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China fabricó en un año más paneles solares de los que el planeta puede absorber. Ahora el mercado se está devorando a sí mismo

China fabricó en un año más paneles solares de los que el planeta puede absorber. Ahora el mercado se está devorando a sí mismo
Artículo Completo 2,221 palabras
A principios de 2026, el cierre del estrecho de Ormuz sacudió los mercados energéticos. Los consumidores, asustados por la volatilidad de los combustibles fósiles, miraron en todas direcciones buscando alternativas. Lo que encontraron fue una paradoja desconcertante: el planeta tenía —tiene— un excedente histórico de energía limpia y barata. Los paneles solares no faltaban. Sobraban. Y nadie sabía muy bien qué hacer con ellos. El economista Adam Tooze lo resumió sin rodeos en su columna del Financial Times: "La energía limpia, a una escala que habría parecido utópica en el momento del Acuerdo de París en 2015, ahora está a nuestro alcance. El precio de los paneles solares ha caído en picado. Y, sin embargo, las fábricas están paralizadas." No es retórica. Es un diagnóstico. Tras un enorme aumento de la inversión desde 2020, las empresas chinas alcanzaron una capacidad de producción de 1.000 gigavatios de paneles solares al año. Para hacerse una idea: en 2023 la demanda global fue de apenas 451 GW, según Energy News. La producción china de células solares ese año —588 GW— ya duplicaba la demanda internacional. Y siguieron construyendo. El resultado fue lo que los economistas llaman "involución": una espiral de competencia destructiva donde las empresas se destrozan entre sí sin que ninguna gane. Más de 40 fabricantes chinos han quebrado, sido adquiridos o excluidos de bolsa. Un tercio de la plantilla de las cinco grandes supervivientes fue despedido. JinkoSolar, el mayor proveedor mundial, registró en 2025 una caída de ingresos del 29%, un desplome del beneficio bruto del 86% y pérdidas netas de 4.450 millones de yuanes.  De esta manera, en junio del año pasado, más de 30 fabricantes acordaron un pacto al estilo de la OPEP para estabilizar precios y frenar la oferta. Seis meses después, el resultado fue un desastre: lejos de estabilizarse, la producción alcanzó máximos históricos, las instalaciones se triplicaron y las pérdidas siguieron acumulándose. "¿Desde cuándo los paneles solares son solo una mercancía más? Son un milagro tecnológico. Nos convierten en cultivadores del sol", detalla Adam Tooze en su columna. Y en todo ese tiempo, el precio de un módulo solar cayó a 0,10 dólares por vatio, según EnkiAI —muy por debajo del coste de producción de 0,16 $/W de los módulos TOPCon más avanzados. Es, en términos estrictos, la mayor liquidación de tecnología climática de la historia. En Xataka La "magia" de la sublemación: unos investigadores europeos han resuelto el cuello de botella de las perovskitas Esto no es una crisis del acero. Es otra cosa Cuando los economistas hablan de sobreproducción china, normalmente el debate gira en torno al acero, el cemento o los coches eléctricos. Pero Tooze hace una distinción que vale la pena escuchar: los paneles solares no son una mercancía ordinaria. Son el resultado de medio siglo de investigación —desde los programas derivados de la NASA en los años setenta hasta el gran impulso energético de la era Carter— y, junto con las baterías, son la llave maestra de un futuro sostenible. Desperdiciar ese excedente no es solo un problema económico. Es una irracionalidad civilizatoria. Según la OCDE, China invirtió menos de 18.000 millones de dólares en apoyo sectorial durante 15 años para construir una industria capaz de proveer más energía limpia de la que el mundo puede absorber fácilmente. Esa cifra es inferior al coste de construir un aeropuerto internacional de tamaño medio en Europa, o a lo que EEUU destinó a un único portaaviones de clase Gerald Ford. La concentración de poder en la cadena de suministro es, además, sin precedentes en la historia de la energía. China controla más del 80% de toda la cadena de producción solar mundial, resultado directo del plan Made in China 2025 con el que Pekín decidió dejar de ser la fábrica barata del mundo y convertirse en su proveedor tecnológico. Al final de 2025, su capacidad operativa de módulos superaba los 900 GW, varias