenó a su partido que votara junto a la AfD a favor de medidas simbólicas contra la inmigración en el Bundestag. Esto desencadenó protestas en toda Alemania e impulsó el apoyo a Die Linke en las elecciones posteriores. Se dice que el canciller quedó traumatizado por la experiencia.

Para evitar estos dilemas, algunos miembros de la CDU esperan en silencio que la AfD obtenga la mayoría en Sajonia-Anhalt. Sin embargo, esto no constituye una estrategia. «Nunca ha habido un debate razonable en la CDU sobre cómo tratar a la AfD, solo un reflejo de excluirlos como si fueran los nuevos nazis», afirma Andreas Rödder, un profesor que en 2023 dimitió como presidente de la comisión de valores fundamentales de la CDU por sus llamamientos a la apertura hacia los gobiernos en minoría en lugar de un rígido «Brandmauer».

En cuanto a la AfD, en su día criticó duramente el «Brandmauer» por considerarlo una grave violación de la democracia. Sin embargo, hoy en día, muchos en la AfD esperan gobernar en solitario. «No pensamos en cómo hacernos simpáticos para que la CDU nos pida formar una coalición», afirma Malte Kaufmann, diputado de la AfD. El vicepresidente del partido en Sajonia-Anhalt ha declarado que sus votantes quieren que «acaben» con la CDU en lugar de cooperar con ella.

Una Afd, dividida

En algunos países, los populistas se han moderado para alcanzar el poder (véase la tabla). Sin embargo, al otro lado del «Brandmauer», la AfD no ha tenido ningún incentivo para hacerlo. Torben Braga, otro diputado, afirma que aquellos miembros del partido que desearían virar hacia el centro han perdido el debate por dos razones. En primer lugar, «nuestros resultados electorales son cada vez mejores sin que nos veamos obligados a cambiar». En segundo lugar, el partido teme que moderar sus posiciones y expulsar a los partidarios de la línea dura aleje a algunos votantes. «El «Brandmauer» nos protege de tener que lidiar con cuestiones muy difíciles», afirma Braga.

Eso parece cierto. Aunque ha profesionalizado su organización y su comunicación, la AfD está dividida por escándalos, luchas de poder y discordia, especialmente en materia de política exterior. No cuenta con un programa de gobierno coherente. En privado, las figuras del partido se muestran extraordinariamente groseras entre sí. Sin embargo, nada de esto parece importar. Detrás del «Brandmauer» se puede prometer cualquier cosa, afirma Christian Stecker, politólogo de la Universidad Técnica de Darmstadt. «Les protege de la decepción que implica la rendición de cuentas en una democracia».

Desesperados, algunos políticos de los partidos mayoritarios, entre ellos Winter, de la CDU, ven ahora con buenos ojos las peticiones de prohibir la AfD, algo que permite expresamente la Constitución alemana. Sin embargo, incluso si el parlamento aprobara esa propuesta, lo cual parece poco probable, el Tribunal Constitucional tardaría años en pronunciarse al respecto. Otros esperan que el centro pueda, de alguna manera, recuperar a sus votantes perdidos: quizá prescindiendo de Merz, que goza de una gran impopularidad.

El «Brandmauer» parece intacto por ahora. Un exministro de la CDU afirma que el 90 % de las figuras destacadas del partido se oponen a colaborar con la AfD. «No solo nos perjudicaría políticamente, sino que iría en contra de los principios que definen nuestra república», afirma. Sin embargo, cada vez son más los que comparten la visión más pesimista de Stecker. «Es demasiado tarde para que la CDU dé un giro, y demasiado tarde para que la AfD acepte cualquier cambio de rumbo», afirma. «Algunas cosas se derrumbarán, surgirán otras nuevas… y no sabemos cómo quedará todo».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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