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Charlene de Carvalho, la guardiana de Heineken

Charlene de Carvalho, la guardiana de Heineken
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La heredera de la segunda empresa cervecera más grande del mundo se enfrenta al reto de buscar un sucesor que preserve el legado familiar

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Charlene nunca mostró ningún interés por dirigir la empresa familiar. R. C. Charlene de Carvalho, la guardiana de Heineken

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La heredera de la segunda empresa cervecera más grande del mundo se enfrenta al reto de buscar un sucesor que preserve el legado familiar

Izaskun Errazti

Viernes, 3 de abril 2026, 22:33

... de sonrojo. Claro que cuando esa es la 'penitencia' por ser la ciudadana más rica de los Países Bajos y una de las más acaudaladas del mundo parece mucho más fácil de soportar. Ese ha sido desde su adolescencia el 'mal trago' de Charlene de Carvalho-Heineken, que a la muerte de su padre en 2002 pasó, de un día para otro y sin buscarlo, de ser ama de casa en Londres a hacerse con las riendas de una de las tres empresas cerveceras más grandes del planeta.

En octubre de 1983 la reservada Charlene contrajo matrimonio con el mediático financiero, exactor y exdeportista Michel de Carvalho, también conocido como Michael Ray. Pero, apenas un mes después, a la vuelta de su luna de miel, su felicidad se vio truncada cuando el empresario cervecero fue secuestrado a punta de pistola por un grupo de encapuchados junto con su chófer, Ab Doderer, a la salida de la sede de su compañía en Ámsterdam. El rapto, que se suponía que apenas duraría 48 horas, se prolongó 21 interminables días, hasta que la familia aceptó el pago de 11 millones de dólares de los de la época, convirtiéndose en el rescate más caro de la historia de·Europa.

Dicen quienes le conocieron que tras el secuestro 'Freddy' nunca volvió a ser el mismo. Que se convirtió en un hombre mucho menos excéntrico y más nervioso, que hasta montó una compañía de seguridad, con expolicías contratados, para garantizar la seguridad de su familia. Aunque, al parecer, el sentido del humor no lo perdió del todo, siendo capaz de bromear hasta del trato que le ofrecieron sus captores. «Me torturaron haciéndome beber Carlsberg», dijo con sorna el empresario, que siempre tuvo buenos amigos en las altas esferas y era íntimo de la familia real holandesa.

Una vez recuperado del susto, Alfred Heineken retomó el mando de la compañía, manteniéndose como presidente hasta 1989, y después como máximo responsable del holding del que forma parte la empresa hasta 2002, cuando falleció víctima de una neumonía tras amasar una fortuna de 4.500 millones de dólares. Así se acabó la tranquilidad para la discreta Charlene, que nunca había tenido demasiada implicación en la empresa de su padre. De hecho, jamás había estudiado finanzas ni tampoco se había sumergido en el mundo de los negocios. Un dato: hasta enero de aquel año la heredera contaba con una sola acción de Heineken, valorada en poco más de 25 euros.

El futuro de la dinastía

La 'humilde' Charlene, que tras el secuestro de su padre había descartado una vida a la vista de todo el mundo, permanecía refugiada en el caparazón de un hogar confortable y austero en Londres, sin más ambiciones que la crianza de sus cinco hijos, cuando le llegó la comprometida tarea de asumir el mando de la compañía de la botella verde. «Haz que se mantenga», fue la instrucción que, según cuenta, le dio su progenitor antes de fallecer. Así es que, lejos de convertirse en una mera figura decorativa, la guardiana del legado de 'Freddy' asumió la responsabilidad de preservarlo y expandirlo, delegando, eso sí la gestión diaria. Con la ayuda y experiencia de su marido, que había llegado a ser responsable de Citi Private Bank en EMEA, y de un sólido equipo de ejecutivos, fortaleció la posición de Heineken en mercados estratégicos como Estados Unidos, Europa y Asia.

Pero los cambios de hábitos, con la caída del consumo global de cerveza, y la crisis bursátil han colocado en una posición incómoda a la compañía, que pese a cerrar 2025 con un ligero crecimiento en el beneficio neto y una facturación bruta de 34.257 millones de euros, vendió un 1,2% menos. La reacción fue casi inmediata, porque ya en febrero Heineken anunció que eliminará entre 5,000 y 6,000 puestos de trabajo a nivel mundial para ahorrar unos 500 millones de euros anuales. No es la única preocupación para Charlene, porque el próximo 31 de mayo el actual CEO de la firma, Dolf van den Brink, que la ha liderado durante seis años, dejará su cargo.

La familia se encuentra ahora inmersa en pleno proceso de búsqueda de un sucesor que pueda revitalizar el crecimiento de la marca. Y aunque la guardiana del legado de Heineken aún no ha anunciado su decisión, su hijo, Alexander de Carvalho, ya está integrado en la estructura de mando. El control de la dinastía parece garantizado.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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