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Carboneras, un gobierno en ruinas

Carboneras, un gobierno en ruinas
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Varios pactos de gobierno, una moción de censura, un goteo de dimisiones y de transfugas y El Algarrobico como telón de fondo: así colapsó su Ayuntamiento
Carboneras, un gobierno en ruinas

Varios pactos de gobierno, una moción de censura, un goteo de dimisiones y de transfugas y El Algarrobico como telón de fondo: así colapsó su Ayuntamiento

Regala esta noticia Añádenos en Google El alcalde de Carboneras, Salvador Hernández, durante la celebración de un pleno del municipio. (MARIAN LEÓN / EUROPA PRESS)

Miguel Cárceles

28/09/2026 a las 02:00h.

Dicen de Carboneras (8.458 habitantes) que es un pueblo con sociedad de pueblo, estructuras de pueblo y problemas de gran ciudad. Sea o no ... así, se ha convertido en un caso de estudio sobre la inestabilidad institucional, la fragmentación partidista y el colapso de la gobernabilidad municipal. Lo que en las elecciones locales de mayo de 2023 se perfilaba como un mandato complejo pero manejable marcado por un estrecho empate técnico entre PP y PSOE se ha transformado en una espiral de autodestrucción política. Pactos de investidura cruzados, mociones de censura, expulsiones orgánicas, la interferencia judicial del caso El Algarrobico, transfuguismo en casi todas las siglas y el abandono progresivo de todas las fuerzas con representación han abocado al consistorio a una situación insólita: un Ayuntamiento al frente del cual ha quedado, en absoluta soledad, un único concejal: Salvador Hernández (Cs).

Sin embargo, el pleno de constitución de la corporación no se pudo celebrar en la fecha prevista fijada para todo el país. Carboneras fue uno de los últimos municipios de Andalucía en constituir su Ayuntamiento debido a la interposición de recursos contencioso-electorales por parte del PSOE, apuntando a presuntas irregularidades en el voto por correo investigadas en el Juzgado de Instrucción número 4 de Vera.

Los socialistas solicitaron la suspensión del proceso, pero la Junta Electoral Central primero, y el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) después, desestimaron paralizar la constitución. Las instancias judiciales aplicaron el principio de conservación de los actos electorales y determinaron que la vía penal debía seguir su curso por separado. Este cruce de impugnaciones retrasó la investidura hasta el 7 de julio de 2023. En aquella tensa sesión plenaria, Felipe Cayuela fue proclamado alcalde por el PP tras recabar el apoyo del edil de Cs, quien asumió la cartera de Urbanismo.

La crisis de los siete meses

El pacto entre Cayuela y Hernández prometía estabilidad, pero la sintonía duró apenas siete meses. Las discrepancias en el seno del Ejecutivo derivaron en una enemistad profunda entre el alcalde y su socio de gobierno, estallando abiertamente con la destitución unilateral de un asesor y la salida de Salvador Hernández del equipo de gobierno. La decisión del regidor causó perplejidad y malestar en el PP, al no comprenderse cómo el propio alcalde desestabilizaba una mayoría absoluta garantizada.

El escenario se complicó aún más con el abandono de la disciplina del PSOE por parte del concejal socialista Andrés Belmonte, quien pese a todo nunca pasó al grupo de ediles no adscritos. Viéndose expulsado del Gobierno local, Salvador Hernández entabló negociaciones con la oposición socialista, fraguando un acuerdo de moción de censura con un reparto salomónico de la alcaldía: casi dos años de mandato para Salvador Hernández y los últimos para el socialista José Luis Amérigo.

El 15 de marzo de 2024, la moción de censura prosperó con siete votos a favor frente a los seis en contra del PP. Salvador Hernández tomaba de nuevo el bastón de mando. La derrota provocó una tormenta interna en el PP de Carboneras: al advertir que la dirección provincial preparaba su relevo y expulsión, Felipe Cayuela renunció a sus siglas y pasó al grupo de no adscritos, inaugurando una dinámica de transfuguismo que terminaría por salpicar a todas las bancadas.

Lejos de pacificar la vida municipal, la investidura de Salvador Hernández abrió una etapa de volatilidad extrema. Tras las fiestas de San Antonio, Hernández retiró las delegaciones a tres concejales del PSOE -incluido el exregidor- justificando su decisión en la «organización nefasta» de los festejos. Solo dos concejalas socialistas permanecieron dentro del Ejecutivo junto con el díscolo Belmonte, dejando al alcalde gobernando en minoría.

Frente a esta fragilidad, la estrategia de Hernández consistió en sumar apoyos individuales, incorporando progresivamente a su equipo a concejales electos en las listas del PP. En paralelo, la concejala popular Ángeles Carrillo abandonaba la formación conservadora para pasar también al grupo de no adscritos. En las filas socialistas, la fractura interna se profundizó hasta dejar al portavoz José Luis Amérigo completamente aislado junto a dos ediles. El pleno se había hecho añicos.

El laberinto de El Algarrobico

No obstante, el punto de máxima tensión se alcanzó con la gestión de la licencia de El Algarrobico. Acatando los requerimientos del TSJA, el Pleno debía votar la anulación definitiva de la licencia de obras del hotel. Es un tema singularmente espinoso porque no existe una mayoría social favorable al derrivo en la localidad -como sí que existe en el exterior-. Una inédita alianza formada por cinco concejales del PSOE y los dos ediles no adscritos procedentes del PP decidió posponer la decisión y dejó al regidor con la mesa puesta y el plato frío. La dirección del PSOE abrió expediente de expulsión a los cinco ediles desobedientes y disolvió la Asamblea Municipal. Aunque semana y media más tarde la anulación salió adelante con el voto favorable de ocho regidores, la herida orgánica y plenaria ya era irreparable.

Las secuelas de los dos plenos de El Algarrobico hicieron mella en el grupo de concejales del Partido Popular que se habían sumado a la gestión. El 14 de julio, el secretario general del PP de Almería, Francisco González Bellido, anunció la ruptura total del pacto de coalición y el paso de su formación a la oposición, alegando pérdida de confianza, irregularidades en pagos a proveedores, la creación unilateral de bolsas de empleo bajo un Plan de Ajuste y profundas discrepancias sobre El Algarrobico.

Tras el portazo del PP, el equipo de gobierno quedó reducido al propio Salvador Hernández y a la concejala no adscrita Ángeles Carrillo. La coexistencia duró muy poco: las desavenencias y los votos en contra de Carrillo colmaron la paciencia del regidor.

El pasado lunes 21, Salvador Hernández revocó todas las competencias y delegaciones a Ángeles Carrillo. Con este último movimiento, Carboneras ha alcanzado un escenario político insólito: un consistorio gobernado por una sola persona. Salvador Hernández ostenta en solitario la totalidad de las áreas de gestión del Ayuntamiento, al frente de una corporación atomizada, fragmentada por el transfuguismo y sumida en una parálisis sin precedentes.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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