La historia comenzó hace unos días como uno de esos vídeos de Internet demasiado extraños para ser ciertos: una isla cubierta de árboles había aparecido en mitad del gigantesco embalse Williston, en la Columbia Británica. Incluso se pensó inicialmente que podía tratarse de IA. Las imágenes por satélite demostraron que no solo era real, sino que estaba a punto de hacer algo todavía más desconcertante: desaparecer y reaparecer decenas de kilómetros más allá.
No figuraba en los mapas. Williston es el mayor embalse de la Columbia Británica y el séptimo mayor del mundo por volumen, una gigantesca masa de agua artificial que alcanza unos 1.773 kilómetros cuadrados cuando está llena. Sus islas son conocidas y están cartografiadas, así que este verano sorprendió a los navegantes encontrarse una nueva.
Hablamos de una superficie verde y arbolada flotando cerca de Finlay Bay que no debía estar allí. Los primeros medios recibieron las primeras fotografías y vídeos el 13 de agosto. El portavoz de BC Hydro, Bob Gammer, reconoció que inicialmente dudaron de su autenticidad: en plena era de la IA, una isla desconocida aparecida de repente parecía demasiado perfecta para ser verdad.
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Un satélite da la primera pista. Los técnicos recurrieron a imágenes de satélite del 21 de julio y allí estaba: una masa de aproximadamente 140 metros de largo por 70 de ancho, unos 9.800 metros cuadrados de superficie y vegetación perfectamente establecida. El hallazgo era extraordinario porque no se trataba simplemente de un puñado de troncos a la deriva, sino de algo que visualmente parecía una auténtica isla, con árboles y plantas creciendo sobre ella.
Ocurre que cuando intentaron localizarla de nuevo había desaparecido de aquella posición, abriendo posibilidades bastante menos tranquilizadoras: podía haberse hundido, desintegrado, quedado oculta contra alguna orilla o continuar navegando por el enorme embalse.
Está más lejos. El giro llegó poco después. Combinando nuevas imágenes satelitales, observaciones desde pequeñas aeronaves y testimonios de navegantes, se encontró la isla apoyada contra la costa del brazo Ospika, aproximadamente 30 kilómetros al noroeste de donde había sido documentada originalmente.
Una imagen tomada en agosto permitió reconstruir lo ocurrido: en apenas 15 días aquella hectárea de bosque flotante había atravesado una parte del embalse hasta quedar atrapada contra otra orilla. Es decir, la isla que parecía haber desaparecido seguía prácticamente intacta, simplemente se había desplazado decenas de kilómetros sin que nadie supiera inicialmente dónde había terminado.
La isla fue avistada por primera vez en el lago Williston a finales de julio
La explicación bajo los árboles. Aunque todavía no se conoce con certeza su origen, se maneja una explicación bastante convincente. Contaba el New York Times que durante años, troncos y restos de madera pudieron acumularse en alguna zona protegida de la costa y comenzar a descomponerse. Sobre esa base fueron creciendo plantas, raíces e incluso árboles hasta entrelazarse y formar una enorme estructura vegetal capaz de mantenerse unida.
Este verano el nivel de Williston alcanzó cotas que no se veían desde hacía unos 14 años, por lo que el agua pudo levantar la masa, separarla de la orilla y dejar que viento y corrientes hicieran el resto. El propio embalse tiene una larga historia de acumulación de restos flotantes procedentes de las enormes superficies forestales inundadas cuando fue creado.
Lo más extraño. Las islas flotantes naturales existen y pueden formarse de distintas maneras. Uno de los ejemplos más conocidos está en el lago Chippewa de Wisconsin, donde el llamado Forty Acre Bog es una enorme masa de turba y vegetación desprendida que puede desplazarse por el agua; los navegantes locales han llegado a empujarla coordinadamente con sus barcos cuando amenaza con bloquear un puente.
La posible isla de madera de Williston tendría un origen diferente, pero comparte el mismo principio desconcertante: algo suficientemente grueso y cohesionado puede albergar vegetación y árboles y, pese a parecer tierra firme, continuar flotando.
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Parece tierra firme, pero no lo es. La isla se encuentra ahora contra la orilla y no representa una amenaza para la presa W.A.C. Bennett, pero las autoridades han pedido expresamente que nadie intente desembarcar en ella. Debajo de la vegetación habría troncos, raíces y madera en descomposición, de modo que su superficie puede ser inestable, abrirse o romperse bajo el peso de una persona.
Se permite acercarse en barco o fotografiarla con drones, pero también se recomienda mantenerse fuera. El descubrimiento, por tanto, ha solucionado el misterio de dónde terminó la isla, pero no el más interesante de todos: todavía queda por determinar exactamente cómo una hectárea de restos vegetales llegó a ensamblarse hasta convertirse en un pequeño bosque capaz de desprenderse de Canadá y navegar por su cuenta durante 30 kilómetros.
Imagen | Rocky Avery
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La noticia
Canadá acaba de descubrir una isla que no estaba en los mapas. El problema es que luego desapareció… y ha reaparecido 32 km más lejos
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
.
