A Owen Cao la idea de echarse novia ni se le pasa por la cabeza. Ya no digamos ser padre. Cuando en 2024 este universitario chino compartía su caso con SCMP compaginaba sus clases de ingeniería con la investigación y actividades en el club estudiante, además por supuesto de sus propio hobbies. Con semejante carga de trabajo las 24 horas del día se le quedaban cortas y no dejaban espacio para citas o pensar en vástagos. Owen era por entonces un veinteañero que aún no había terminado su carrera, pero su planteamiento vital lo comparten muchos otros chinos a los que el trabajo les complica planificar una vida familiar.
Ahora Pekín está tan desesperado por incentivar su natalidad que empieza a acariciar una idea radical: poner límites a las horas extras en las empresas.
¿Qué ha pasado? Que en su (desesperado) empeño por reactivar la natalidad, China se ha hecho una pregunta interesante: ¿Y si se limitan las horas extras en las empresas? ¿Ayudaría eso a que los trabajadores dispusieran de más tiempo libre y energía para centrarse en su vida familiar y (con suerte) tener hijos?
Cuestiones parecidas a esas son las que se han puesto sobre la mesa durante las conocidas como 'Dos Sesiones', jornadas que se celebran cada marzo en Pekín y durante las que se tratan temas de interés para la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh) y la Asamblea Popular Nacional (APN). Su objetivo es escuchar propuestas y fijar ciertos objetivos, como el crecimiento del PIB.
"Impacto significativo". A lo largo de las sesiones se han planteado ideas como crear un nuevo festivo que ayude a estimular el consumo o entregar vales de cientos de yuanes a las familias con la esperanza de dinamizar la economía. Otro tema muy presente ha sido la crisis demográfica que atraviesa China.
Con ese telón de fondo, Lu Ming, miembro del CCPPCh, profesor universitario y asesor del gobierno de Shanghái, deslizó la posibilidad de poner límites al tiempo que los chinos pasan en sus puestos de trabajo. ¿El objetivo? Que dispongan de más horas (y fuerzas) para buscar pareja, casarse y formar un hogar con niños.
"El exceso de horas extras tiene un impacto significativo en la salud física y psicológica de los empleados, su calidad de vida, voluntad de tener hijos y perspectivas de matrimonio", reivindica Lu. Más allá de su impacto en el consumo, la idea es que el nuevo festivo facilite también la conciliación.
La cultura del '996'. No es casualidad que Lu centre el foco en el ámbito laboral. Como recuerda Financial Times, en ciertas empresas chinas, incluidas las del ramo tecnológico, es habitual que aplique la denominada "cultura laboral '996'", que básicamente se traduce en semanas extenuantes durante las que los empleados trabajan de nueve de la mañana a nueve de la tarde seis días seguidos. A eso se añade, recuerda el profesor, las "horas extras invisibles", el tiempo que los empleados siguen pendientes de sus empresas a través del móvil.
Agendas saturadas. El problema no es solo cómo afecta esa dinámica a la salud de los empleados, sino el impacto que tiene en su vida familiar y hasta qué punto perjudica a la natalidad. Desde hace tiempo China es consciente de que las agendas hipersaturadas están pasando factura a su demografía, una tendencia que está bien identificada sobre todo en el caso de los jóvenes.
En 2021 el diario China Youth Daily publicó una encuesta con más de 14.000 universitarios en la que, entre otras cuestiones, analizaba su vida sentimental. Su resultado fue llamativo: casi el 70% de todos los entrevistados estaban solteros. Hay quien cree que tras la pandemia ese porcentaje puede haber aumentado.
En Xataka
El problema de Japón no es que esté dejando de tener bebés a una velocidad récord. Es que lo hace 17 años antes de lo que debería
"No puedes abarcarlo todo". El fenómeno no es muy distinto al que han experimentado otros países (dentro y fuera de Asia) en los que la natalidad se reducía a medida que las sociedades se volvían más competitivas. Un ejemplo claro es Corea del Sur, donde esa tendencia ha encarecido la crianza.
