Los puertos de todo el mundo se enfrentan a un mandato urgente e ineludible: descarbonizarse. La exigencia pasa por apagar los enormes motores diésel de los buques comerciales y de cruceros una vez que atracan, conectándolos a la red eléctrica local. Sin embargo, en la práctica, las ciudades portuarias se han topado con un muro de hormigón: no hay suficiente capacidad en la red terrestre para enchufar a estos gigantes del mar.
Ante este cuello de botella, la respuesta de la ingeniería ha sido sacar el problema de la tierra firme. Un consorcio respaldado por el Reino Unido y liderado por la firma ELIRE Maritime ha validado con éxito lo que definen como "el primer centro de energía de hidrógeno flotante e independiente de la red del mundo".
¿El fin de las interminables obras portuarias? Para entender el impacto de este desarrollo, hay que mirar el calvario logístico actual. Tal y como subraya Enlit, instalar sistemas tradicionales de suministro eléctrico en tierra (conocidos en la industria como shore power) es una auténtica pesadilla. El proceso puede tardar entre tres y siete años, ya que requiere refuerzos masivos de la red, mejoras en las subestaciones, complejas obras civiles y unos plazos de concesión de permisos que paralizan cualquier avance. Todo ello consumiendo un espacio terrestre del que la mayoría de los puertos carecen.
Al colocar la infraestructura energética directamente en el agua, se sortea de un plumazo este obstáculo. Además, desde ELIRE Maritime destacan una ventaja financiera crucial: el sistema evita el riesgo de crear "activos varados". A diferencia de una subestación de hormigón que no puede moverse si cambian las rutas marítimas, esta megacentral flotante puede reubicarse según dicte la demanda del mercado, otorgando a las autoridades portuarias una independencia total de la red.
En Xataka
La pila de hidrógeno a 250º C que resuelve un problema de hace décadas: el de la necesidad constante de agua
Radiografía tecnológica. Lejos de ser un mero concepto sobre el papel, la tecnología acaba de superar un riguroso programa de validación de seis meses. El diseño físico, del que se hacen eco todos los medios, consta de tres plataformas flotantes hexagonales interconectadas que ocupan unos 1.200 metros cuadrados.
Pero, ¿cómo suministra energía sin colapsar? El sistema no utiliza generadores descomunales para inyectar energía de golpe al barco, sino que funciona bajo la premisa de una "batería flotante gigante". A través de pilas de combustible modulares de 1,3 MW que operan continuamente (apoyadas por hasta 146 kW de paneles solares a bordo), el sistema carga poco a poco un enorme banco de baterías de 45 MWh durante toda la semana. Cuando un barco atraca, esta batería libera la energía rápidamente, entregando 5 MW de potencia limpia y continua sin inmutarse.
Para alimentar este proceso, el sistema consume entre 7.500 y 8.000 kilos de hidrógeno a la semana. Cuenta con siete tanques a bordo integrados en contenedores de baja presión, que requieren repostaje un par de veces por semana. Esto permite a los puertos adoptar el hidrógeno gradualmente sin tener que acometer faraónicas obras para construir tuberías o instalaciones de almacenamiento permanentes en tierra.
El impacto real. Para garantizar su viabilidad en el mundo real, la plataforma ha sido sometida a pruebas de estabilidad y oleaje en los tanques de la Universidad de Strathclyde, mientras que gigantes de la industria como Schneider Electric y Ricardo UK han validado con éxito toda su compleja arquitectura eléctrica.
• Las luces medioambientales: Según los análisis de viabilidad de la consultora Ricardo, el sistema puede reducir las emisiones de los buques atracados en un 77% frente a la generación tradicional con diésel. En cifras tangibles, esto supone un ahorro de unas 47 toneladas de CO₂ por barco cada semana (casi 2.450 toneladas anuales), además de erradicar por completo las emisiones de partículas tóxicas, óxidos de nitrógeno (NOx) y azufre (SOx) que envenenan el aire de las ciudades costeras.
• La sombra del coste: Hoy por hoy, esta solución es más cara que enchufarse a la red convencional. El coste estimado de la energía de este centro de hidrógeno ronda entre las 0,25 y 0,50 libras por kWh, frente a las 0,15 - 0,25 libras del sistema terrestre tradicional. No obstante, el consorcio argumenta que este sobrecoste inicial se compensa por la asombrosa rapidez de despliegue y prevén que la estandarización y la futura caída del precio del hidrógeno igualen la balanza comercial.
El potencial es inmenso. El consorcio estima un mercado global de 62 TWh anuales para soluciones marítimas independientes de la red, con el potencial de evitar la emisión de 500.000 toneladas de CO₂ en la próxima década.
Próximas paradas. Como detalla ELIRE Maritime, el consorcio ya está en conversaciones comerciales para iniciar los primeros despliegues reales en puertos de primer nivel como Londres, Singapur, Hamburgo, Brisbane y Riga.
El futuro de la descarbonización marítima parece haber encontrado un atajo. No se trata de inventar tecnologías exóticas desde cero, sino de integrar lo que ya sabemos que funciona (hidrógeno, baterías y sistemas eléctricos de potencia) de una manera mucho más inteligente. Si la tierra firme no tiene suficiente electricidad para alimentar a los gigantes de los océanos, la solución, irónicamente, siempre estuvo en volver a echarse al mar.
Imagen | ELIRE Maritime
Xataka | El gran reto de los drones era transportar cargas durante kilómetros. Una empresa china lo ha resuelto con hidrógeno
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La noticia
Cada vez que un megabarco llega a un puerto colapsa la red eléctrica. La alternativa ya existe y no necesita cables a la ciudad
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
.