veces la demanda global total. Los cinco mayores fabricantes chinos concentran más del 50% del mercado. Solo LONGi Green Energy envió más de 45 GW en 2025: más que toda la capacidad de fabricación doméstica de Estados Unidos (73 GW). Nunca en la historia de la energía una sola nación había dominado de forma tan absoluta una tecnología clave para la descarbonización del planeta. Ni el petróleo en su momento álgido. Y la paradoja climática es dolorosa: desde el Acuerdo de París de 2015, una escala de despliegue como la actual habría parecido ciencia ficción. El objetivo era frenar el calentamiento global. Los instrumentos para hacerlo están fabricados y apilados en almacenes. Lo que falla, señala Tooze, es la coordinación: lo que Keynes llamaría un "caos" global, una catástrofe de planificación colectiva. La apuesta global El caos tiene sus propios mecanismos de corrección, aunque sean dolorosos. En China, la crisis ya ha forzado al Gobierno a actuar hace unos meses, Pekín llamó a realizar "esfuerzos concertados" para acabar con la guerra de precios. Las medidas propuestas incluyen control de capacidad, precios mínimos orientativos, fusiones y adquisiciones, y protección de propiedad intelectual "para promover el desarrollo de alta calidad de la industria fotovoltaica". En la práctica: el Estado chino orquestando un rescate ordenado del sector que él mismo impulsó a crecer sin límites. La consolidación ya había empezado antes. En agosto del año pasado, varios actores del sector pusieron en marcha un plan para que los grandes fabricantes invirtieran conjuntamente 7.000 millones de dólares en comprar y cerrar las instalaciones menos eficientes, según OilPrice.com. En la práctica, un cártel para detener la hemorragia. Los precios ya reflejan el giro. Según ABC Solutions, los módulos chinos han subido entre un 10% y un 20% en 2026 por el ajuste de la sobreproducción y los nuevos aranceles logísticos. Wood Mackenzie prevé una subida adicional del 9%. La ventana de la gran ganga se está cerrando, aunque los precios siguen siendo históricamente bajos. La variable crítica para 2027 es cómo se resuelve el excedente: mediante consolidación ordenada o mediante nuevas disrupciones comerciales. Mientras tanto, el negocio exterior chino sigue en auge. Como señala Tooze en el FT, las exportaciones de tecnología solar china a prácticamente todos los países excepto Estados Unidos están disparadas. Y los fabricantes han evolucionado: ahora integran baterías en los sistemas para ofrecer mayor estabilidad a la red, empujando el producto hacia la solución completa en lugar del módulo aislado. Las baterías de almacenamiento, que también han alcanzado mínimos históricos de coste empujadas por la misma dinámica de sobreproducción, completan así el paquete: panel más almacenamiento, a precio de derribo. La demanda interna también se recuperará. China superó los 1.230 GW de capacidad solar instalada en febrero de 2026, con un crecimiento interanual del 33,2% (SaurEnergy). La capacidad total instalada en el país se acerca ya a los 4.000 millones de kW, casi el 30% del total mundial. Las emisiones chinas podrían empezar a caer hasta seis años antes de lo previsto, precisamente gracias a esta inversión desmesurada en renovables. Cuando demasiado sol no es suficiente El exceso de capacidad fabril no es el único problema. China también ha instalado tantos paneles que genera más electricidad solar de la que puede almacenar o transmitir. Las infraestructuras de red y almacenamiento no han crecido al mismo ritmo que la instalación de paneles —de hecho, las normativas provinciales chinas que obligaban a instalar baterías por ley generaron sistemas que apenas se usaban por falta de incentivos en el mercado eléctrico. El resultado: energía limpia generada que se pierde porque no hay donde meterla. Una paradoja dentro de la paradoja. A eso se añade un problema más silencioso pero potencialmente serio: la calidad. La carrera al fondo en precios ha llevado a algunos fabricantes a recortar en pruebas y materiales. El sector habla abiertamente de empresas que sacrifican durabilidad por supervivencia. Los paneles que se instalan hoy a precios de saldo podrían rendir menos de lo esperado en una década. Un informe reciente de la OCDE, citado por Tooze en el FT, señala que la