La reclusa, de 50 años, ha sido trasladada a un hospital después de que continuara respirando tras recibir una doble dosis de pentobarbital
Regala esta noticia Añádenos en Google Chista Pike, en la fotografía tomada en presidio. (AFP)M. Pérez
01/10/2026 Actualizado a las 07:21h.Christa Pike, la reclusa de 50 años que ocupó las portadas de los medios estadounidenses por tratarse de la primera mujer en ser ejecutada en ... Tennesse, continúa con vida tras recibir dos inyecciones letales. Así lo anunciaron sus abogados este miércoles por la noche (madrugada en España), antes de informar de que la presa fue trasladada a un hospital donde le han administrado «medidas salvavidas» para contrarrestar los efectos del cóctel fatal de fármacos.
El cumplimiento de la sentencia fue, en sí mismo, una espiral de tensión y tragedia. La ejecución estaba prevista para la mañana del miércoles, pero una Corte de Apelación federal la suspendió 'in extremis' después de que los letrados de la defensa pidieran que se tuviera en cuenta la historia de la reclusa, plagada de abusos sexuales durante su infancia y juventud. El recurso solicitaba que estas vejaciones actuasen como atenuante para modificar la condena a la pena capital por otra de cadena perpetua.
Pike fue condenada por el asesinato en 1995 de Colleen Slemmer, una joven de 19 años compañera de clase en un centro de formación profesional de Knoxville, de quien pensaba que trataba de arrebatarle a su novio. La condenada, que entonces tenía 18 años, junto a su pareja, de 17, y un tercer cómplice golpearon y acuchillaron a Slemmer en una agonía que duró más de media hora, durante la cual la víctima intentó huir sin éxito en varias ocasiones. Pike confesó más tarde que solo quería pelearse con la chica, pero terminó asestándole un corte en el cuello y varios golpes en la cabeza.
Pike se declaró enferma mental, con un diagnóstico de estrés postraumático por las violaciones que sufrió de joven y trastorno bipolar, pero eso no evitó su condena a muerte. El Tribunal Supremo de Tennessee rechazó hace nueve días la suspensión de la ejecución y el Tribunal Supremo de EE UU se pronunció de la misma manera veinticuatro horas antes. La última apelación del miércoles quedó igualmente descartada, por lo que Pike recibió la inyección letal a las 20.26 horas.
Sin embargo, el resultado no fue en absoluto el previsto. Los periodistas asistentes a la ejecución afirman que la reclusa permaneció despierta mientras recibía la primera dosis de pentobarbital y que incluso cantó junto a su guía espiritual. Al final de la inyección entró en un estado de sopor, pero su respiración era perfectamente estable y, sobre todo, audible. La ley permite en estos casos excepcionales una segunda tanda de fármacos. Pero ni siquiera ésta hizo efecto. Los testigos pudieron escuchar los «fuertes ronquidos» de Pike, acompañados de violentos movimientos corporales, lo que llevó a las autoridades a detener la ejecución y trasladarla a un hospital.
La situación que se abre ahora es excepcional. La legislación no establece qué procedimiento debe seguirse cuando un condenado ha sobrevivido a la pena capital. Hay muy pocos antecedentes al respecto. El pasado mayo, un preso llamado Tony Carruthers vio suspendida su ejecución en la penitenciaria de Nashville después de que fuera imposible colocarle la vía intravenosa por la que debía circular el cóctel de fármacos. El gobernador de Tennesse ordenó entonces suspender la pena al menos durante un año mientras se dilucida si es sometido a una nueva ejecución o recibe una condena a cadena perpetua,
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