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Política

Cien toneladas en cuatro horas: así combate el fuego el Ejército del Aire

Cien toneladas en cuatro horas: así combate el fuego el Ejército del Aire
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"Lo que hacemos es abrir una ventana para quienes combaten el fuego desde tierra", explica el capitán Thomasa Leer

La pituitaria de los miembros del 43 Grupo del Ejército del Aire conserva en su memoria olfativa el olor de los incendios. Un olor "muy característico", pero "difícil de describir"; un olor que identifican al instante y que es, al mismo tiempo, lo que más les impresiona la primera vez que vuelan sobre un incendio. Lo asegura el capitán Enzo Thomasa, que creció en Melilla rodeado de militares del Ejército de Tierra y de amigos bomberos. Quería seguir la tradición castrense familiar, pero también combatir el fuego. Con esas dos vocaciones ingresó en la Academia General del Aire, donde conoció al 43 Grupo, la unidad dedicada a combatir los incendios forestales en verano.

Logró la nota necesaria para incorporarse como teniente en 2020. Afronta ahora su sexta campaña de lucha contra los incendios, una experiencia pilotando los Canadair desde la que explica para EL MUNDO —con la adrenalina de quien permanece activado ese mismo día— cómo trabajan desde el cielo para "abrir una ventana de oportunidad a quienes combaten el fuego desde tierra".

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  • Redacción: JUANMA LAMET Madrid

Cuando los nuevos pilotos ingresan en el Grupo, tienen que realizar un curso para familiarizarse con los aviones de la unidad, los famosos Canadair. La flota dispone de dos modelos, el 2.15 Turbo y el 4.15, más moderno e intuitivo este último que el primero, pero con el mismo objetivo: cargar seis mil litros de agua en 12 segundos para lanzarla sobre las llamas.

Ingresar en esa unidad supone sacrificar las vacaciones de verano durante todo el periodo en el que permanecen destinados en ella. Desde el 23 de mayo y hasta el 1 de septiembre, los 150 soldados que componen el 43 Grupo permanecen activados. Trabajan por turnos de guardia y tienen los aviones repartidos por la Península para cubrir toda España. Zaragoza, Mallorca, Albacete, Palma, Málaga, Badajoz, Salamanca, Santiago y Madrid son las bases donde los Canadair están desplegados. De los 14 aviones que componen la flota, deberían estar activos una decena, pero actualmente solo hay siete, según desveló este diario en exclusiva. Es el Ministerio para la Transición Ecológica el encargado de prever las aeronaves y su disponibilidad.

El capitán Enzo Thomasa, del 43 grupo del Ejército del Aire.E. M.

Cuando los militares están activados, su jornada comienza a las siete y media de la mañana, momento en el que abren los destacamentos. El capitán Thomasa asegura que, en su caso, la jornada empieza incluso el día anterior, cuando sigue a través de canales oficiales en redes sociales y grupos de mensajería la evolución de los incendios que se están desarrollando en distintos puntos de España, para llegar a la base con una idea de lo que ha sucedido previamente. Al llegar, "el copiloto va mirando las condiciones meteorológicas de los lugares donde hay incendios, consultamos también las frecuencias de radio que hay que poner si vamos a una u otra ciudad, o zonas restringidas al tráfico aéreo que pudieran afectarnos". Se preparan, en definitiva. Cuentan para ello con un manual de zonas de carga, elaborado tras el ingente trabajo de un compañero que cartografió cada embalse y posible zona de carga, identificando sus peligros: torretas, cables o accidentes geográficos.

En paralelo al trabajo del piloto y el copiloto, "el personal de tierra realiza la inspección pre-vuelo y está comprobando que todos los sistemas funcionan bien, para avisar a MITECO, de que el avión está listo, está preparado y que podemos salir al incendio. Una vez que tenemos todo eso, pues ya lo que hacemos es esperar a la llamada". Cuando les activan, saben que el incendio ha alcanzado el grado 1 y que tienen que estar preparados para despegar en menos de una hora. Aunque, por lo general, están listos antes.

La radio, "una locura"

A su llegada al incendio empieza a dispararse la adrenalina. Un helicóptero, situado a mayor altura, controla la operación desde el aire durante el incendio. La coordinación de los medios aéreos es clave y la radio "a veces es una locura". Los pilotos trabajan en turnos de nueve horas, condicionados por la luz solar: "Trabajamos de orto a ocaso", explica. Suelen hacer cuatro horas y media seguidas, parar, y completar otras cuatro horas y media.

Durante ese tiempo apenas hay descanso. La jornada consiste en una sucesión continua de cargas y descargas de agua. Van al embalse, recogen seis mil litros en 12 segundos y, de media, en diez minutos han descargado y vuelto a por más agua. Realizan una media de 18 descargas por cada medio turno, lo que supone verter más de cien toneladas de agua sobre un incendio.

Un Canadair carga agua el viernes en las Cinco Villas (Zaragoza).Javier Cebollada/EFE

Los jóvenes tenientes deben aprender no solo a llenar de agua la cisterna, sino también distintas maniobras, como la carga en grupo de varios aviones y otras dos especialmente delicadas: la carga en espejo y la carga en mar. La primera se produce cuando el embalse en el que van a cargar, dependiendo de la hora, refleja el horizonte, por lo que pierden cualquier referencia del agua. "Vamos a ciegas, en las cargas en espejo esperamos el contacto con el agua, el segundo piloto mira por la ventana para buscar el flotador como referencia, mientras yo me fijo en los instrumentos para notar el contacto con el agua y cargar", explica.

Aunque esta situación es menos habitual que las cargas en el mar, estas últimas están sometidas a numerosos riesgos. "Tienen la dificultad añadida del oleaje y los bañistas", describe. Para minimizar el peligro, tratan de coger agua lo más cerca posible de la orilla, donde hay menos olas. Aun así, confiesa que "cuerpo sufre mucho, porque al final se dan muchos botes con las olas y con el oleaje a alta velocidad. La espalda, el cuello sufre mucho."

Thomasa recuerda varios incendios especialmente duros. El primero fue en septiembre de 2021, en Sierra Bermeja (Málaga), el primer gran incendio en el que intervino: "Éramos muchísimos medios, había que gestionar todo, dónde estaban ellos, dónde estábamos nosotros, intentar minimizar los cruces con helicópteros... la radio era una locura", rememora. Esas comunicaciones por radio, imprescindibles, son también "una de las cosas que más tensión provoca en las intervenciones, porque está todo el rato sonando y tienes que estar muy atento". También cita los grandes incendios que asolaron España el año pasado: "Me sorprendieron muchísimo porque estábamos totalmente sobrepasados de medios. Había tantos incendios que los medios estábamos desperdigados".

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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