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César Aira, esto es literatura

César Aira, esto es literatura
Artículo Completo 686 palabras
De César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949) cabe ya decir poco porque la multiplicidad de sus textos, la flexibilidad de que ha hecho gala en sus narraciones, su marcada sutileza en cuestiones no sólo literarias, que le han hecho acreedor de lo que se denomina ser un «escritor inteligente», le han colocado entre uno de los grandes de la literatura en español de los últimos cincuenta años. O eso creíamos, porque a Aira, un sujeto particularmente juguetón, a veces le da por escribir en otro idioma: esta novelita que se publica en español es de 1996 y fue escrita en francés, lo que no es de extrañar ya que el autor ha mantenido con este país relaciones muy estrechas (fue nombrado 'Chevalier des arts et des lettres' y le fue otorgado el premio Roger Caillois). El caso es que ha sido traducida por él mismo y en nuestro idioma posee el rango de novedad, lo que no es poco.Narrativa 'La sala' Autor César Aira Editorial Random House Año 2026 Precio 17,90 euros Páginas 92 Valoración **** La novela es, en realidad, una 'nouvelle' , incluso de canijo formato, pues consta de 92 páginas y un cuerpo de letra amplio, pero Aira la ha construido como homenaje a aquellas 'nouvelles' que publicaba Editions de Minuit como 'Tropismes', de Natalie Sarraute o las de Marguerite Duras , que aparece en estas delirantes y divertidas páginas como un espectro (es una anciana coreana que el autor, un curioso electricista que quiere ser escritor, confunde: «Miré, y me pareció que era Marguerite Duras... pero no. Supe que no era porque no usaba anteojos. Era una viejecita coreana toda arrugada, disminuida por la edad al tamaño de una niña de diez años»).Noticia relacionada No No 'En El Pensamiento' de César Aira, premio Finestres a la mejor narrativa en castellano Sergi Doria Y algo más... Lo que supuso para la literatura francesa de los cincuenta esta editorial, en justa correspondencia con la 'nouvelle vague' en el cine, parece haber sugerido parte de la trama. Ya dije: un electricista, un hombre de la 'banlieue', renuncia a su clase y pasa a ser un desempleado pagado por el Estado protector, por lo que decide hacerse escritor y vivir en una 'chambre de bonne' en el centro de París. Allí existe una sala que proyecta fragmentos de películas de cementerios coreanos en medio de un barrio que se ha coreanizado muy rápido. El que quiere ser escritor asiste fascinado a esas proyecciones, que tienen mucho de godartianas , y nota que hay multitud de coreanos viejos (vuelve a confundir a otra viejecita con Duras) y muchos jóvenes, pero que no hay niños. Llega a un acuerdo con el regidor del cine y en su 'chambre de bonne' comienza un tráfago de cintas de proyección y coreanos que hacen de la vivienda algo parecido al camarote de los hermanos Marx. Aparecen los vecinos, unos marroquíes transmutados en negros; el electricista se enamora de una joven coreana; aparece como por arte de magia su mujer que le reclama una pensión para sus hijos mientras éste comienza a notar efluvios raros en la habitación. Finalmente, se avisa a la policía y todos se dan cuenta de que la cosa no pinta bien... Aparece el dueño del cine que, tras un intercambio de llaves y de algunos personajes, consigue restablecer el orden antes de que la policía se presente... Entonces, dice el narrador: «Ese diario... terminaría siendo el guion de una película de hechos reales»... Como la literatura misma.

De César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949) cabe ya decir poco porque la multiplicidad de sus textos, la flexibilidad de que ha hecho gala en sus narraciones, su marcada sutileza en cuestiones no sólo literarias, que le han hecho acreedor de lo que se ... denomina ser un «escritor inteligente», le han colocado entre uno de los grandes de la literatura en español de los últimos cincuenta años.

O eso creíamos, porque a Aira, un sujeto particularmente juguetón, a veces le da por escribir en otro idioma: esta novelita que se publica en español es de 1996 y fue escrita en francés, lo que no es de extrañar ya que el autor ha mantenido con este país relaciones muy estrechas (fue nombrado 'Chevalier des arts et des lettres' y le fue otorgado el premio Roger Caillois). El caso es que ha sido traducida por él mismo y en nuestro idioma posee el rango de novedad, lo que no es poco.

La novela es, en realidad, una 'nouvelle', incluso de canijo formato, pues consta de 92 páginas y un cuerpo de letra amplio, pero Aira la ha construido como homenaje a aquellas 'nouvelles' que publicaba Editions de Minuit como 'Tropismes', de Natalie Sarraute o las de Marguerite Duras, que aparece en estas delirantes y divertidas páginas como un espectro (es una anciana coreana que el autor, un curioso electricista que quiere ser escritor, confunde: «Miré, y me pareció que era Marguerite Duras... pero no. Supe que no era porque no usaba anteojos. Era una viejecita coreana toda arrugada, disminuida por la edad al tamaño de una niña de diez años»).

'En El Pensamiento' de César Aira, premio Finestres a la mejor narrativa en castellano

Y algo más... Lo que supuso para la literatura francesa de los cincuenta esta editorial, en justa correspondencia con la 'nouvelle vague' en el cine, parece haber sugerido parte de la trama. Ya dije: un electricista, un hombre de la 'banlieue', renuncia a su clase y pasa a ser un desempleado pagado por el Estado protector, por lo que decide hacerse escritor y vivir en una 'chambre de bonne' en el centro de París.

Allí existe una sala que proyecta fragmentos de películas de cementerios coreanos en medio de un barrio que se ha coreanizado muy rápido. El que quiere ser escritor asiste fascinado a esas proyecciones, que tienen mucho de godartianas, y nota que hay multitud de coreanos viejos (vuelve a confundir a otra viejecita con Duras) y muchos jóvenes, pero que no hay niños. Llega a un acuerdo con el regidor del cine y en su 'chambre de bonne' comienza un tráfago de cintas de proyección y coreanos que hacen de la vivienda algo parecido al camarote de los hermanos Marx. Aparecen los vecinos, unos marroquíes transmutados en negros; el electricista se enamora de una joven coreana; aparece como por arte de magia su mujer que le reclama una pensión para sus hijos mientras éste comienza a notar efluvios raros en la habitación. Finalmente, se avisa a la policía y todos se dan cuenta de que la cosa no pinta bien... Aparece el dueño del cine que, tras un intercambio de llaves y de algunos personajes, consigue restablecer el orden antes de que la policía se presente...

Entonces, dice el narrador: «Ese diario... terminaría siendo el guion de una película de hechos reales»... Como la literatura misma.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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