La Gran Manzana es una de las principales sedes del torneo, pero ahora está a otra cosa: los Knicks y las finales de la NBA. Ambas competiciones compartirán territorio: el lío está asegurado
Regala esta noticia Añádenos en Google Aficionados de los Knicks se suben a un coche de policía tras el triunfo de los Knicks. (EFE)Javier Ansorena
Corresponsal en Nueva York
12/06/2026 Actualizado a las 14:41h.La pelota ya rueda en el Mundial, pero buena parte del principal país organizador, EE.UU., está a otra cosa. Muchos, porque el fútbol todavía ... les resulta ajeno, pese a todos los esfuerzos -dos Mundiales en poco más de tres décadas, una liga profesional que gana potencia- para que el deporte rey sea aquí al menos príncipe o infante. Pero, para muchos locos del deporte, porque están pendientes de unas finales de la NBA apasionantes e históricas. La pasión está puesta en los Knicks y los Spurs.
Pero Nueva York está a otra cosa. La Gran Manzana está teñida de azul y naranja, el color de los Knicks. La ciudad vive una enajenación deportiva transitoria con el equipo de la NBA. No llegan a una final desde el año 1999, cuando las Torres Gemelas seguían en pie, cuando el 67% de los neoyorquinos de ahora o todavía no habían nacido o no habían llegado a la ciudad. Y no gana un campeonato desde 1973.
Durante la final a siete partidos, la ciudad se ha volcado. Los bares están a reventar, se multiplican las fiestas de visionado de los partidos, los vecinos sacan las pantallas a la calle en estas noches tropicales de final de primavera. El que no tiene una camiseta, una gorra, una chaqueta de los Knicks está a punto de comprársela.
El clímax en esta locura fue el miércoles por la noche, madrugada del jueves en España, en la remontada histórica de los Knicks contra los Spurs, que desperdiciaron una ventaja de 29 puntos. Nadie se lo podía creer y toda la ciudad estará pendiente del quinto partido, con las series de vuelta en San Antonio.
Ese día, las finales entrarán en colisión con el Mundial. Brasil juega contra Marruecos poco antes del partido de la NBA. Da igual que los Knicks estén en Texas. Las finales de la NBA y el Mundial comparten territorio: la zona del Madison Square Garden.
El estadio de los Knicks, un templo de la historia del deporte, se levanta sobre Penn Station, el principal núcleo de transporte de Nueva York. Por aquí pasan varias líneas de metro y, sobre todo, desde aquí parten los trenes de larga distancia y varias líneas de cercanías. Entre otras, la que cruza por debajo del río Hudson hasta Nueva Jersey para llegar al MetLife Stadium, donde se jugarán los partidos del Mundial.
Decenas de miles de aficionados pasarán por aquí en los partidos. Y se juntarán con los locos de los Knicks, que se han concentrado aquí en fiestas con pantallas gigantes o en los cientos de 'sports bar', garitos llenos de pantallas con deportes, para ver a su equipo.
Todas las noches de partido han acabado con incidentes, palizas bochornosas a algún despistado con camiseta de los Spurs, fanáticos subidos a ambulancias o coches de policía, enfrentamientos con los agentes, decenas de arrestos y destrozos de equipamiento urbano.
En Nueva York hay mucho temor a que el caos vaya a mayores si los Knicks ganan y están a un solo partido de hacerlo. Eso podría ocurrir el sábado por la noche, y los seguidores que regresen del partido a Penn Station, que ya será un lío por sí mismo, se encontrarán con el caos en la zona.
Si los Spurs alargan la serie hasta un sexto partido, eso podría ser mucho peor. Un 'Armaggedon' de transporte y de fanáticos, lo llaman algunos. Se jugaría el martes, 16 de junio, de vuelta en el Madison Square Garden. Y coincidirá con otro partido del Mundial de gran interés: una de las grandes favoritas, Francia, frente al equipo con quizá la afición más vistosa, Senegal.
Esa tarde, en Penn Station, con los alrededores tomados por la policía, los aficionados, con los cortes de tráfico que se han producido en los últimos días, se mezclarán los que vuelven del Mundial con los que van a ver a los Knicks. Mucha emoción, muchos nervios, mucha mezcla de gentío, más allá del caos en el tráfico. Incluso aunque muchos de los seguidores de la NBA vivan a la espalda del Mundial, y viceversa.
«Nos estamos preparando para cualquier cosa que pueda ocurrir», aseguró el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que es fanático del fútbol -del Arsenal, en particular- y que se ha volcado con el Mundial. Desde organizar visionados de los partidos en pantallas gigantes en los principales parques de la ciudad, hasta participar en pachangas en la calle para promocionar el torneo.
«Cada día de partido, cerca de cien mil personas tomarán los trenes y autobuses para ir a los eventos del Mundial», ha dicho la gobernadora del estado, Kathy Hochul. «100.000 personas no está mal, pero nos ocupamos de seis millones de viajeros cada día», recordó sobre la cantidad de gente que se mueve en Nueva York y su región metropolitana, que incluye Nueva Jersey y Connecticut. «Así que esto está totalmente bajo nuestro control, sabemos cómo gestionar ese volumen».
Pero lo que puede ocurrir en Nueva York es algo que va más allá del volumen de viajeros y un atasco de transporte: gente desaforada, mucha tensión acumulada y dos deportes que casi siempre se dan la espalda en EE.UU. y ahora se van a mirar de frente.
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