El bloc del cartero
Cacas Regala esta noticia Añádenos en Google 29/05/2026 a las 13:04h.Cacas de perro, médicos que faltan y cuya atención se demora y se demora, últimas veces que nos pasan inadvertidas, cuando deberíamos celebrarlas como parte ... de la plenitud de la vida que persiste y alienta aún, a despecho de su finitud inexorable. Tan variopintas cuestiones, que se mezclan en esta página, atestiguan sin embargo una conciencia común, que cada vez circula más por entre los intersticios de una conversación trivializada y automatizada por los algoritmos que nos dispensan lo que tenemos que saber, hacer e incluso pensar. La criatura humana, insatisfecha por naturaleza, lo está en estos tiempos de una manera nueva, como si algo fallara en la base de todos nuestros supuestos logros. Regresar a la madre, como hace la carta de la semana, es lo único que nos queda cuando el camino se desvanece.
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La última vez
Son recurrentes las referencias a las primeras veces: las de impacto emocional y las más triviales. Suelen ser consideradas hitos vitales pese a que a veces obedezcan a inconsistentes estándares o, al menos, no de aplicación general. Pero sin despreciar lo placentero de algunas de esas primeras veces no deberíamos dejar de hacer lo mismo cuando nuestra trabajada intuición nos advierte que podemos estar abordando alguna última vez. Es entonces, en general en etapas de madurez, cuando alcanzamos nuestra máxima potencialidad como seres humanos para percibirlas en su dimensión más compleja, ya que la emoción viene necesariamente tamizada por el filtro del pensamiento. Si podemos controlar la tristeza, la nostalgia e incluso el miedo, nuestra experiencia vital nos permitirá disfrutar con intensidad de esa última vez que muy probablemente… no será la última. | Joaquín Villalba Garcés. Valencia
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Peor imposible
Cada día, al salir a caminar en dirección al puerto, salgo muy positivo y animado y poco a poco mi ánimo se va desinflando al tener que evitar la primera caca de perro. Cuando he andado no más de trescientos metros y he sorteado otras cinco mierdas, el carácter se va agriando mientras sigo sorteando cacas cual Jack Nicholson en Mejor imposible. Dejo el conteo de cacas cuando ya he evitado más de veinte. Me cuesta entender que muchos dueños de perros no tengan el civismo incorporado y dejen con total impunidad las deposiciones de sus chuchos en las aceras. Por más servicios y efectivos de limpieza viaria que el ayuntamiento ponga y mientras no haya una mayor concienciación y, por qué no, sanciones recogidas en las ordenanzas municipales, mis paseos matutinos terminan con un cabreo monumental y acabo ciscándome en los dueños de los canes. | Juan Antonio Urban Torada. Cartagena
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La ética del científico estrella
Soy una de las personas que contribuyeron a llenar las redes de mensajes de gratitud hacia Mariano Barbacid cuando se hizo pública la noticia de que había logrado 'curar' el cáncer de páncreas. Sin embargo, detrás de la bata blanca y la promesa de vida para miles de pacientes, se escondía una realidad burocrática y ética que hizo que esta persona me desilusionara cuando supe que la eminencia española de la oncología, la figura que había regresado de EE.UU. para impulsar la ciencia pública quedaba en entredicho al preferir la opacidad sobre su vinculación empresarial. Barbacid y sus colaboradores más cercanos eran copropietarios y accionistas de la empresa creada para explotar comercialmente esta terapia. Hoy leemos en la prensa que ante la presión y la pérdida de credibilidad, Mariano Barbacid renuncia a beneficiarse económicamente de la patente y se desvincula de la empresa intentando salvar su reputación, pero para miles de ciudadanos como yo, personas anónimas golpeadas por el cáncer, que no dejamos de trabajar para recaudar fondos para acelerar los ensayos clínicos, es una amarga lección sobre la ciencia, la financiación y la fragilidad de la esperanza en la lucha contra el cáncer. | Luis Vázquez García. Arzúa (A Coruña).
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LA CARTA DE LA SEMANA
¿Por qué la he elegido…? Porque al final está el principio, y eso algún significado tiene.
Raíz y rama
Al escuchar su voz quebrada, tras días de silencio, me acerqué despacio. Conteniendo la respiración y asomando un ojo por la rendija de la puerta, observé la escena. «¿Cuándo viene mamá?», preguntó una. «Pronto, mamá. Está volviendo a casa», respondió serena la otra, sentada sobre su cama mientras le acariciaba el pelo. La mujer que siempre había sido guía, sabiduría y consuelo comenzaba a desdibujarse, regresando a ser lo que, antes de todo, fue: una niña que buscaba un regazo donde calmar sus miedos, una hija que aguardaba y confiaba en promesas. Entonces, arropándola con la sábana y besándole la frente, mi madre le susurró: «Yo también espero tu regreso, mamá». En ese instante, el tiempo se plegó sobre sí mismo: tres generaciones nos reconocimos hijas al mismo tiempo.
María Tello Santacana. San Sebastián
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