Cada vez que un megabarco llega a un puerto colapsa la red eléctrica. La alternativa ya existe y no necesita cables a la ciudad
El consorcio ELIRE Maritime valida con éxito una megacentral modular e independiente de la red que evita años de faraónicas obras terrestres y reduce las emisiones en un 77%
Aunque la energía generada es de momento más cara que la tradicional, su rapidísimo despliegue ya ha captado la atención de los puertos de Londres, Singapur y Hamburgo
Los puertos de todo el mundo se enfrentan a un mandato urgente e ineludible: descarbonizarse. La exigencia pasa por apagar los enormes motores diésel de los buques comerciales y de cruceros una vez que atracan, conectándolos a la red eléctrica local. Sin embargo, en la práctica, las ciudades portuarias se han topado con un muro de hormigón: no hay suficiente capacidad en la red terrestre para enchufar a estos gigantes del mar.
Ante este cuello de botella, la respuesta de la ingeniería ha sido sacar el problema de la tierra firme. Un consorcio respaldado por el Reino Unido y liderado por la firma ELIRE Maritime ha validado con éxito lo que definen como "el primer centro de energía de hidrógeno flotante e independiente de la red del mundo".
¿El fin de las interminables obras portuarias? Para entender el impacto de este desarrollo, hay que mirar el calvario logístico actual. Tal y como subraya Enlit, instalar sistemas tradicionales de suministro eléctrico en tierra (conocidos en la industria como shore power) es una auténtica pesadilla. El proceso puede tardar entre tres y siete años, ya que requiere refuerzos masivos de la red, mejoras en las subestaciones, complejas obras civiles y unos plazos de concesión de permisos que paralizan cualquier avance. Todo ello consumiendo un espacio terrestre del que la mayoría de los puertos carecen.
Al colocar la infraestructura energética directamente en el agua, se sortea de un plumazo este obstáculo. Además, desde ELIRE Maritimedestacan una ventaja financiera crucial: el sistema evita el riesgo de crear "activos varados". A diferencia de una subestación de hormigón que no puede moverse si cambian las rutas marítimas, esta megacentral flotante puede reubicarse según dicte la demanda del mercado, otorgando a las autoridades portuarias una independencia total de la red.
Radiografía tecnológica. Lejos de ser un mero concepto sobre el papel, la tecnología acaba de superar un riguroso programa de validación de seis meses. El diseño físico, del que se hacen eco todos los medios, consta de tres plataformas flotantes hexagonales interconectadas que ocupan unos 1.200 metros cuadrados.
Pero, ¿cómo suministra energía sin colapsar? El sistema no utiliza generadores descomunales para inyectar energía de golpe al barco, sino que funciona bajo la premisa de una "batería flotante gigante". A través de pilas de combustible modulares de 1,3 MW que operan continuamente (apoyadas por hasta 146 kW de paneles solares a bordo), el sistema carga poco a poco un enorme banco de baterías de 45 MWh durante toda la semana. Cuando un barco atraca, esta batería libera la energía rápidamente, entregando 5 MW de potencia limpia y continua sin inmutarse.
Para alimentar este proceso, el sistema consume entre 7.500 y 8.000 kilos de hidrógeno a la semana. Cuenta con siete tanques a bordo integrados en contenedores de baja presión, que requieren repostaje un par de veces por semana. Esto permite a los puertos adoptar el hidrógeno gradualmente sin tener que acometer faraónicas obras para construir tuberías o instalaciones de almacenamiento permanentes en tierra.
El impacto real. Para garantizar su viabilidad en el mundo real, la plataforma ha sido sometida a pruebas de estabilidad y oleaje en los tanques de la Universidad de Strathclyde, mientras que gigantes de la industria como Schneider Electric y Ricardo UK han validado con éxito toda su compleja arquitectura eléctrica.
Las luces medioambientales: Según los análisis de viabilidad de la consultora Ricardo, el sistema puede reducir las emisiones de los buques atracados en un 77% frente a la generación tradicional con diésel. En cifras tangibles, esto supone un ahorro de unas 47 toneladas de CO₂ por barco cada semana (casi 2.450 toneladas anuales), además de erradicar por completo las emisiones de partículas tóxicas, óxidos de nitrógeno (NOx) y azufre (SOx) que envenenan el aire de las ciudades costeras.
La sombra del coste: Hoy por hoy, esta solución es más cara que enchufarse a la red convencional. El coste estimado de la energía de este centro de hidrógeno ronda entre las 0,25 y 0,50 libras por kWh, frente a las 0,15 - 0,25 libras del sistema terrestre tradicional. No obstante, el consorcio argumenta que este sobrecoste inicial se compensa por la asombrosa rapidez de despliegue y prevén que la estandarización y la futura caída del precio del hidrógeno igualen la balanza comercial.
El potencial es inmenso. El consorcio estima un mercado global de 62 TWh anuales para soluciones marítimas independientes de la red, con el potencial de evitar la emisión de 500.000 toneladas de CO₂ en la próxima década.
Próximas paradas.Como detalla ELIRE Maritime, el consorcio ya está en conversaciones comerciales para iniciar los primeros despliegues reales en puertos de primer nivel como Londres, Singapur, Hamburgo, Brisbane y Riga.
El futuro de la descarbonización marítima parece haber encontrado un atajo. No se trata de inventar tecnologías exóticas desde cero, sino de integrar lo que ya sabemos que funciona (hidrógeno, baterías y sistemas eléctricos de potencia) de una manera mucho más inteligente. Si la tierra firme no tiene suficiente electricidad para alimentar a los gigantes de los océanos, la solución, irónicamente, siempre estuvo en volver a echarse al mar.