La eficiencia térmica del UDC se refleja directamente en su PUE (Power Usage Effectiveness), la métrica utilizada por la industria para evaluar el desempeño energético de un centro de datos, donde 1.0 representa la eficiencia teórica máxima. En su primera fase, la instalación de Lin-gang está diseñada para alcanzar un PUE no superior a 1.15, una cifra considerada de vanguardia dentro del sector.
Bajo este mismo principio de enfriamiento, HiCloud inauguró en 2023 el primer centro de datos submarino comercial del mundo en Hainan, una isla situada al sur de China. No obstante, el complejo de Shanghái marca un hito al ser el primero que opera utilizando energía eólica marina.
La construcción del UDC concluyó a mediados de octubre del año pasado. Según el gobierno chino, “en comparación con los centros de datos terrestres tradicionales, el proyecto está diseñado para utilizar más del 95% de electricidad verde, reduciendo el consumo de energía en un 22.8%, y el uso de agua y suelo en un 100% y más del 90%, respectivamente”.
La entrada en operación del complejo constituye un paso importante en los esfuerzos de China por optimizar el suministro energético mediante fuentes renovables y, al mismo tiempo, sostener su liderazgo en capacidad de cómputo vinculada al desarrollo de la IA.
Los planes de China ante el consumo energético de la IA
Un informe publicado recientemente por la ONU señala que únicamente 32 países albergan centros de datos especializados en inteligencia artificial. De esa infraestructura global, cerca del 90% se concentra en dos naciones: China y Estados Unidos.
Ambas potencias han adoptado medidas para garantizar la energía que demanda el desarrollo de la IA, aunque a través de enfoques distintos. Mientras Estados Unidos ha reducido parte de sus inversiones y propuestas relacionadas con la transición energética, China busca disminuir su dependencia de los combustibles fósiles tanto para cumplir sus objetivos climáticos como para reducir su vulnerabilidad frente a proveedores externos.
En este contexto destaca la estrategia de autosuficiencia energética impulsada por Beijing. Como mayor consumidor de energía del planeta, el país explora alternativas que van desde el aprovechamiento de materiales como el torio y el bismuto hasta la expansión acelerada de las energías renovables y la generación nuclear.