- BELÉN RAMÍREZ
- Por qué la soledad del jefe es también una oportunidad de crecimiento
- Por qué liderar también es responder
Este tipo de personas suele tener poca empatía, una necesidad de admiración y genera un clima tóxico de trabajo. Aunque no es fácil, hay opciones para lidiar con estos comportamientos de manera profesional y efectiva.
Se estima que los rasgos narcisistas de personalidad afectan a entre el 0,5% y el 5% de la población general -aunque la investigación confirma tasas significativamente más altas en entornos de alta competitividad-, lo que explica por qué este perfil aparece con llamativa frecuencia en posiciones de poder.
Se trata de individuos con un patrón conductual definido por la grandiosidad, la necesidad constante de admiración y una empatía marcadamente baja. Descalificaciones públicas, castigos silenciosos, apropiación de méritos, decisiones impulsivas para brillar y una gestión sostenida por el miedo convierten el día a día de las personas que trabajan bajo su mando en una auténtica pesadilla.
Según MIT Sloan Management Review, la cultura tóxica que generan estos jefes es 10,4 veces más probable que contribuya a la rotación voluntaria que la compensación salarial. Y es que los jefes narcisistasparecen líderes competentes, carismáticos y visionarios en el corto plazo, sobre todo en contextos de incertidumbre.
El problema surge a medida que va pasando el tiempo, al cronificarse su estilo de dirección. Es entonces cuando empiezan a dejar cadáveres por el camino: gente válida que comienza a dudar de sí mismos, de su capacidad profesional y de sus propias decisiones; trabajadores completamente desmotivados, quemados o en tratamiento psicológico o psiquiátrico.
El brillo inicial tiene un coste oculto: cuando el presunto liderazgo deriva en abuso, las consecuencias se acumulan en forma de peor clima, menos compromiso, más absentismo, mayor rotación y deterioro del desempeño colectivo. Pero el daño que provocan no se limita al ámbito emocional. También tiene un impacto directo en el negocio. Según estimaciones de Gallup, sustituir a un directivo de nivel medio-alto puede costar entre el 125% y el 200% de su salario anual. Cuando esa salida se debe al comportamiento tóxico de un jefe narcisista y no a las dinámicas habituales del mercado laboral, la organización está asumiendo un coste que era evitable.
Patrones frecuentes
Dentro del espectro narcisista los expertos distinguen dos perfiles. Reconocerlos le ayudará a gestionarlos. Están los narcisistas de admiración, que se asemejan a Don Draper, de la serie Mad Men. Son los que están constantemente dándose autobombo y buscan activamente el reconocimiento. Su estrategia es la atracción, necesitan que el mundo les admire, para ello monopolizan los focos, seducen y se muestran encantadores.
Los segundos son los narcisistas de rivalidad, que serían algo así como Atila porque no les basta con brillar, necesitan que el otro no brille.Devalúan, socavan y confrontan con hostilidad encubierta o abierta. Su estrategia pasa por machacar al otro. Absolutamente tóxicos, por donde pasan tarda en crecer la hierba.
La clave es identificar conductas repetidas. El Center for Creative Leadership lleva décadas documentando el derailment ejecutivo, el descarrilamiento de líderes que fracasan por problemas relacionales. A partir de estas investigaciones podemos distinguir señales prototípicas como problemas interpersonales (una escasa empatía que les dificulta el construir y liderar equipos, por tener favoritos o criticar a quienes no están presentes en una reunión), resistencia para adaptarse (de ahí el estilo dictatorial de muchos), reactividad ante la crítica (cuidado con decirles que no tienen razón), manipulación (por ejemplo, el control de la información), arrogancia...
Estrategias de supervivencia
El primer movimiento es interno. Debe actuar con inteligencia y dejar que le arañe el ego. No le corrija ni disienta con él en público, hágalo en privado ofreciéndole opciones concretas para que tenga la sensación de que es quien decide. Háblele siempre con datos, nunca con adjetivos. Los adjetivos se rebaten; los números, menos. Documente decisiones y acuerdos desde el primer momento. Puede resultar un tanto tedioso, pero le protegerá frente ante quien manipula la información a su conveniencia. Y cuando corresponda, dele espacio para el lucimiento, aunque los méritos no sean suyos. No piense en lo injusto del asunto; hágalo por su salud física y mental.
Por otra parte, el aislamiento es el mejor aliado del abuso. Cuando el miedo silencia y nadie frena, la impunidad crece y quien está solo se convierte en blanco fácil. Encuentre a aquellos que también lo sufren y ayúdeles a entender que sin cortafuegos el fuego se expande. Rodéese de aliados y testigos. Un comportamiento que afecta a muchos es un problema organizativo. Uno que solo le afecta a usted es, en la narrativa del narcisista, un problema suyo. Asegúrese de que sus resultados y los de su equipo llegan siempre a los interlocutores adecuados. No por vanidad, sino por protección.
Si tiene margen para hacerlo, reporte hacia arriba y a recursos humanos cualquier tipo de incidente, riesgo, amenaza, discriminación, represalia o humillación. Enmarque el problema en términos de gobernanza aportando datos concretos, no juicios de valor. Proponga salvaguardas estructurales: auditorías periódicas de clima organizativo, indicadores de rotación y de bajas por estrés, evaluaciones 360°, actas formales de reuniones, comités de decisión para asuntos críticos, etc.
Convertir un conflicto interpersonal en una conversación sobre sistemas es más efectivo y menos expuesto. Pero si su organización no quiere corregir la situación y usted decide no seguir sufriendo, la salida es la mejor opción estratégica. Porque saber cuándo marcharse también es ganar.
Sobrevivir a un jefe con rasgos narcisistas no significa aguantar indefinidamente: significa gestionar riesgo con inteligencia. Si se encuentra en esta situación plantéese esta pregunta: ¿está en un entorno que corrige este comportamiento o, por el contrario, que lo recompensa? Su respuesta determinará si merece la pena invertir su salud y su energía en adaptarse y/o en intervenir, o si debe ponerse manos a la obra para organizar su salida.
Belén Ramírez es socia directora de SUMMUM Training & Coaching y autora de 'Fórmula ON: Diseña tu Plan de Activación Energético para rendir más y vivir mejor' (Plataforma).
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