Mientras el mundo entra en pánico por la falta de combustibles fósiles, los números en el sector renovable chino son de vértigo. Las acciones del gigante de las baterías CATL se han disparado un 29,5% en la bolsa de Hong Kong desde que comenzó el conflicto. Por su parte, el líder de vehículos eléctricos BYD ha visto cómo sus ventas en el extranjero se catapultaban un 65% interanual en el mes de marzo.
Esta ola de compras no es nueva, pero sí se ha acelerado drásticamente: el año pasado, las exportaciones chinas de paneles solares a África aumentaron un 48%, las ventas de vehículos eléctricos subieron un 27% y las de turbinas eólicas crecieron casi un 50%.
Supervivencia y una carrera ya terminada. El giro mundial hacia las renovables en este momento crítico no está impulsado únicamente por promesas climáticas, sino por una necesidad de "seguridad energética". La escasez de combustibles en Asia ha llevado a países vulnerables a tomar medidas drásticas: el presidente de Indonesia ha anunciado la construcción de 100 gigavatios de energía solar en los próximos dos años, mientras que Filipinas ofrece préstamos estatales de hasta 8.300 dólares para instalar paneles solares domésticos.
Para abastecer esta demanda masiva, el mundo solo puede mirar hacia un lado. Como señala un análisis de mi compañero Javier Lacort, Occidente lleva años prometiendo alternativas, pero China "no está ganando la carrera de las baterías; ya la ha ganado", controlando más del 80% de la fabricación mundial de celdas. Empresas como CATL y BYD ya han anunciado o construido 68 fábricas fuera de China, invirtiendo más dinero en el extranjero que en su propio país.
En Xataka
El 97% del magnesio que España necesita viene de China. Así que va a empezar a minar el Macizo Ibérico para evitarlo
El ascenso de los "Electroestados". El panorama global se está redefiniendo. Estamos presenciando una contienda entre los tradicionales "Petroestados", liderados por Estados Unidos, y los nuevos "Electroestados", anclados por China, que suministra más del 70% de todo el hardware verde del mundo.
Excluida de Estados Unidos y Europa por medidas proteccionistas, la industria solar china ha encontrado su salvación en el Sur Global. El año pasado, los fabricantes chinos enviaron 18,8 gigavatios en paneles solares a África. En términos diplomáticos y económicos, la guerra cimentará el estatus de superpotencia de China. La desconexión del crudo de Oriente Medio podría incluso erosionar el dominio del "petrodólar" y catalizar los inicios del "petroyuan", a medida que países como Irán negocian el paso de barcos a cambio de pagos en la moneda china.
La cara B. A pesar de este dominio apabullante, el camino de Pekín tiene obstáculos significativos. En África, aunque la tecnología barata es bienvenida, crecen las voces de alarma sobre la creación de un nuevo "síndrome de dependencia". Algunos expertos lamentan que mientras los países africanos ven a China como un salvador, Pekín los considera un "vertedero" para deshacerse de su sobrecapacidad industrial.
En Occidente, la desconfianza es aún mayor por motivos de seguridad nacional. El Reino Unido vetó recientemente los planes del fabricante chino Ming Yang para construir una fábrica de turbinas eólicas en Escocia, alegando riesgos de espionaje o sabotaje en infraestructuras críticas. Al mismo tiempo, la administración estadounidense de Donald Trump desde el inicio ha decidido retirar apoyo fiscal a la energía verde y priorizar los combustibles fósiles para no depender de cadenas de suministro controladas por adversarios extranjeros.
Tampoco China es invulnerable al caos energético. A pesar de su liderazgo renovable, el país sigue importando el 78% del petróleo que consume, y el golfo Pérsico abastece casi la mitad de esas importaciones. La subida del barril está causando estragos por inflación de costes en sus vitales fábricas de acero, aluminio y petroquímica, reduciendo sus márgenes de competitividad.
Una elección geopolítica. Justamente porque esta dependencia de los combustibles fósiles castiga a todos por igual, la transición verde se ha convertido en una carrera de pura supervivencia económica para blindar las economías nacionales. La crisis desencadenada por la guerra en Irán demuestra que la resiliencia es hoy el principal motor del cambio global. Como señala Fatih Birol de la Agencia Internacional de la Energía, las energías limpias se acelerarán no solo por las emisiones, sino porque son una "fuente de energía nacional".
Sin embargo, adoptar esta tecnología implica elegir de qué lado de la balanza se quiere estar. La transición energética ha dejado de ser una simple opción entre combustibles fósiles o renovables. En la actualidad, el grado en el que un país decida (o no) depender de China definirá su capacidad para descarbonizarse, convirtiendo un debate medioambiental en la decisión geopolítica más definitoria de la próxima década.
Imagen | Unsplash
Xataka | El país que controle las baterías eléctricas de los coches eléctricos controlará el futuro. Y ya tenemos ganador
-
La noticia
China ya había ganado la guerra de las baterías. El caos energético en Irán solo le está entregando el trono mundial
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
.