Canadá acaba de descubrir una isla que no estaba en los mapas. El problema es que luego desapareció… y ha reaparecido 32 km más lejos
La isla se encuentra ahora contra la orilla y no representa una amenaza
La historia comenzó hace unos días como uno de esos vídeos de Internet demasiado extraños para ser ciertos: una isla cubierta de árboles había aparecido en mitad del gigantesco embalse Williston, en la Columbia Británica. Incluso se pensó inicialmente que podía tratarse de IA. Las imágenes por satélite demostraron que no solo era real, sino que estaba a punto de hacer algo todavía más desconcertante: desaparecer y reaparecer decenas de kilómetros más allá.
No figuraba en los mapas.Williston es el mayor embalse de la Columbia Británica y el séptimo mayor del mundo por volumen, una gigantesca masa de agua artificial que alcanza unos 1.773 kilómetros cuadrados cuando está llena. Sus islas son conocidas y están cartografiadas, así que este verano sorprendió a los navegantes encontrarse una nueva.
Hablamos de una superficie verde y arbolada flotando cerca de Finlay Bay que no debía estar allí. Los primeros medios recibieron las primeras fotografías y vídeos el 13 de agosto. El portavoz de BC Hydro, Bob Gammer, reconoció que inicialmente dudaron de su autenticidad: en plena era de la IA, una isla desconocida aparecida de repente parecía demasiado perfecta para ser verdad.
Un satélite da la primera pista. Los técnicos recurrieron a imágenes de satélite del 21 de julio y allí estaba: una masa de aproximadamente 140 metros de largo por 70 de ancho, unos 9.800 metros cuadrados de superficie y vegetación perfectamente establecida. El hallazgo era extraordinario porque no se trataba simplemente de un puñado de troncos a la deriva, sino de algo que visualmente parecía una auténtica isla, con árboles y plantas creciendo sobre ella.
Ocurre que cuando intentaron localizarla de nuevo había desaparecido de aquella posición, abriendo posibilidades bastante menos tranquilizadoras: podía haberse hundido, desintegrado, quedado oculta contra alguna orilla o continuar navegando por el enorme embalse.
Está más lejos. El giro llegó poco después. Combinando nuevas imágenes satelitales, observaciones desde pequeñas aeronaves y testimonios de navegantes, se encontró la isla apoyada contra la costa del brazo Ospika, aproximadamente 30 kilómetros al noroeste de donde había sido documentada originalmente.
Una imagen tomada en agosto permitió reconstruir lo ocurrido: en apenas 15 días aquella hectárea de bosque flotante había atravesado una parte del embalse hasta quedar atrapada contra otra orilla. Es decir, la isla que parecía haber desaparecido seguía prácticamente intacta, simplemente se había desplazado decenas de kilómetros sin que nadie supiera inicialmente dónde había terminado.
La isla fue avistada por primera vez en el lago Williston a finales de julio
La explicación bajo los árboles.Aunque todavía no se conoce con certeza su origen, se maneja una explicación bastante convincente. Contaba el New York Times que durante años, troncos y restos de madera pudieron acumularse en alguna zona protegida de la costa y comenzar a descomponerse. Sobre esa base fueron creciendo plantas, raíces e incluso árboles hasta entrelazarse y formar una enorme estructura vegetal capaz de mantenerse unida.
Este verano el nivel de Williston alcanzó cotas que no se veían desde hacía unos 14 años, por lo que el agua pudo levantar la masa, separarla de la orilla y dejar que viento y corrientes hicieran el resto. El propio embalse tiene una larga historia de acumulación de restos flotantes procedentes de las enormes superficies forestales inundadas cuando fue creado.
Lo más extraño. Las islas flotantes naturales existen y pueden formarse de distintas maneras. Uno de los ejemplos más conocidos está en el lago Chippewa de Wisconsin, donde el llamado Forty Acre Bog es una enorme masa de turba y vegetación desprendida que puede desplazarse por el agua; los navegantes locales han llegado a empujarla coordinadamente con sus barcos cuando amenaza con bloquear un puente.
La posible isla de madera de Williston tendría un origen diferente, pero comparte el mismo principio desconcertante: algo suficientemente grueso y cohesionado puede albergar vegetación y árboles y, pese a parecer tierra firme, continuar flotando.
Parece tierra firme, pero no lo es. La isla se encuentra ahora contra la orilla y no representa una amenaza para la presa W.A.C. Bennett, pero las autoridades han pedido expresamente que nadie intente desembarcar en ella. Debajo de la vegetación habría troncos, raíces y madera en descomposición, de modo que su superficie puede ser inestable, abrirse o romperse bajo el peso de una persona.
Se permite acercarse en barco o fotografiarla con drones, pero también se recomienda mantenerse fuera. El descubrimiento, por tanto, ha solucionado el misterio de dónde terminó la isla, pero no el más interesante de todos: todavía queda por determinar exactamente cómo una hectárea de restos vegetales llegó a ensamblarse hasta convertirse en un pequeño bosque capaz de desprenderse de Canadá y navegar por su cuenta durante 30 kilómetros.