industria solar es el sector más subvencionado del mundo. La paradoja es que esas subvenciones produjeron el mayor abaratamiento tecnológico de la historia de las renovables. El debate real no es si China subvencionó —lo hizo—, sino si Occidente debería haber aprovechado el resultado en lugar de bloquearlo con aranceles. China planifica a décadas lo que Occidente mide en trimestres financieros, y esa asimetría de horizontes temporales es parte del problema. La tesis de los "desequilibrios globales" —a la que se refiere Tooze— apunta a otra causa estructural: si China hubiera consumido más e importado más en lugar de volcar todo en inversión productiva, sectores como el solar no sufrirían este exceso. El modelo mercantilista chino, impulsado por la inversión estatal, es en cierta manera su propio peor enemigo: acepta consecuencias negativas internas e internacionales mientras persigue sus objetivos manufactureros. Pero esta crítica tiene un problema: funcionó. A un coste social enorme para los trabajadores chinos del sector, pero funcionó. En el extremo más visionario —y especulativo— de la historia, Tooze menciona en el FT una iniciativa de un consorcio de empresas chinas para instalar cientos de gigavatios de paneles en el espacio, con centros de datos orbitales como destino. El sueño final: una base lunar de inteligencia artificial con 10.000 GW de capacidad. Mientras las fábricas terrestres permanecen inactivas. En Xataka Llenamos el campo de paneles solares para frenar el cambio climático. Sin querer, hemos salvado a 122 especies de abejas El año en que miramos al sol y apartamos la vista Hay algo profundamente revelador en la imagen de almacenes chinos llenos de paneles solares que nadie compra mientras el Estrecho de Ormuz arde y la gasolina sube. No es solo un fallo del mercado. Es un fallo de imaginación colectiva. El sector solar no va a desaparecer. Los actores chinos son demasiado grandes y demasiado eficientes para hundirse. La consolidación está en marcha, los precios subirán algo, y la demanda —tanto interna como de exportación— se reactivará. La transición energética llegará. Pero lo hará más tarde, más cara y más caóticamente de lo que podría haber sido. La "involución" —ese término técnico tan brutal para describir una industria que se devora a sí misma— no es solo un problema chino. Es el síntoma de un mundo que tiene las herramientas para resolver la crisis climática y no se pone de acuerdo en cómo usarlas. Los aranceles de EEU. no han creado una industria solar americana relevante: solo han encarecido los paneles para los consumidores americanos. Los recortes de subsidios en China no han reequilibrado el mercado: solo han arruinado a miles de trabajadores. China vendió tecnología limpia barata durante años, y el problema es que entre tanto nadie construyó una alternativa. Como apunta el análisis de EnkiAI, la variable crítica para los próximos meses es si la consolidación será ordenada o caótica. Si los grandes fabricantes chinos sobreviven a la tormenta y mantienen sus compromisos de garantía, el mundo habrá conseguido, a un coste enorme en destrucción industrial, una industria solar barata y consolidada. Si no, habrá que reconstruirla. Tooze cierra su columna del Financial Times con una frase que debería grabarse en alguna pared: "Recordemos el año 2026 como el momento en que el mundo se encontró con paneles solares 'más que suficientes' y nos encogimos de hombros". En algún momento del futuro, cuando los libros de historia reposen este momento, la pregunta incómoda será esta: ¿cómo dejamos escapar la ganga más barata de la historia de la energía limpia? Imagen | Unsplash Xataka | Llevamos años pensando que los paneles solares arrasaban el campo: resulta que las aves e insectos viven mucho mejor debajo de ellos - La noticia China fabricó en un año más paneles solares de los que el planeta puede absorber. Ahora el mercado se está devorando a sí mismo fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
China fabricó en un año más paneles solares de los que el planeta puede absorber. Ahora el mercado se está devorando a sí mismo
  • En lugar de aprovechar el abaratamiento histórico financiado por Pekín para acelerar la transición energética, la respuesta global se ha limitado a levantar barreras arancelarias

