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Capítulo 2: Las 12 puñaladas que acabaron con el jefe de la Casa Larios

Capítulo 2: Las 12 puñaladas que acabaron con el jefe de la Casa Larios
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El crimen de Antonio Jiménez Astorga a manos de un agitador nacido en El Borge, Salvador Marín Criado, conmocionó a la sociedad malagueña y ahondó en la profunda brecha entre las clases burguesa y obrera

Málaga Negra

Capítulo 2: Las 12 puñaladas que acabaron con el jefe de la Casa Larios

El crimen de Antonio Jiménez Astorga a manos de un agitador nacido en El Borge, Salvador Marín Criado, conmocionó a la sociedad malagueña y ahondó en la profunda brecha entre las clases burguesa y obrera

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Ana Pérez-Bryan

19/06/2026 a las 23:38h.

Cuando cayó fulminado de doce puñaladas en la misma calle que había ayudado a construir, Antonio Jiménez Astorga lo era todo en la ciudad. Símbolo ... del poder, la influencia y los negocios redondos de las grandes familias del XIX, el industrial se había convertido en una pieza vital de ese puzzle burgués gracias a su papel de apoderado de la Casa Larios. En sus manos, la gestión de la extraordinaria fortuna de la familia, de las más de mil viviendas de su propiedad -había siete mil en la Málaga de la época-, o de los negocios de los descendientes del primer marqués de Larios. También de los asuntos propios como dueño de las bodegas Jiménez y Lamothe, que en 1916 la familia vendería, precisamente, a los Larios.

calle Larios, inaugurada con honores 15 años antes como símbolo de la Málaga burguesa y en la que el apoderado de los marqueses había jugado un papel fundamental: había sido él el encargado de negociar la expropiación de las más de cien parcelas sobre las que se alzaría la vía y, además, fue el representante del todopoderoso clan el día de su inauguración, en agosto 1891, dado que la familia Larios ya había cortado sus lazos con la ciudad y huido a París tras los acontecimientos de la revolución obrera de 'La Gloriosa'.

El negocio que había ocupado parte de su vida fue también el escenario de su muerte. De su asesinato. Tenía 68 años.

Las causas reales del ataque siguen envueltas en dudas casi 120 después. Las investigaciones apuntaron, en primer lugar, a un crimen de corte anarquista, pero el registro en la casa del detenido no arrojó pruebas concluyentes. También se barajó un ataque casual y sin que mediara palabra entre víctima y homicida. La tercera, y la hipótesis que cobró más fuerza en el juicio posterior, es que Salvador Marín Criado se había acercado al apoderado de la Casa Larios a pedirle trabajo porque sus hijos «llevaban días sin comer». La víctima, molesta con el abordaje del individuo, le habría contestado de malas formas: «Si no tienen para comer, vete a robar, que tienes cara de ladrón».

Marín Criado lo abordó en calle Larios para pedirle ayuda y la víctima, molesta, le habría dicho: «Vete a robar que tienes cara de ladrón»

Lo que sí está claro es que todo sucedió en minutos, en plena calle Larios y a la altura del número 12, esquina con calle Martínez. Justo a las puertas de la ferretería que regentaba José Guerrero. Eran las siete y cuarto de la tarde, de modo que hubo testigos. Uno de los primeros en darle asistencia fue el médico Sebastián Pérez Souvirón, que lo llevó en coche al domicilio donde vivía Jiménez Astorga con su hermano Emilio, en el número 6 de la calle Larios. En la primera exploración, en la que también intervino el célebre doctor José Gálvez Ginachero, sólo apreciaron tres puñaladas, pero más tarde contabilizaron hasta una docena. Una de ellas, a la altura del estómago, le provocaría la muerte después de cuatro días de agonía en el Hospital Civil.

Las crónicas de la época recogen también las primeras palabras de la víctima cuando los médicos examinaron su estado y aún no eran conscientes de la gravedad de las heridas: «El señor Jiménez pudo hablar aunque con gran trabajo, y contestarle al médico señor Souvirón, que le preguntó cuál era su estado, manifestando que se sentía muy molesto». Añadió, además, que se extrañaba de la agresión de la que había sido víctima unos minutos antes.

Arriba, esquina de la calle Larios donde tuvo lugar el crimen de Jiménez Astorga. Al lado, Salvador Marín Criado. Abajo, el periódico del día siguiente con la esquela de Antonio Jiménez Astorga.

Tras el ataque, Salvador Marín trató de huir por la calle Alarcón Luján, pero «los pitos de la alarma llamaron la atención de los agentes de la autoridad y el guarda particular Manuel Moyano corrió tras él amenazándolo con una pistola. A la intimidación del guarda se paró el criminal, siendo conducido a la Prevención», se recoge en la edición del periódico del día siguiente.

Con la ciudad en 'shock' por la identidad de la víctima, especialmente conocida y respetada en los círculos burgueses, la atención de la prensa se dirigió inmediatamente hacia la identidad del agresor. ¿Quién era Salvador Marín Criado? Las crónicas entraron de lleno en todos y cada uno de los aspectos de su pasado hasta el momento en que su camino se cruzó con el de Jiménez Astorga en una esquina de calle Larios. Tenía 38 años, era natural de El Borge y en el momento del crimen vivía «con su amante» y las dos hijas de ésta en la calle Churruca, número 22, en el barrio de la Trinidad. Antes de su traslado a Málaga fue jornalero y en el momento del ataque al apoderado de los Larios no tenía ocupación conocida.

En El Borge, muchos vecinos recordaban a Marín Criado como «un valiente» y un héroe de guerra

Si en Málaga su identidad era un misterio, en El Borge sí recordaban bien a Salvador por algunos episodios que hacían que sus vecinos lo consideraran «un valiente» y un héroe de guerra. En esas mismas crónicas, recuerdan que se marchó al servicio militar y que por motivos que no se conocían «dio muerte a un sargento de su regimiento», un hecho por el que fue sometido a juicio y condenado a pena de muerte. Sin embargo, le fue concedido el indulto; y a cambio se enroló en la llamada 'guerrilla de la muerte', un batallón de soldados con sede en Melilla que al cabo de los años se incorporaría a la Guerra de Cuba. Allí, su suerte volvió a cambiar; en este caso con la concesión de la Cruz Roja de Plata al mérito militar tras una acción de guerra en la que salvó la vida al jefe de su columna. Sus pasos, finalmente, terminarían en Málaga, donde encadenó varios trabajos hasta que se asentó en las labores del campo. Y hasta que se cruzó con Antonio Jiménez Astorga.

Con Marín Criado de nuevo en la cárcel por el homicidio del apoderado de la Casa Larios, la espera hasta el juicio volvió a dejar en la ciudad -al igual que sucediera tras la muerte de Manuel Loring Heredia- la evidencia de una fractura casi irreparable entre la clase burguesa y la clase obrera. Su caso tuvo una atención mediática sin precedentes y dividió a la opinión pública, que aún conservaba en la retina las imágenes que se vivieron en la ciudad durante el entierro de Jiménez Astorga: el sepelio fue descrito como uno de los más multitudinarios de la historia de la ciudad, comparable a una procesión de Semana Santa «por la cantidad de autoridades y representantes burgueses que acudieron». Aquello no se trató como un simple crimen de sangre, sino como un estallido social entre dos bandos. Como otro más.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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