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Campeones Regala esta noticia Añádenos en Google La noche de la final del Mundial de fútbol en Ramala (Palestina). (EFE / Magda Gibelli)

Cristina Vallejo

26/07/2026 a las 00:16h.

En un autobús, en una excursión, te puedes encontrar un guía georgiano que cuenta las amenazas rusas, el fraude electoral, la contención de las manifestaciones ... proeuropeas que sufre la ciudadanía más avanzada de su país, que quiere unirse a la UE, que se solidariza con Ucrania, que condena a Putin, que piensa que su territorio puede ser uno de sus siguientes objetivos si sigue sin que nadie le frene.

En el mismo minibús del georgiano y los iraníes va un grupo de amigos chinos que explican que en su país sólo tienen entre siete y diez días de vacaciones al año y ocho horas de jornada laboral mínima. La máxima... doce, trece, catorce, quién sabe. Lejos de ser una paradoja para un Estado comandado por la vanguardia proletaria, China es un país gobernado por un híbrido formado por lo peor de los dos mundos que hace décadas separaba el Telón de Acero y nada de lo que puedan tener de bueno: capitalismo salvaje y libertades públicas inexistentes.

En el vehículo viaja también una española que recuerda que en su país hubo represión, exilio, emigración económica. Celebra que ahora España es muy diferente y mejor a aquel país del pasado en blanco y negro manchado a veces con sangre. Y que es un lugar que trata a su gente mejor que muchos otros. Ahora es un territorio al que se viene, no del que se emigra o se huye. España es un Estado social y democrático de derecho, a la vanguardia en la conquista de libertades civiles e imitador más o menos diligente de conquistas sociales previas en otros países avanzados. Aquí no se persigue a manifestantes y, aunque perfectibles, hay derechos laborales. Pero ve sombras amenazantes de involución. ¿España va a ceder el derecho a no ir a trabajar estando enferma, a faltar unos días al tajo para atender a sus mayores cuando se sometan a una intervención quirúrgica, al permiso por matrimonio, a las vacaciones pagadas?, ¿España va a decretar que tiene color y es el blanco?, ¿va a permitir pasos atrás en los derechos de las mujeres, que ni siquiera son completos porque hasta su vida corre peligro con asesinatos machistas continuados?

Mejor ser campeones en convivencia

Está bien ser campeones del mundo en el fútbol, doblemente, porque también ellas, las futbolistas, lo son, pero mejor lo es no dejar que se pierda ni un gramo de los derechos laborales conquistados y luchar por mayor bienestar, mejores salarios y empleo más seguro, que no mate con sus accidentes. Lo bonito es ser líderes en derechos y faro y espejo para otros. Es fantástico ser campeones del mundo, mejor es serlo en libertades para las mujeres, las diferentes identidades sexuales y de género, de expresión, de creación, de cátedra, en educación o en ciencia sin otras cortapisas que la ética laica, el humanismo, los valores de la Ilustración.

Todo eso está en riesgo. España venció en el Mundial a la selección de un país dirigido por quien usa la motosierra de la que hace gala para cortar libertades y derechos. Y jugó en otro país en el que medios de comunicación y politólogos miden cómo su dirigencia va paulatinamente evolucionando hacia el autoritarismo, persiguiendo minorías, copando todos los poderes, violando la legislación internacional y con evidentes tics megalómanos hasta el meme que debe dar más miedo que risa.

Está bien ser campeones del mundo en el fútbol, mejor es serlo en convivencia, con gente procedente de los cinco continentes que vive aquí y se ha puesto la camiseta de la selección, tal es la buena acogida que siente en este país donde es un vecino más, porque en abstracto se lanzan exabruptos racistas, pero en lo concreto y en el día a día la armonía manda. La identificación de nuestros vecinos foráneos con los colores de España es más primaria y ausente de conflictos que entre mucha gente nacida aquí que necesita reconciliarse con ellos por esa convulsa historia nuestra con la que aún hay cuentas pendientes. Seguro que ese ponerse la camiseta de España también es un gracias por la residencia, por poder trabajar legalmente y con derechos, por poder ser ciudadanos de primera tras la regularización extraordinaria en curso.

La victoria en el Mundial además ha brindado un regalo a quienes ven el verde del césped, el balón y las patadas que esos 26 muchachos le han dado mejor que nadie como algo lejano y hasta ajeno: que haya propiciado una alegría en Gaza, en Palestina, que haya motivado una celebración en el otro extremo del Mediterráneo, también ésta de gratitud a este país que no calla ante un genocidio.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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