  • Más de 40 empresas quebradas, despidos masivos y precios por debajo del coste de producción marcan el fin de la etapa más dorada (y temeraria) de las renovables.

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Alba Otero

Editora - Energía

Alba Otero

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A principios de 2026, el cierre del estrecho de Ormuz sacudió los mercados energéticos. Los consumidores, asustados por la volatilidad de los combustibles fósiles, miraron en todas direcciones buscando alternativas. Lo que encontraron fue una paradoja desconcertante: el planeta tenía —tiene— un excedente histórico de energía limpia y barata. Los paneles solares no faltaban. Sobraban. Y nadie sabía muy bien qué hacer con ellos.

El economista Adam Tooze lo resumió sin rodeos en su columna del Financial Times: "La energía limpia, a una escala que habría parecido utópica en el momento del Acuerdo de París en 2015, ahora está a nuestro alcance. El precio de los paneles solares ha caído en picado. Y, sin embargo, las fábricas están paralizadas." No es retórica. Es un diagnóstico.

Tras un enorme aumento de la inversión desde 2020, las empresas chinas alcanzaron una capacidad de producción de 1.000 gigavatios de paneles solares al año. Para hacerse una idea: en 2023 la demanda global fue de apenas 451 GW, según Energy News. La producción china de células solares ese año —588 GW— ya duplicaba la demanda internacional. Y siguieron construyendo.

El resultado fue lo que los economistas llaman "involución": una espiral de competencia destructiva donde las empresas se destrozan entre sí sin que ninguna gane. Más de 40 fabricantes chinos han quebrado, sido adquiridos o excluidos de bolsa. Un tercio de la plantilla de las cinco grandes supervivientes fue despedido. JinkoSolar, el mayor proveedor mundial, registró en 2025 una caída de ingresos del 29%, un desplome del beneficio bruto del 86% y pérdidas netas de 4.450 millones de yuanes. 

De esta manera, en junio del año pasado, más de 30 fabricantes acordaron un pacto al estilo de la OPEP para estabilizar precios y frenar la oferta. Seis meses después, el resultado fue un desastre: lejos de estabilizarse, la producción alcanzó máximos históricos, las instalaciones se triplicaron y las pérdidas siguieron acumulándose. "¿Desde cuándo los paneles solares son solo una mercancía más? Son un milagro tecnológico. Nos convierten en cultivadores del sol", detalla Adam Tooze en su columna. Y en todo ese tiempo, el precio de un módulo solar cayó a 0,10 dólares por vatio, según EnkiAI —muy por debajo del coste de producción de 0,16 $/W de los módulos TOPCon más avanzados. Es, en términos estrictos, la mayor liquidación de tecnología climática de la historia.

En XatakaLa "magia" de la sublemación: unos investigadores europeos han resuelto el cuello de botella de las perovskitas

Esto no es una crisis del acero. Es otra cosa

Cuando los economistas hablan de sobreproducción china, normalmente el debate gira en torno al acero, el cemento o los coches eléctricos. Pero Tooze hace una distinción que vale la pena escuchar: los paneles solares no son una mercancía ordinaria. Son el resultado de medio siglo de investigación —desde los programas derivados de la NASA en los años setenta hasta el gran impulso energético de la era Carter— y, junto con las baterías, son la llave maestra de un futuro sostenible. Desperdiciar ese excedente no es solo un problema económico. Es una irracionalidad civilizatoria.

Según la OCDE, China invirtió menos de 18.000 millones de dólares en apoyo sectorial durante 15 años para construir una industria capaz de proveer más energía limpia de la que el mundo puede absorber fácilmente. Esa cifra es inferior al coste de construir un aeropuerto internacional de tamaño medio en Europa, o a lo que EEUU destinó a un único portaaviones de clase Gerald Ford.

