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Cómo los 'empresarios del conflicto' están inflamando la violencia política en Estados Unidos

Cómo los 'empresarios del conflicto' están inflamando la violencia política en Estados Unidos
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Los estadounidenses aceptan cada vez más los delitos motivados por la ideología. Leer
Financial TimesCómo los 'empresarios del conflicto' están inflamando la violencia política en Estados Unidos
  • GUY CHAZAN
Actualizado 27 ABR. 2026 - 14:55El presidente estadounidense, Donald Trump, es evacuado de la cena de corresponsales.Li Rui / Xinhua News / Europa PrLi Rui / Xinhua News / Europa Pr

Los estadounidenses aceptan cada vez más los delitos motivados por la ideología.

El presunto pistolero que sumió en el caos la cena de la prensa del sábado por la noche en Washington apenas había sido detenido cuando la masa de seguidores del MAGA comenzó a culpar a los demócratas del tiroteo.

"Son el partido del terrorismo", escribió Matt Walsh, un destacado comentarista conservador, en X. "La violencia política viene de un solo bando. ¿Cuánto tiempo más permitiremos que esta gente le declare la guerra al país?".

Pero los ataques que convulsionan la política estadounidense están dirigidos a personas de ambos lados de la división partidista. Los funcionarios electos de los dos principales partidos corren un riesgo cada vez mayor de ser víctimas de extremistas dispuestos a tomar las armas para lograr sus objetivos políticos.

William Braniff, director del Laboratorio de Investigación e Innovación sobre Polarización y Extremismo de la American University, afirma que existe una "tendencia clara" en la sociedad estadounidense: un gran aumento de los delitos de odio, los intentos de asesinato, los actos de terrorismo y otras formas de violencia premeditada.

Atribuye esta situación a un "entorno informativo tóxico" plagado de "empresarios del conflicto que se enriquecen a costa de generar ira entre nosotros". Esto se ve agravado por una "pérdida de confianza en las instituciones democráticas que facilita ver la violencia ilegal como una solución".

El último incidente tuvo lugar el sábado por la noche en el salón de baile del hotel Washington Hilton, donde la élite política y mediática de la capital se reunía para la cena de corresponsales de la Casa Blanca.

El presidente Donald Trump y altos funcionarios fueron puestos a salvo después de que un presunto pistolero irrumpiese en un puesto de control de seguridad y disparase contra los guardias. El sospechoso, identificado por los medios estadounidenses como Cole Tomas Allen, un hombre de 31 años originario de California, fue posteriormente reducido por agentes de la ley.

La reacción al tiroteo reflejó las profundas divisiones y la desconfianza mutua que cada vez más marcan el panorama político estadounidense. Rápidamente se extendieron teorías conspirativas que afirmaban que el incidente había sido un "montaje", un engaño diseñado para impulsar la agenda política de Trump o reforzar su argumento para demoler el Ala Este de la Casa Blanca y reemplazarlo por un enorme salón de baile.

Pero el tiroteo sin duda confirmó la condición de Trump como uno de los presidentes objeto de más ataques en la historia de Estados Unidos. En julio de 2024, una bala de un aspirante a asesino rozó su oreja en Butler, Pensilvania, mientras que en septiembre del mismo año un hombre escondido entre la maleza y armado con un rifle fue arrestado en el Trump International Golf Club de West Palm Beach.

Tras ser evacuado del escenario el sábado por la noche, Trump declaró que este tipo de complots contra su vida eran un riesgo laboral. "No puedo imaginar una profesión más peligrosa", afirmó, añadiendo que era incluso más arriesgada que ser piloto de carreras o jinete de rodeos.

"Si [el secretario de Estado] Marco [Rubio] me hubiera dicho [lo peligroso que era], tal vez no me habría presentado", bromeó. "Tal vez hubiera dicho: 'paso'".

Otros presidentes ya sufrieron ataques en el pasado. Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy fueron asesinados durante su mandato. Ronald Reagan fue tiroteado por John Hinckley Jr. en 1981 frente al Washington Hilton, el mismo hotel donde ocurrió el incidente del sábado.

