Durante años, el mantra de la salud pública sin duda ha estado centrado en algo muy sencillo: caminar. Cualquier persona con tensión arterial alta, diabetes o cualquier otra enfermedad crónica recibía como 'tratamiento' el dar una caminata con el mantra de los 10.000 pasos de fondo sonando. Pero la realidad es que hay algunas voces que quieren derrocar este concepto de manera radical.
Las críticas. Felipe Isidro, catedrático de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, ha puesto el dedo en la llaga al apuntar que caminar no es ejercicio, sino que es deambular. Para este experto, recetar "caminar" a un paciente es tan útil como decirle que respire porque lógicamente a diario estamos caminando para ir de un sitio a otro (salvo que se esté inmovilizado). Y para el dar menos de 120 pasos por minuto es ineficiente.
Y la ciencia es algo que está respaldando en diferentes estudios, debido a que la biología humana es extremadamente eficiente: si un esfuerzo no supone un reto, el cuerpo no invierte energía en adaptarse. Esto es lo que la ciencia denomina "estímulo insuficiente".
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Ya sabemos cuánto ejercicio necesitamos para compensar un día de estar sentados. Y no es tanto
Por ejemplo, el estudio LITE analizó a personas que realizaban caminatas a baja intensidad y descubrieron algo bastante frustrante: en pruebas de resistencia y capacidad funcional, los resultados de quienes caminaban despacio eran prácticamente idénticos a los del grupo de control que no hacía nada. Y tiene sentido, puesto que para el organismo ese nivel de actividad era ruido de fondo, no ejercicio. Literalmente es como si se estuviera deambulando.
La regla del x3. Si comparamos el paseo casual con el ejercicio moderado o vigoroso, la diferencia no es lineal, sino que es exponencial. Según los datos del Framingham Heart Study, uno de los análisis más longevos y respetados del mundo, el ejercicio de intensidad moderada-alta es tres veces más efectivo para mejorar la condición física que caminar a un ritmo lento.
Y tiene sentido. La respuesta metabólica que tiene nuestro organismo se traduce en que un minuto de actividad vigorosa puede aportar los mismos beneficios cardiovasculares que seis minutos de caminata moderada. Pero además, los meta-análisis sobre diabetes tipo 2 muestran que el entrenamiento interválico (caminar rápido por tramos) reduce los niveles de azúcar en sangre de forma mucho más agresiva que caminar siempre al mismo ritmo.
Y aunque caminar más pasos reduce la mortalidad general, las revisiones publicadas en The Lancet sugieren que mantener ritmos excesivamente lentos puede elevar los riesgos cardiovasculares hasta un 44% en comparación con quienes fuerzan el paso.
Un detector de mentiras. ¿Dónde está la frontera científica entre "pasear" y "entrenar"? La literatura técnica sitúa el punto de inflexión en la cadencia. Para que caminar tenga un impacto real en los biomarcadores de salud (presión arterial, capacidad aeróbica, composición de grasa), los estudios sugieren un rango de entre 120 y 140 pasos por minuto.
Por debajo de esa cifra, estamos en lo que los fisiólogos llaman "actividad física ligera". Esta actividad es útil para romper el sedentarismo (y tiene beneficios probados en la salud mental y la movilidad de personas mayores, reduciendo un 14-16% sus dificultades motoras), pero es insuficiente para revertir problemas metabólicos o mejorar el sistema cardiorrespiratorio en adultos sanos.
En Xataka
Hemos aceptado que el deporte es "medicina" para el cuerpo. Ahora la ciencia está descubriendo sus efectos secundarios
Un veredicto claro. La ciencia no dice ahora mismo que caminar sea malo, sino que lo que da un efecto neutro o incluso perjudicial es hacer el mínimo básico. Es por ello que los pasos totales son excelentes para ampliar la longevidad general y para no morir antes de tiempo, pero lo que realmente protege la calidad de vida es la intensidad.
En definitiva, si el smartwatch de turno apunta a que se han dado a 10.000 pasos, pero sin que el corazón se haya enterado, la verdad es que solo se ha estado deambulando. Lo que se debe hacer es simplemente acelerar el paso para que nuestro organismo pueda reaccionar (siempre que los límites de cada uno lo permitan).