La concentración de poder en la cadena de suministro es, además, sin precedentes en la historia de la energía. China controla más del 80% de toda la cadena de producción solar mundial, resultado directo del plan Made in China 2025 con el que Pekín decidió dejar de ser la fábrica barata del mundo y convertirse en su proveedor tecnológico. Al final de 2025, su capacidad operativa de módulos superaba los 900 GW, varias veces la demanda global total. Los cinco mayores fabricantes chinos concentran más del 50% del mercado. Solo LONGi Green Energy envió más de 45 GW en 2025: más que toda la capacidad de fabricación doméstica de Estados Unidos (73 GW).

Nunca en la historia de la energía una sola nación había dominado de forma tan absoluta una tecnología clave para la descarbonización del planeta. Ni el petróleo en su momento álgido. Y la paradoja climática es dolorosa: desde el Acuerdo de París de 2015, una escala de despliegue como la actual habría parecido ciencia ficción. El objetivo era frenar el calentamiento global. Los instrumentos para hacerlo están fabricados y apilados en almacenes. Lo que falla, señala Tooze, es la coordinación: lo que Keynes llamaría un "caos" global, una catástrofe de planificación colectiva.

La apuesta global

El caos tiene sus propios mecanismos de corrección, aunque sean dolorosos. En China, la crisis ya ha forzado al Gobierno a actuar hace unos meses, Pekín llamó a realizar "esfuerzos concertados" para acabar con la guerra de precios. Las medidas propuestas incluyen control de capacidad, precios mínimos orientativos, fusiones y adquisiciones, y protección de propiedad intelectual "para promover el desarrollo de alta calidad de la industria fotovoltaica". En la práctica: el Estado chino orquestando un rescate ordenado del sector que él mismo impulsó a crecer sin límites.

La consolidación ya había empezado antes. En agosto del año pasado, varios actores del sector pusieron en marcha un plan para que los grandes fabricantes invirtieran conjuntamente 7.000 millones de dólares en comprar y cerrar las instalaciones menos eficientes, según OilPrice.com. En la práctica, un cártel para detener la hemorragia.

Los precios ya reflejan el giro. Según ABC Solutions, los módulos chinos han subido entre un 10% y un 20% en 2026 por el ajuste de la sobreproducción y los nuevos aranceles logísticos. Wood Mackenzie prevé una subida adicional del 9%. La ventana de la gran ganga se está cerrando, aunque los precios siguen siendo históricamente bajos. La variable crítica para 2027 es cómo se resuelve el excedente: mediante consolidación ordenada o mediante nuevas disrupciones comerciales.

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Mientras tanto, el negocio exterior chino sigue en auge. Como señala Tooze en el FT, las exportaciones de tecnología solar china a prácticamente todos los países excepto Estados Unidos están disparadas. Y los fabricantes han evolucionado: ahora integran baterías en los sistemas para ofrecer mayor estabilidad a la red, empujando el producto hacia la solución completa en lugar del módulo aislado. Las baterías de almacenamiento, que también han alcanzado mínimos históricos de coste empujadas por la misma dinámica de sobreproducción, completan así el paquete: panel más almacenamiento, a precio de derribo.

La demanda interna también se recuperará. China superó los 1.230 GW de capacidad solar instalada en febrero de 2026, con un crecimiento interanual del 33,2% (SaurEnergy). La capacidad total instalada en el país se acerca ya a los 4.000 millones de kW, casi el 30% del total mundial. Las emisiones chinas podrían empezar a caer hasta seis años antes de lo previsto, precisamente gracias a esta inversión desmesurada en renovables.

Cuando demasiado sol no es suficiente

El exceso de capacidad fabril no es el único problema. China también ha instalado tantos paneles que genera más electricidad solar de la que puede almacenar o transmitir. Las infraestructuras de red y almacenamiento no han crecido al mismo ritmo que la instalación de paneles —de hecho, las normativas provinciales chinas que obligaban a instalar baterías por ley generaron sistemas que apenas se usaban por falta de incentivos en el mercado eléctrico. El resultado: energía limpia generada que se pierde porque no hay donde meterla. Una paradoja dentro de la paradoja.

