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Carrera de contrastes en Andalucía

Carrera de contrastes en Andalucía
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De la moderación estratégica de Juanma Moreno al referéndum sanitario que propone María Jesús Montero, la comunidad inicia con grandes desequilibrios su camino hacia las urnas

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Juanma Moreno y Felipe González, este jueves en Sevilla. Joaquín Corchero / Europa Press Política andaluza Carrera de contrastes en Andalucía

De la moderación estratégica de Juanma Moreno al referéndum sanitario que propone María Jesús Montero, la comunidad inicia con grandes desequilibrios su camino hacia las urnas

Héctor Barbotta

Sevilla

Domingo, 29 de marzo 2026, 00:49 | Actualizado 01:08h.

... tensas. El decreto de disolución del Parlamento para ir a las urnas el 17 de mayo no solo ha activado la maquinaria electoral, sino que ha puesto de relieve una comunidad que camina hacia el voto fracturada en dos realidades paralelas, casi irreconciliables en su diagnóstico y en sus formas. Como si se tratara de dos territorios diferentes.

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El primer gran contraste se personifica en los dos principales aspirantes a San Telmo. Por un lado, el presidente, Juanma Moreno, ha diseñado una campaña basada en la aparente tranquilidad. Su discurso pronunciado ante la Junta Directiva de su partido es un manual de moderación estratégica: pide a los suyos no caer en provocaciones, evitar el barro de la confrontación y presentarse como el refugio de las clases medias y trabajadoras.

Moreno busca la mayoría absoluta apelando a la estabilidad institucional. Se presenta como un hombre de Estado que se siente cómodo compartiendo escenario con Felipe González y exhibe su nostalgia por la época en la que las dos patas del bipartidismo parecían coincidir, sin muros de por medio, en un proyecto común para España. Es toda una declaración sobre el modelo al que aspira, pero también puede leerse como una estrategia para ensanchar su base electoral. Su gran enemigo no es el PSOE, sino el exceso de confianza contra el que advierte a las bases de su partido. «No os confiéis, esto no está ganado», repite como un mantra para evitar la desmovilización de su electorado. Posiblemente sí esté cerca de estar ganado, pero no es lo mismo 54 escaños que 55.

Moreno exhibe su nostalgia por la época del bipartidismo, cuando los acuerdos de Estado eran posibles

Frente a esa balsa de aceite, María Jesús Montero ha desembarcado en Andalucía con un tono de urgencia casi existencial. La ya ex vicepresidenta primera ha planteado estos comicios como un referéndum sobre la sanidad pública. Como si el principal partido de la oposición no atisbara en el horizonte otro punto débil del Gobierno del PP, el tema amenaza con convertirse en monográfico. Su estrategia es clara: agitación frente a gestión.

Montero necesita movilizar a los cientos de miles de abstencionistas que han votado a Pedro Sánchez en las generales, pero que una y otra vez se quedan en casa en las autonómicas. Para lograrlo, ha lanzado un órdago directo a Moreno, acusándole de planear la implantación del copago sanitario y de utilizar las fiestas que jalonan la primavera andaluza para invisibilizar la campaña. «Nos jugamos la vida y la salud», afirma con vehemencia, buscando convertir cada centro de salud en un improvisado colegio electoral.

Primer error

La batalla también se libra en el terreno de las formas y los sacrificios personales. Montero reivindica su regreso como un acto de entrega, definiéndose como «la mujer con más poder del conjunto de la democracia» que renuncia a sus galones en Madrid para rescatar a los andaluces, en un relato que ya puede considerarse como la primera metedura de pata de la campaña. La candidata hablando en primera persona de sí misma ha pasado a ocupar un lugar destacado el listado de los errores de un camino hacia las urnas que se antoja larguísimo.

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Montero entrega la cartera de la vicepresidencia primera a su sucesor, Carlos Cuerpo. A. Pérez Meca / Europa Press

La afirmación ha sido recibida con sarcasmo en las filas rivales. Elías Bendodo ironiza sobre el «altísimo concepto de sí misma» de la candidata, mientras que el propio Moreno señala lo que considera una falta de compromiso real: el hecho de que Montero mantenga su escaño en el Congreso de los Diputados. Para el presidente, ese es su seguro de vida, la prueba de que no tiene intención de quedarse en la oposición si los números no le dan para gobernar. Montero apela a una explicación burocrática: si renuncia a su escaño puede perder su plaza en el hospital Virgen del Rocío. Y lanza un tiro por elevación contra el presidente de la Junta: quien nunca ganó unas oposiciones, argumenta, no tiene por qué saberlo.

