- ESTEFANÍA RUILOPE
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El maravilloso paisaje volcánico de Lanzarote envuelve a Casa de las Flores, un hotel sereno y con encanto que entiende la isla desde el respeto y la sensibilidad.
Casa de las Flores no es un hotel al uso, sino un hogar abierto al viajero, pensado desde lo personal y construido a partir de una forma muy concreta de mirar y de vivir. Detrás del proyecto está Gigi de Vidal, artista y alma mater junto a su pareja, quien buscaba un espacio para de unir sus dos mundos, que para ella nunca han estado separados: el arte y la vida cotidiana.
La artista Gigi de Vidal trabajando en una obra"Siempre he creído que el arte no debe estar aislado", explica, "ya que forma parte de cómo vivimos, de cómo miramos, de cómo habitamos los lugares". Esa idea es la base del hotel, donde el acto creativo no se limita a las obras expuestas: está en la elección de los materiales, en la manera de disponer los espacios, en la atención a lo pequeño.
Crear sin hacer ruido
Gigi entiende la creación desde la calma. Su obra, presente en diferentes estancias del hotel, dialoga con la arquitectura y con el paisaje volcánico sin rivalizar. Sus piezas son, como ella misma describe, "orgánicas, sensibles, profundamente conectadas con la naturaleza, que parecen haber encontrado en Lanzarote su lugar natural".
Todas las habitaciones son diferentes, pero todas están pensadas para el descanso realEl huésped convive con el arte de Gigi sin que tenga que saberlo todo de él. No hay carteles explicativos ni discursos cerrados. Cada obra se descubre a su ritmo, como ocurre con la propia isla. "Esa convivencia transforma la estancia en algo más que un alojamiento: la convierte en una experiencia estética silenciosa, íntima, casi meditativa"
La casa se integra en el entorno con naturalidad, y las habitaciones son uno de los grandes aciertos del hotel. Todas diferentes, todas con carácter propio, todas pensadas para el descanso real. "Aquí no hay uniformidad ni soluciones estándar, hay cuidado, coherencia y una atención especial a los materiales y al confort". Algunas habitaciones se abren al exterior; otras invitan al recogimiento, pero todas comparten una misma sensación: la de estar en una casa hecha para quedarse. Y es que, para Gigi, el verdadero lujo está en no tener prisa.
Flores, patios y vida lenta en Lanzarote como inspiración constante
Algunas habitaciones se abren al exterior; otras invitan al recogimientoEl nombre del hotel no es casual. Las flores aparecen como un recordatorio de que la belleza está en lo vivo, en lo efímero. En jarrones, en patios, en pequeños detalles que cambian cada día. Para Gigi los espacios comunes funcionan como una prolongación natural de la casa. No hay zonas rígidas ni recorridos impuestos, y "todo invita a moverse con libertad, a encontrar el propio ritmo. Leer, escribir, conversar, mirar el paisaje. Aquí cada huésped construye su propio tempo".
La obra de la propietaria está presente en diferentes estancias del hotelLa isla está siempre presente también, aunque no se nombre. En la manera de entender el silencio, en el respeto absoluto por el entorno, en esa relación casi espiritual con la tierra volcánica. Lanzarote ha sido históricamente un refugio para artistas, un lugar donde crear y pensar sin distracciones. Casa de las Flores recoge ese legado de forma natural. "Quienes llegan hasta aquí buscan lugares con alma, experiencias auténticas, espacios que no se parezcan a ningún otro. Viajeros que entienden el lujo como calma".
Una casa, un refugio creativo y una manera de entender la hospitalidad desde la sensibilidadSin duda es un hotel con un encanto especial. Una casa, un refugio creativo y una manera de entender la hospitalidad desde la sensibilidad. Tanto es así, que los desayunos llegan a ser de culto, van con pasos marcados y un ritmo diferente. Pero mejor no desvelar todos los secretos, y que cada uno lo averigüe por sí mismo.
Dónde: Las flores, 1. Teguise. Lanzarote Precio: desde 190 euros.
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