A eso se añade un problema más silencioso pero potencialmente serio: la calidad. La carrera al fondo en precios ha llevado a algunos fabricantes a recortar en pruebas y materiales. El sector habla abiertamente de empresas que sacrifican durabilidad por supervivencia. Los paneles que se instalan hoy a precios de saldo podrían rendir menos de lo esperado en una década.

Un informe reciente de la OCDE, citado por Tooze en el FT, señala que la industria solar es el sector más subvencionado del mundo. La paradoja es que esas subvenciones produjeron el mayor abaratamiento tecnológico de la historia de las renovables. El debate real no es si China subvencionó —lo hizo—, sino si Occidente debería haber aprovechado el resultado en lugar de bloquearlo con aranceles. China planifica a décadas lo que Occidente mide en trimestres financieros, y esa asimetría de horizontes temporales es parte del problema.

La tesis de los "desequilibrios globales" —a la que se refiere Tooze— apunta a otra causa estructural: si China hubiera consumido más e importado más en lugar de volcar todo en inversión productiva, sectores como el solar no sufrirían este exceso. El modelo mercantilista chino, impulsado por la inversión estatal, es en cierta manera su propio peor enemigo: acepta consecuencias negativas internas e internacionales mientras persigue sus objetivos manufactureros. Pero esta crítica tiene un problema: funcionó. A un coste social enorme para los trabajadores chinos del sector, pero funcionó.

En el extremo más visionario —y especulativo— de la historia, Tooze menciona en el FT una iniciativa de un consorcio de empresas chinas para instalar cientos de gigavatios de paneles en el espacio, con centros de datos orbitales como destino. El sueño final: una base lunar de inteligencia artificial con 10.000 GW de capacidad. Mientras las fábricas terrestres permanecen inactivas.

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El año en que miramos al sol y apartamos la vista

Hay algo profundamente revelador en la imagen de almacenes chinos llenos de paneles solares que nadie compra mientras el Estrecho de Ormuz arde y la gasolina sube. No es solo un fallo del mercado. Es un fallo de imaginación colectiva.

El sector solar no va a desaparecer. Los actores chinos son demasiado grandes y demasiado eficientes para hundirse. La consolidación está en marcha, los precios subirán algo, y la demanda —tanto interna como de exportación— se reactivará. La transición energética llegará. Pero lo hará más tarde, más cara y más caóticamente de lo que podría haber sido.

La "involución" —ese término técnico tan brutal para describir una industria que se devora a sí misma— no es solo un problema chino. Es el síntoma de un mundo que tiene las herramientas para resolver la crisis climática y no se pone de acuerdo en cómo usarlas. Los aranceles de EEU. no han creado una industria solar americana relevante: solo han encarecido los paneles para los consumidores americanos. Los recortes de subsidios en China no han reequilibrado el mercado: solo han arruinado a miles de trabajadores. China vendió tecnología limpia barata durante años, y el problema es que entre tanto nadie construyó una alternativa.

Como apunta el análisis de EnkiAI, la variable crítica para los próximos meses es si la consolidación será ordenada o caótica. Si los grandes fabricantes chinos sobreviven a la tormenta y mantienen sus compromisos de garantía, el mundo habrá conseguido, a un coste enorme en destrucción industrial, una industria solar barata y consolidada. Si no, habrá que reconstruirla.

Tooze cierra su columna del Financial Times con una frase que debería grabarse en alguna pared: "Recordemos el año 2026 como el momento en que el mundo se encontró con paneles solares 'más que suficientes' y nos encogimos de hombros". En algún momento del futuro, cuando los libros de historia reposen este momento, la pregunta incómoda será esta: ¿cómo dejamos escapar la ganga más barata de la historia de la energía limpia?

Imagen | Unsplash

Xataka | Llevamos años pensando que los paneles solares arrasaban el campo: resulta que las aves e insectos viven mucho mejor debajo de ellos

Fuente original: Leer en Xataka
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