China ya había ganado la guerra de las baterías. El caos energético en Irán solo le está entregando el trono mundial
El choque entre los "Petroestados" y los "Electroestados" redefine la geopolítica: elegir cómo descarbonizarse es ahora elegir de qué lado del mundo estás
Pekín lidera la transición, pero no es invulnerable: su brutal dependencia del crudo del golfo Pérsico le obliga a acelerar su propia maquinaria renovable cueste lo que cueste
Mientras el mundo entra en pánico por la falta de combustibles fósiles, los números en el sector renovable chino son de vértigo. Las acciones del gigante de las baterías CATL se han disparado un 29,5% en la bolsa de Hong Kong desde que comenzó el conflicto. Por su parte, el líder de vehículos eléctricos BYD ha visto cómo sus ventas en el extranjero se catapultaban un 65% interanual en el mes de marzo.
Esta ola de compras no es nueva, pero sí se ha acelerado drásticamente: el año pasado, las exportaciones chinas de paneles solares a África aumentaron un 48%, las ventas de vehículos eléctricos subieron un 27% y las de turbinas eólicas crecieron casi un 50%.
Supervivencia y una carrera ya terminada. El giro mundial hacia las renovables en este momento crítico no está impulsado únicamente por promesas climáticas, sino por una necesidad de "seguridad energética". La escasez de combustibles en Asia ha llevado a países vulnerables a tomar medidas drásticas: el presidente de Indonesia ha anunciado la construcción de 100 gigavatios de energía solar en los próximos dos años, mientras que Filipinas ofrece préstamos estatales de hasta 8.300 dólares para instalar paneles solares domésticos.
Para abastecer esta demanda masiva, el mundo solo puede mirar hacia un lado. Como señala un análisis de mi compañero Javier Lacort, Occidente lleva años prometiendo alternativas, pero China "no está ganando la carrera de las baterías; ya la ha ganado", controlando más del 80% de la fabricación mundial de celdas. Empresas como CATL y BYD ya han anunciado o construido 68 fábricas fuera de China, invirtiendo más dinero en el extranjero que en su propio país.
El ascenso de los "Electroestados". El panorama global se está redefiniendo. Estamos presenciando una contienda entre los tradicionales "Petroestados", liderados por Estados Unidos, y los nuevos "Electroestados", anclados por China, que suministra más del 70% de todo el hardware verde del mundo.
Excluida de Estados Unidos y Europa por medidas proteccionistas, la industria solar china ha encontrado su salvación en el Sur Global. El año pasado, los fabricantes chinos enviaron 18,8 gigavatios en paneles solares a África. En términos diplomáticos y económicos, la guerra cimentará el estatus de superpotencia de China. La desconexión del crudo de Oriente Medio podría incluso erosionar el dominio del "petrodólar" y catalizar los inicios del "petroyuan", a medida que países como Irán negocian el paso de barcos a cambio de pagos en la moneda china.
La cara B. A pesar de este dominio apabullante, el camino de Pekín tiene obstáculos significativos. En África, aunque la tecnología barata es bienvenida, crecen las voces de alarma sobre la creación de un nuevo "síndrome de dependencia". Algunos expertos lamentan que mientras los países africanos ven a China como un salvador, Pekín los considera un "vertedero" para deshacerse de su sobrecapacidad industrial.
En Occidente, la desconfianza es aún mayor por motivos de seguridad nacional. El Reino Unido vetó recientemente los planes del fabricante chino Ming Yang para construir una fábrica de turbinas eólicas en Escocia, alegando riesgos de espionaje o sabotaje en infraestructuras críticas. Al mismo tiempo, la administración estadounidense de Donald Trump desde el inicio ha decidido retirar apoyo fiscal a la energía verde y priorizar los combustibles fósiles para no depender de cadenas de suministro controladas por adversarios extranjeros.
Tampoco China es invulnerable al caos energético. A pesar de su liderazgo renovable, el país sigue importando el 78% del petróleo que consume, y el golfo Pérsico abastece casi la mitad de esas importaciones. La subida del barril está causando estragos por inflación de costes en sus vitales fábricas de acero, aluminio y petroquímica, reduciendo sus márgenes de competitividad.
Una elección geopolítica. Justamente porque esta dependencia de los combustibles fósiles castiga a todos por igual, la transición verde se ha convertido en una carrera de pura supervivencia económica para blindar las economías nacionales. La crisis desencadenada por la guerra en Irán demuestra que la resiliencia es hoy el principal motor del cambio global. Como señala Fatih Birol de la Agencia Internacional de la Energía, las energías limpias se acelerarán no solo por las emisiones, sino porque son una "fuente de energía nacional".
Sin embargo, adoptar esta tecnología implica elegir de qué lado de la balanza se quiere estar. La transición energética ha dejado de ser una simple opción entre combustibles fósiles o renovables. En la actualidad, el grado en el que un país decida (o no) depender de China definirá su capacidad para descarbonizarse, convirtiendo un debate medioambiental en la decisión geopolítica más definitoria de la próxima década.