Imágenes | Arek Adeoye
En Xataka | Caminar cambia las reglas del alzhéimer: unos pasos al día bastan para frenar la chispa que enciende la enfermedad
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La noticia
Caminar no es hacer ejercicio: los 10.000 pasos diarios no sirven de nada si no se hacen bien
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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Caminar no es hacer ejercicio: los 10.000 pasos diarios no sirven de nada si no se hacen bien
Caminar a una baja velocidad puede ser la peor estrategia para conseguir algo positivo en nuestro cuerpo
Durante años, el mantra de la salud pública sin duda ha estado centrado en algo muy sencillo: caminar. Cualquier persona con tensión arterial alta, diabetes o cualquier otra enfermedad crónica recibía como 'tratamiento' el dar una caminata con el mantra de los 10.000 pasos de fondo sonando. Pero la realidad es que hay algunas voces que quieren derrocar este concepto de manera radical.
Las críticas. Felipe Isidro, catedrático de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, ha puesto el dedo en la llaga al apuntar que caminar no es ejercicio, sino que es deambular. Para este experto, recetar "caminar" a un paciente es tan útil como decirle que respire porque lógicamente a diario estamos caminando para ir de un sitio a otro (salvo que se esté inmovilizado). Y para el dar menos de 120 pasos por minuto es ineficiente.
Y la ciencia es algo que está respaldando en diferentes estudios, debido a que la biología humana es extremadamente eficiente: si un esfuerzo no supone un reto, el cuerpo no invierte energía en adaptarse. Esto es lo que la ciencia denomina "estímulo insuficiente".
Por ejemplo, el estudio LITE analizó a personas que realizaban caminatas a baja intensidad y descubrieron algo bastante frustrante: en pruebas de resistencia y capacidad funcional, los resultados de quienes caminaban despacio eran prácticamente idénticos a los del grupo de control que no hacía nada. Y tiene sentido, puesto que para el organismo ese nivel de actividad era ruido de fondo, no ejercicio. Literalmente es como si se estuviera deambulando.
La regla del x3. Si comparamos el paseo casual con el ejercicio moderado o vigoroso, la diferencia no es lineal, sino que es exponencial. Según los datos del Framingham Heart Study, uno de los análisis más longevos y respetados del mundo, el ejercicio de intensidad moderada-alta es tres veces más efectivo para mejorar la condición física que caminar a un ritmo lento.
Y tiene sentido. La respuesta metabólica que tiene nuestro organismo se traduce en que un minuto de actividad vigorosa puede aportar los mismos beneficios cardiovasculares que seis minutos de caminata moderada. Pero además, los meta-análisis sobre diabetes tipo 2 muestran que el entrenamiento interválico (caminar rápido por tramos) reduce los niveles de azúcar en sangre de forma mucho más agresiva que caminar siempre al mismo ritmo.
Y aunque caminar más pasos reduce la mortalidad general, las revisiones publicadas en The Lancet sugieren que mantener ritmos excesivamente lentos puede elevar los riesgos cardiovasculares hasta un 44% en comparación con quienes fuerzan el paso.
Un detector de mentiras. ¿Dónde está la frontera científica entre "pasear" y "entrenar"? La literatura técnica sitúa el punto de inflexión en la cadencia. Para que caminar tenga un impacto real en los biomarcadores de salud (presión arterial, capacidad aeróbica, composición de grasa), los estudios sugieren un rango de entre 120 y 140 pasos por minuto.
Por debajo de esa cifra, estamos en lo que los fisiólogos llaman "actividad física ligera". Esta actividad es útil para romper el sedentarismo (y tiene beneficios probados en la salud mental y la movilidad de personas mayores, reduciendo un 14-16% sus dificultades motoras), pero es insuficiente para revertir problemas metabólicos o mejorar el sistema cardiorrespiratorio en adultos sanos.
Un veredicto claro. La ciencia no dice ahora mismo que caminar sea malo, sino que lo que da un efecto neutro o incluso perjudicial es hacer el mínimo básico. Es por ello que los pasos totales son excelentes para ampliar la longevidad general y para no morir antes de tiempo, pero lo que realmente protege la calidad de vida es la intensidad.
En definitiva, si el smartwatch de turno apunta a que se han dado a 10.000 pasos, pero sin que el corazón se haya enterado, la verdad es que solo se ha estado deambulando. Lo que se debe hacer es simplemente acelerar el paso para que nuestro organismo pueda reaccionar (siempre que los límites de cada uno lo permitan).