El eje que la candidata socialista quiere instalar en la contienda es la gestión sanitaria. Montero despliega un catálogo de agravios: listas de espera récord, el «drama» de los cribados de cáncer de mama y una privatización encubierta a través del auge de los seguros privados, que ya alcanzan al 50% de la población en provincias como Sevilla. Su promesa es un plan de choque inmediato para «revertir el colapso» y recuperar el brillo de una joya de la corona que ella misma gestionó como consejera.

Acuerdo

La respuesta de Moreno ha sido puramente pragmática. Justo en la semana de la convocatoria, la Junta ha sellado un acuerdo con todos los sindicatos de la Mesa Sectorial (Satse, SMA, CSIF, CCOO y UGT) para un nuevo modelo de carrera profesional. El presidente esgrime este pacto, que beneficia a 130.000 profesionales y reconoce por fin los años de formación MIR, como el mejor antídoto contra los «bulos» de la oposición. Mientras Montero habla de futuro incierto y copagos, Moreno exhibe firmas y mejoras salariales presentes, intentando desactivar la bomba de relojería sanitaria antes de que llegue a las urnas. En el Gobierno andaluz y en el PP consideran que este movimiento ha desactivado la estrategia socialista.

El segundo gran contraste de esta carrera se observa en los flancos del tablero. Vox atraviesa una paradoja organizativa inquietante. El partido vive una purga interna sin precedentes, para mantenerse como un bloque monolítico en el que no cabe la más mínima disidencia. Al elegir a Manuel Gavira, un portavoz fiel y disciplinado, la dirección nacional de Vox se asegura un candidato sin aristas ni personalismos.

Montero ha desembarcado en Andalucía con un tono de urgencia existencial: afirma que la salud se juega en estas elecciones

Sin embargo, las costuras internas arden. La reciente expulsión de Espinosa de los Monteros se suma a las de Javier Ortega Smith o José Ángel Antelo, configurando lo que los críticos llaman un «régimen del terror». Pero, de cara al electorado andaluz, Vox se presenta como un bloque sin fisuras, un monolito que no admite matices ni debates, lo que contrasta radicalmente con el espectáculo de la izquierda.

En el espacio progresista más allá del PSOE, la situación es de una división suicida. A pesar de los llamamientos a la unidad y a la «responsabilidad política» realizados por la vicepresidenta Yolanda Díaz, quien reconoce en Moreno a un «gran adversario», la realidad es que la izquierda acudirá atomizada en tres papeletas: Por Andalucía, Adelante Andalucía y Podemos.

Adelante tiene su propio proyecto, de carácter andalucista y además alentado por un grupo -Anticapitalistas-, perteneciente a una corriente histórica dentro de la izquierda cuya búsqueda de la pureza ideológica hace que las alianzas de largo plazo le provoquen alergia.

Fobias

Pero lo de Podemos e Izquierda Unida parece más inspirado en fobias personales no nacidas en Andalucía, sino en Madrid. Concretamente las que separan a Pablo Iglesias e Irene Montero de un lado y a Yolanda Díaz del otro.

Previendo la catástrofe, el secretario de Organización morado, Pablo Fernández, lanzó este viernes un llamamiento a negociar la unidad y se encontró con una respuesta contundente de Antonio Maíllo: si quieren la unidad, que no se vayan de Por Andalucía, donde ya están. La dirección de Podemos parece querer plantear una negociación con Izquierda Unida para apartar a Sumar de la la ecuación, y si IU no acepta este esquema, justificar ante sus bases la ausencia de una candidatura común.

Andalucía encara así dos meses de precampaña marcados por desequilibrios profundos. El PP compite contra el riesgo de morir de éxito y la sombra de una dependencia de Vox que Moreno quiere evitar a toda costa para gobernar sin bloqueos. El PSOE apuesta todo al carisma de Montero y al «efecto Sánchez», nacionalizando una campaña donde el presidente del Gobierno se volcará para intentar recuperar el sur.

Mientras Moreno reivindica la estabilidad de un «gobierno centrado en las personas», Montero agita el fantasma de la privatización y el castigo a las clases medias. La carrera apenas acaba de empezar.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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