"Mucha gente dice que hay que gestionar bien el tiempo, pero por muy bien que te planifiques, no puedes abarcarlo todo", confiesa Cao. "Tengo energía limitada, así que debo eliminar lo que más me agota. ¿Lo primero? Citas". Por supuesto la falta de tiempo o el coste de la paternidad no son los únicos factores que afectan a la natalidad. En juego entran condicionantes culturales y sociales y, en el caso de Chino, la larga sombra de la 'política del hijo único' aplicada durante décadas.
Pendiente de las empresas. Tampoco es casualidad que Lu ponga el acento en el ámbito laboral. China ha valorado otras medidas similares para incentivar su natalidad, como apostar por la semana de cuatro días. No son tiros al aire.
El país se apoya en estudios y experiencias como la de Itochu, una compañía japonesa que hace unos años prohibió a sus empleados que alargasen su jornada laboral más allá de las ocho de la tarde, acumulando horas extras. Al cabo de un tiempo los directivos se dieron cuenta de que no solo aumentaban las ganancias por empleado. También lo hacían las solicitudes de baja por maternidad.
La natalidad, cuesta abajo. Para frustración de Pekín las medidas que ha tomado hasta el momento para incentivar su natalidad (y no han sido pocas) se han revelado poco efectivas. En 2025 la nación vio cómo su tasa de natalidad se desplomaba a un mínimo histórico: 5,63 por cada 1.000 habitantes, el indicador más bajo desde que el Partido Comunista llegó al poder hace 77 años.
El problema es que en 2025 la tasa de mortalidad también subió a niveles históricos (hay que remontarse a 1968 para encontrar otra mayor), lo que se tradujo en la pérdida de alrededor de 3,4 millones de habitantes.
Imagen | LYCS Architecture (Unsplash)
En Xataka | Tras años de hecatombe Corea del Sur está aumentando su natalidad. La pregunta es si se trata solo de un "eco demográfico"
-
La noticia
China está tan desesperada por activar su natalidad que ya se plantea algo radical: declarar la guerra a las horas extras
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
.
China está tan desesperada por activar su natalidad que ya se plantea algo radical: declarar la guerra a las horas extras
Durante las sesiones de debate más importantes del país se ha discutido una idea: limitar las horas extras
A pesar de todos sus esfuerzos, China no ha logrado revertir la caída de su tasa de natalidad
A Owen Cao la idea de echarse novia ni se le pasa por la cabeza. Ya no digamos ser padre. Cuando en 2024 este universitario chino compartía su caso con SCMP compaginaba sus clases de ingeniería con la investigación y actividades en el club estudiante, además por supuesto de sus propio hobbies. Con semejante carga de trabajo las 24 horas del día se le quedaban cortas y no dejaban espacio para citas o pensar en vástagos. Owen era por entonces un veinteañero que aún no había terminado su carrera, pero su planteamiento vital lo comparten muchos otros chinos a los que el trabajo les complica planificar una vida familiar.
Ahora Pekín está tan desesperado por incentivar su natalidad que empieza a acariciar una idea radical: poner límites a las horas extras en las empresas.
¿Qué ha pasado? Que en su (desesperado) empeño por reactivar la natalidad, China se ha hecho una pregunta interesante: ¿Y si se limitan las horas extras en las empresas? ¿Ayudaría eso a que los trabajadores dispusieran de más tiempo libre y energía para centrarse en su vida familiar y (con suerte) tener hijos?
Cuestiones parecidas a esas son las que se han puesto sobre la mesa durante las conocidas como 'Dos Sesiones', jornadas que se celebran cada marzo en Pekín y durante las que se tratan temas de interés para la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh) y la Asamblea Popular Nacional (APN). Su objetivo es escuchar propuestas y fijar ciertos objetivos, como el crecimiento del PIB.
"Impacto significativo". A lo largo de las sesiones se han planteado ideas como crear un nuevo festivo que ayude a estimular el consumo o entregar vales de cientos de yuanes a las familias con la esperanza de dinamizar la economía. Otro tema muy presente ha sido la crisis demográfica que atraviesa China.
