- ENRIQUE CALVET CHAMBON
El Gobierno no solo es incapaz de revertir la situación, sino que hay voluntad de restarle importancia o incluso peor, negar la realidad.
Pasado un tiempo, nos parece ineluctable hacer una recapitulación omnicomprensiva de la(s) tragedia(s) de la luctuosa aceifa de Ceuta. Sus consecuencias y su importancia son tan grandes que parece un deber para cualquier político, pero también, o sobre todo, para cualquier ciudadano o votante de los Reinos de España y Marruecos... y para cualquier ciudadano o votante de la UE. Partiremos de la evidencia de que es una situación en la que sólo hay damnificados o perdedores. O casi. Por supuesto la tragedia más cruel a corto plazo la constituyen las decenas de muertos que se produjeron en la razia del 31 de julio.
Pero ese hecho horrible empeora con la falta de atención política y mediática que se le presta a esas muertes, sobre todo en comparación con otras iguales pero en un entorno político distinto. Repugnante es aceptar que esos cadáveres son más políticamente correctos que los de las pateras. La segunda tragedia más humanitaria es la situación de los ceutíes que empeora día a día. Inseguridad multiplicada y miedo, riesgo de enfermedades, escasez de productos básicos, convivencia deteriorada, desastre económico (¡turismo!)... con un corolario terrible: el deseo creciente de abandonar Ceuta por parte de los autóctonos.
Pero con el tiempo esa tragedia se agrava, no ya por la incapacidad del Gobierno de España de revertir la situación, que era esperable, sino por la voluntad declarada de no darle importancia, o incluso peor, de negar la realidad. La actitud veraneante frívola de los miembros del Gobierno, dando consejillos de manual de vacaciones, mandando a la acorazada mediática a eclipsar con el eclipse más cansino, y estando totalmente ausentes del lugar es una incomprensible provocación. Por supuesto, y como se ha visto, eso también ha afectado negativamente a la imagen del Rey. Más damnificados políticos.
Sólo citaremos de pasada otro perdedor de este acontecimiento catastrófico: el Reino alauí. Sea cual sea su nivel de participación, permisividad, o simple incapacidad o incompetencia para prevenir o frenar la razia y las muertes, su imagen ha quedado muy tocada, así como su credibilidad. Está por saberse más de los problemas internos, de tensiones entre Majdén y Gobierno, y del papel jugado por cada cual, pero el particular régimen marroquí, que ha hecho sin duda cosas positivas, tiene complicado explicar sus logros económicos, ampliamente financiados, a la vista de sus ingentes bolsas de pobreza que empujan a sus jóvenes a arriesgar la vida para huir.
Pero volvamos a las consecuencias para españoles y europeos que son los que nos afectan. Notoriamente damnificados son todos los españoles, y desde varios vectores trascendentales. Por ejemplo la pérdida de confianza en la Justicia, derivada de la campaña del Gobierno contra la judicatura y de la inadecuación de muchas leyes que deben ser revisadas a la luz de la emergencia nacional, supone un debilitamiento de nuestras instituciones democráticas. También quedan patentes los efectos destructivos de nuestro nefastamente desarrollado Estado de las Autonomías. No sólo por evidenciar la ingobernabilidad de España ante situaciones de emergencia sino, sobre todo, por exponer la absoluta falta de la solidaridad que es exigible en una Nación. Así, el mismo día que el fugaz Sánchez proclamaba que "toda España estaba con los ceutíes", el superamnistiable Puigdemont, su socio, exigía la separación total de hispano Cataluña, para no tener que pagar los errores de la política española.
Pero con el tiempo esa insolidaridad obscena se va agrandando con la actitud de nuestros taifas a la hora de aceptar o no, o según y cómo, un reparto de MENAS a corto plazo para aliviar la insoportable asfixia ceutí. España cada día se aleja más de ser una sociedad de iguales ante la ley, y la tragedia ceutí lo clama, aunque su grito se quiera sofocar por las versiones oficiales del "no pasa nada". Si salimos del aspecto institucional, muchísimos españoles también nos vemos afectados por la implantación, en nuestro ánimo, de un creciente (día a día) sentimiento de desprotección, de inseguridad, de mal augurio para nuestro porvenir, de desguace, de total fragilidad ante enemigos internos y externos. Tal vez la tragedia política más grave. Porque no olvidemos que Ceuta no es de España. Ceuta es España. Y por ello, Ceuta es UE.
La postura europea
Lo que nos lleva a otra consecuencia muy negativa de la aceifa de Ceuta, nefasta para el futuro de los ciudadanos de la UE. Más damnificados. Lo menos intuitivo, pero crucial de cara al futuro, es la incapacidad de las instituciones de la UE de reafirmar con contundencia que Ceuta es una frontera europea de la UE y que toda la UE, está dispuesta a protegerla activa y solidariamente. Es perfectamente defendible que la estrategia de la UE y de España sean de mantener un discurso público de gran colaboración y amistad con Marruecos, es sin duda lo mejor para los ciudadanos de la UE, incluso exculpar oralmente a las autoridades marroquíes. Pero entre loar la necesidad de estrecha colaboración y amistad continua y felicitar por la actitud en el caso de la razia, hay un trecho. Y, además, es necesario acompañarlo de un recordatorio fuerte de que ha sido una violación de una frontera europea que como tal se defenderá, por todos, en cualquier circunstancia.
La UE (insistimos en la UE, porque Gran Bretaña probablemente no participaría de esa visión) no puede ignorar que a medio plazo es de vital importancia tener parte del control del estrecho de Gibraltar. Por otra parte ceutíes y españoles deben reposar su seguridad en que ellos son (con Melilla) la frontera de Europa. Pero la peor consecuencia a corto plazo para todos los ciudadanos ha sido que la razia de Ceuta, al no ser considerada como un problema político se ha transformado en un problema migratorio, lo que ahora ya se agrava por la permanencia en Europa (Ceuta y resto de España) de una parte irracional de la avalancha humana. Y el siniestro total viene cuando eso crea una profunda crisis dentro de la UE que demuestra que dicha entidad no tiene política internacional coordinada, no es capaz de proteger colectivamente sus fronteras, no tiene política de inmigración común, y está dando pasos acelerados hacia la renacionalización agresiva, con enfrentamientos, de las políticas europeas. Es decir puede estar caminando hacia su total irrelevancia o inutilidad. Creemos que no hay peor escenario a futuro para los ciudadanos europeos.
Curiosamente, sin embargo, ese es el futuro por el que luchan los partidos que los medios sitúan en la derecha extrema. Porque hemos enumerado a los damnificados, pero la aceifa de Ceuta tiene unos claros beneficiarios. En España, VOX, sin duda, y en Europa los Partidos que quieren desnaturalizar o anular la UE. Eso, por lo menos, da que pensar.
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