Pero el ataque contra Reagan fue un hecho aislado cometido por un hombre con problemas mentales que posteriormente pasó décadas en tratamiento psiquiátrico. Lo que distingue la última ola de asesinatos y tiroteos es que está respaldada por una creciente aceptación pública del uso de la violencia para alcanzar fines políticos.

Robert Pape, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Chicago, explica que las encuestas anuales que ha realizado durante los últimos cinco años para medir el apoyo a la violencia política en la sociedad estadounidense han revelado que "decenas de millones de estadounidenses expresan cierta receptividad al uso de la fuerza en la política".

La idea de atacar físicamente —o incluso matar— a los oponentes ideológicos se está "normalizando", advierte, añadiendo que las redes sociales están "echando leña al fuego".

Las cosas podrían empeorar aún más. "Todo esto está haciendo que las elecciones de otoño sean los comicios de mitad de mandato más peligrosos de nuestras vidas", afirma.

Los republicanos, aún de luto por el activista conservador Charlie Kirk, asesinado a tiros en Utah el pasado septiembre, insisten en que la izquierda es totalmente responsable del aumento de la violencia.

"Cada mes un demócrata intenta matar a Trump. Luego los liberales lo celebran y lo intentan de nuevo", escribió Benny Johnson, presentador de un podcast de tendencia MAGA, en X. "No se puede vivir en paz con quienes te desean la muerte".

"Nuestro país ha estado en guerra desde que Trump bajó por primera vez por la escalera mecánica", afirma Mike Cernovich, un destacado bloguero de derecha. "Atacado por la extrema izquierda, que cuenta con el apoyo de jueces federales, todos los demócratas electos e incluso muchos senadores republicanos".

Otros señalan a los medios liberales. Kari Lake, una leal a Trump a cargo de la entidad matriz que supervisa medios financiados por el Gobierno como Voice of America, acusa a personas como Jake Tapper de la CNN de "llevar una década difundiendo mentiras absolutas sobre el presidente Trump".

"Ellos también tienen parte de la culpa de lo sucedido esta noche", escribió en X.

Pero los demócratas señalan que políticos liberales también han perdido la vida en esta ola de violencia. La representante estatal de Minnesota, Melissa Hortman, fue asesinada a tiros en su casa en junio de 2025 en lo que las autoridades describieron como un "asesinato con motivaciones políticas".

Mientras tanto, los críticos de Trump afirman que no es el Partido Demócrata, sino el propio presidente, quien tiene la culpa de la creciente propensión a la violencia en la política estadounidense.

Expertos legales, por ejemplo, han señalado que sus feroces ataques contra los jueces que bloquearon algunas de las políticas de su Administración han provocado un gran aumento en el número de amenazas contra miembros del poder judicial. El Servicio de Alguaciles de Estados Unidos registró 564 amenazas creíbles dirigidas a 396 jueces federales durante el año fiscal 2025, que finalizó el 30 de septiembre.

En noviembre del año pasado, varios legisladores demócratas solicitaron la intervención de la Policía del Capitolio de Estados Unidos por lo que calificaron de publicaciones "intimidatorias, amenazantes y preocupantes" de Trump. El presidente los había acusado de "conducta sediciosa castigada con la muerte" por un video que publicaron incitando al ejército estadounidense a desobedecer órdenes ilegales, y afirmó que los legisladores deberían ser arrestados y juzgados.

Jennifer McCoy, politóloga de la Universidad de Georgia e investigadora no residente de la Carnegie Endowment for International Peace, afirma que Trump ha seguido una estrategia de "polarización perniciosa" que ha creado un entorno propicio para actos de agresión.

"Desde el principio, demonizó a sus oponentes, identificó enemigos a quienes culpar de todos los problemas que enfrenta el país y vilipendió a ciertos grupos, ya fuera el partido opositor o grupos de inmigrantes como los somalíes", señala.

"Es una cultura [política] que parece dar permiso a ciertas formas de violencia".

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Fuente original: Leer en Expansión
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