Gracias a este análisis, los especialistas concluyeron que los fósiles recuperados hace casi tres décadas correspondían a una especie completamente nueva, con diferencias anatómicas significativas respecto a los ajolotes contemporáneos.
El artículo publicado en la revista científica Palaeontologia Electronica señala que el análisis reveló rasgos distintivos en el cráneo y el esqueleto que no se observan en las especies actuales. Entre las características más relevantes destacan una abertura alargada en la parte superior del cráneo, una configuración distinta del paladar, variaciones en la disposición de algunos huesos craneales y la presencia de 17 vértebras troncales. Este último aspecto resulta particularmente relevante, ya que los ajolotes modernos poseen 16 vértebras o menos.
Para determinar con precisión la identidad de los fósiles, los autores compararon los restos con 13 especies actuales de Ambystoma, incluidas varias endémicas de México, como el ajolote de Xochimilco (Ambystoma mexicanum), además de salamandras tigre de México y Estados Unidos. Para ello recurrieron a imágenes tridimensionales y escaneos de tomografía computarizada disponibles en colecciones científicas internacionales.
Como complemento, obtuvieron esqueletos completos de salamandras modernas de la especie Ambystoma velasci, utilizados como referencia directa para comparar la forma y estructura de los huesos actuales con los de los fósiles.
Finalmente, los científicos analizaron las posibles relaciones evolutivas entre estas salamandras fósiles y las especies modernas mediante un estudio comparativo de características óseas, complementado con investigaciones previas basadas en ADN de salamandras actuales.
rasgos juveniles durante toda la vida adulta.Esta adaptación suele desarrollarse en ambientes lacustres estables y aislados, donde existe poca presión evolutiva para completar la metamorfosis típica de otros anfibios. El hallazgo sugiere que esta estrategia ya estaba presente en los ajolotes mexicanos desde el Plioceno, hace varios millones de años.
destacó que “el hallazgo de Ambystoma quetzalcoatli demuestra que el linaje de los ajolotes tiene una historia evolutiva mucho más antigua de lo que se creía, con presencia en México desde el Plioceno y una diversificación temprana asociada a antiguos sistemas lacustres. Más allá de la identificación de una nueva especie, este descubrimiento refuerza la idea de que la biodiversidad actual de México tiene raíces profundas en ecosistemas desaparecidos hace millones de años”.