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Café con hielo

Café con hielo
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El expreso perfecto se sirve en una tacita con plato y no se mezcla con cubitos

La última del verano

Café con hielo

El expreso perfecto se sirve en una tacita con plato y no se mezcla con cubitos

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J. R. Alonso de la Torre

21/08/2026 Actualizado a las 00:16h.

Están de moda los cafés de especialidad. Se distinguen porque cuando pides un café con hielo, el barista (profesional especializado en hacer café de calidad) ... frunce el ceño y procede como si fuera una bruja mezclando una pócima inmunda. El café con hielo es una aberración y los bares especializados lo sirven porque no les queda más remedio.

Una vez ironicé en un artículo sobre los Starbuks Coffee y resultó que su responsable en España era hijo de un compañero de trabajo. En vez de enfadarse, me mandó una preciosa tacita con su plato. Es mi favorita por el detalle y porque una tacita de café con plato no es un recipiente, sino un concepto, una manera de vivir, una filosofía, un homenaje al tiempo de los cafés bonitos y literarios.

El psicoanálisis se discutió en los cafés de la Viena imperial. Lenin escribía y jugaba al ajedrez con Trotsky en los cafés de Ginebra. Kierkegaard reflexionaba en los cafés de Copenhague. El Gijón de Umbral, A Brasileira de Pessoa, el São Goçalo de Teixeira de Pascoaes, el Novelty de Torrente Ballester, el Dindurra de Gijón, en cuya terraza he visto a Juan José Millás, o el Procope, donde se vieron por última vez Danton y Robespierre.

¡El pensamiento y la literatura europeas le deben tanto a los cafés! Steiner lo resumió en una frase célebre: «Mientras haya cafés, la noción de Europa tendrá sentido». A finales del siglo XVIII, los cafés desaparecieron de Londres, donde fueron una moda efímera. George Steiner cree que los pubs ingleses poseen su aura y su mitología particulares, «pero esos no son cafés, ahí no hay periódicos colgando de los tableros». Nigel Farage, líder antieuropeo y ultranacionalista inglés, aparece en las fotografías bebiendo cerveza en un pub, nunca en un café.

A finales del siglo pasado, Finlandia tenía una de las tasas más altas de suicidios del mundo: 30 por 100.000 habitantes, cuando el promedio europeo era de 10. El gobierno respondió con educación, información y formación. La tasa bajó a 13 y hoy, Finlandia destaca en las estadísticas por la educación y por ser los europeos que más café consumen: 12 kilos al año por persona.

Asociar el café con el bienestar y la educación no sería científico, pero no se puede negar que los estudiantes recurren a él para estimularse y aumentar la atención y su acción euforizante es irrefutable. En los países con pocas horas de sol, espantan las sombras con café y es allí, en Escandinavia y en el norte de Europa, donde más café se consume: entre 7 y 10 kilos por año y persona en, por este orden, Noruega, Islandia, Dinamarca, Holanda, Suecia, Suiza y Alemania.

En Italia es difícil tomar un mal café. Ellos inventaron el expresso, en concreto, un señor llamado Luigi Bezzera en 1901. Otros artistas del café son los portugueses. Para ellos es un ritual. Preparan el expresso con 6.5 gramos de café a nueve atmósferas de presión, el agua a una temperatura de 85-94 grados con 30 segundos de extracción. Lo beben al instante y se fijan en que el color de la crema sea de avellana, tenga tres centímetros de espesor y persista el sabor de dos a tres minutos. Pasado ese tiempo, ningún portugués sensato se bebe una bica en Lisboa o un cimbalino en Oporto. Y, desde luego, reniegan del café con hielo, una extravagancia española propia de ciudadanos insensatos capaces de beber sin protestar un brebaje de torrefacto con cubitos en cualquier bar de carretera.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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