Viernes, 21 de agosto de 2026 Vie 21/08/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Canciones de un mundo perdido

Canciones de un mundo perdido
Artículo Completo 517 palabras

Mi hermosa lavandería

Canciones de un mundo perdido Regala esta noticia Añádenos en Google

Isabel Coixet

21/08/2026 a las 12:18h.

Los 80 y los 90 son años de peinados imposibles: de Margaret Thatcher a Robert Smith, pasando por todos los punks habidos y por haber, ... los new romantics y algún skinhead que otro, el consumo de laca debió de crecer exponencialmente en esas décadas y probablemente contribuyó a agrandar unos cuantos centímetros el agujero de la capa de ozono.

La música era buenísima y sonaba con una potencia increíble. Tan buena que podías bailar completamente sobria. Nunca he bailado tantas horas seguidas en mi vida ni he sentido tantas ganas de abrazar al DJ

La música era buenísima y sonaba con una potencia increíble. Tan buena que podías bailar completamente sobria. Nunca he bailado tantas horas seguidas en mi vida y nunca he sentido tantas ganas de abrazar al DJ (Fatboy Slim, DJ Harvey, tantos…). Recuerdo la noche que escuché la voz de Caron Wheeler en directo cantando Back to life, coreada salvajemente por las ochocientas personas de la sala (teóricamente cabían sólo seiscientas). Recuerdo los primeros temas de The Bucketheads, Depeche Mode, The Housemartins, Joy Division, Frankie Goes to Hollywood, Pet Shop Boys, Human League, Orchestral Manoeuvres in the Dark, Style Council…

Pero, si soy honesta, lo que realmente recuerdo es un grupo que nunca sonaba en el Ministry of Sound: The Cure. «Too sad» ('demasiado triste') decían cuando preguntaba por qué nunca lo pinchaban. La voz de Robert Smith, su actitud vital, su mera existencia han sido grandes compañeros de vida. Robert Smith es seguramente la estrella del pop más íntegra, lúcida y coherente de las últimas décadas. Dice lo que siente y cuando no tiene nada que decir se calla. Te lo puedes imaginar en las reuniones de marketing de su discográfica partiéndose de risa. Sus canciones tocan una fibra muy precisa: hablan a los niños incomprendidos, inocentes, tristes, de buena fe. A la gente que no se engaña sobre la naturaleza humana y, sin embargo, sigue creyendo en alguna forma de belleza que se esconde en los actos de amor que iluminan la oscuridad. The Cure tienen en su repertorio las canciones más genuinamente románticas y menos cursis de la historia del pop. Y en su último trabajo, Songs of a lost world, consiguen algo inaudito: hacer canciones sobre un mundo perdido («El mundo que conocí ya no existe», canta en el tema Alone) sin renunciar a la esperanza.

Robert Smith se sigue poniendo laca en el pelo, se sigue pintarrajeando los labios como un niño pequeño que se ha bebido los restos de cerveza de los vasos de los adultos y sale al escenario con una energía y una verdad que no veo en grupos con la mitad de su edad. Es mi animal totémico forever. A alguna gente quizás les parezca un mamarracho. Para mí, es un ídolo.

Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir