Un Celta lanzado, vencedor de sus cuatro últimos encuentros y con la moral por las nubes, mide en Balaídos la realidad de un Real Madrid de circunstancias, asolado por las bajas -hasta nueve- y una dinámica negativa, que le sitúa al borde del precipicio en marzo, jugándose todo el curso en las dos próximas semanas.
Thiago Pitarch conduce el balón ante la presión de Borja Iglesias. EFE
DEPORTE360 Publicada 6 marzo 2026 20:30h Actualizada 6 marzo 2026 21:25h
El Real Madrid acude con lo justo a un partido que se ha convertido en clave tras enlazar dos inesperados tropiezos en La Liga. Las malas sensaciones de la derrota en El Sadar, con la que dejó escapar un liderato efímero, se confirmaron con un capítulo repleto de impotencia frente al Getafe en el Santiago Bernabéu. El Barcelona se distancia 4 puntos. El margen de error ha desaparecido.
Y sin red, consciente de que en su camino liguero aún le queda la visita al Camp Nou, Álvaro Arbeloa respira por recuperar a dos efectivos a última hora. Asfixiado por las bajas, hasta nueve, que condicionan cualquier plan que tuviera para dar un giro a la temporada del Real Madrid. Ya sin salida, entrando en dos semanas en las que se juega todo el curso.
La visita al Celta es vital para mantenerse en el pulso por LaLiga. El pulso ante el Manchester City, un nuevo capítulo de supervivencia en la Liga de Campeones. La amenaza de un año en blanco ronda por el madridismo y Arbeloa desea dar un golpe de timón en Balaídos.
Con lo justo y la cantera. Recuperando contrarreloj a Raúl Asencio para disponer de dos centrales y a Eduardo Camavinga, cuya participación está en el aire hasta última hora por una infección bucal.