Con ese telón de fondo, Lu Ming, miembro del CCPPCh, profesor universitario y asesor del gobierno de Shanghái, deslizó la posibilidad de poner límites al tiempo que los chinos pasan en sus puestos de trabajo. ¿El objetivo? Que dispongan de más horas (y fuerzas) para buscar pareja, casarse y formar un hogar con niños.
"El exceso de horas extras tiene un impacto significativo en la salud física y psicológica de los empleados, su calidad de vida, voluntad de tener hijos y perspectivas de matrimonio", reivindica Lu. Más allá de su impacto en el consumo, la idea es que el nuevo festivo facilite también la conciliación.
La cultura del '996'. No es casualidad que Lu centre el foco en el ámbito laboral. Como recuerda Financial Times, en ciertas empresas chinas, incluidas las del ramo tecnológico, es habitual que aplique la denominada "cultura laboral '996'", que básicamente se traduce en semanas extenuantes durante las que los empleados trabajan de nueve de la mañana a nueve de la tarde seis días seguidos. A eso se añade, recuerda el profesor, las "horas extras invisibles", el tiempo que los empleados siguen pendientes de sus empresas a través del móvil.
Agendas saturadas. El problema no es solo cómo afecta esa dinámica a la salud de los empleados, sino el impacto que tiene en su vida familiar y hasta qué punto perjudica a la natalidad. Desde hace tiempo China es consciente de que las agendas hipersaturadas están pasando factura a su demografía, una tendencia que está bien identificada sobre todo en el caso de los jóvenes.
En 2021 el diario China Youth Daily publicó una encuesta con más de 14.000 universitarios en la que, entre otras cuestiones, analizaba su vida sentimental. Su resultado fue llamativo: casi el 70% de todos los entrevistados estaban solteros. Hay quien cree que tras la pandemia ese porcentaje puede haber aumentado.
"No puedes abarcarlo todo". El fenómeno no es muy distinto al que han experimentado otros países (dentro y fuera de Asia) en los que la natalidad se reducía a medida que las sociedades se volvían más competitivas. Un ejemplo claro es Corea del Sur, donde esa tendencia ha encarecido la crianza.
"Mucha gente dice que hay que gestionar bien el tiempo, pero por muy bien que te planifiques, no puedes abarcarlo todo", confiesa Cao. "Tengo energía limitada, así que debo eliminar lo que más me agota. ¿Lo primero? Citas". Por supuesto la falta de tiempo o el coste de la paternidad no son los únicos factores que afectan a la natalidad. En juego entran condicionantes culturales y sociales y, en el caso de Chino, la larga sombra de la 'política del hijo único' aplicada durante décadas.
Pendiente de las empresas. Tampoco es casualidad que Lu ponga el acento en el ámbito laboral. China ha valorado otras medidas similares para incentivar su natalidad, como apostar por la semana de cuatro días. No son tiros al aire.
El país se apoya en estudios y experiencias como la de Itochu, una compañía japonesa que hace unos años prohibió a sus empleados que alargasen su jornada laboral más allá de las ocho de la tarde, acumulando horas extras. Al cabo de un tiempo los directivos se dieron cuenta de que no solo aumentaban las ganancias por empleado. También lo hacían las solicitudes de baja por maternidad.
La natalidad, cuesta abajo. Para frustración de Pekín las medidas que ha tomado hasta el momento para incentivar su natalidad (y no han sido pocas) se han revelado poco efectivas. En 2025 la nación vio cómo su tasa de natalidad se desplomaba a un mínimo histórico: 5,63 por cada 1.000 habitantes, el indicador más bajo desde que el Partido Comunista llegó al poder hace 77 años.
El problema es que en 2025 la tasa de mortalidad también subió a niveles históricos (hay que remontarse a 1968 para encontrar otra mayor), lo que se tradujo en la pérdida de alrededor de 3,4 millones de habitantes.