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ArrowLos hallazgos refuerzan la evidencia acumulada por estudios previos, los cuales sostienen que modificaciones modestas, realistas y sostenibles en los niveles de actividad física tienen un impacto significativo en la reducción de la mortalidad. Sin embargo, el nuevo metaanálisis destaca por el enfoque metodológico empleado para cuantificar la actividad física y estimar la proporción de muertes potencialmente evitables a escala poblacional, lo que aporta mayor solidez a las conclusiones.
Para el análisis, los autores examinaron los datos de más de 135,000 adultos procedentes de Noruega, Suecia, Estados Unidos y el Reino Unido. A través del uso de acelerómetros, dieron seguimiento al nivel de movimiento de los participantes durante un periodo promedio de ocho años. Esta técnica permitió eliminar el sesgo asociado a los autoinformes, una limitación frecuente en investigaciones anteriores basadas en cuestionarios.
Helios Pareja Galeano, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en Fisiología del ejercicio y Actividad física y salud, destacó en declaraciones a SMC España la elevada calidad metodológica del trabajo. “Se trata de un metaanálisis con datos individuales de varias cohortes prospectivas, en el que la actividad física y el sedentarismo se miden de forma objetiva mediante dispositivos de acelerometría. Esto permite modelar con mayor precisión la relación dosis–respuesta. El objetivo del estudio no es demostrar cambios reales en cada individuo, sino estimar el impacto potencial de desplazar la distribución poblacional a partir de los niveles observados”, explicó.
Los especialistas coinciden en que los resultados tienen una amplia relevancia científica y social, especialmente en un contexto en el que las soluciones farmacológicas están ganando protagonismo como vía para aumentar la esperanza de vida, en detrimento de los beneficios asociados a la adopción de conductas saludables y accesibles para la mayoría de la población.
Más ejercicio, menos fármacos
No obstante, los autores reconocen que la investigación presenta algunas limitaciones. Por un lado, se trata de un estudio observacional, lo que restringe la posibilidad de establecer relaciones causales definitivas entre la actividad física y la reducción del riesgo de mortalidad. A ello se suma la composición demográfica de la muestra, integrada por participantes de países desarrollados, cuyas condiciones de vida no necesariamente reflejan la realidad de las naciones de ingresos bajos y medios.
Luis Cereijo, investigador en Epidemiología y Salud pública de la Universidad de Alcalá, señaló en SMC España que una de las principales limitaciones radica en el momento de medición de la actividad física. “Esta solo se registró al inicio del seguimiento, lo que impide considerar posibles cambios en los hábitos de los participantes a lo largo del tiempo y cómo estos podrían influir en los resultados”, puntualizó.
Recibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowLos autores subrayan que futuras investigaciones deberán abordar estos sesgos y enfatizan la importancia de replicar el estudio en países de ingresos bajos y medios. Esto permitiría comprender mejor cómo factores como la estructura demográfica, los niveles de actividad física y los perfiles de riesgo epidemiológico influyen en los efectos observados.
A pesar de estas limitaciones, el estudio, publicado en la revista The Lancet, ha recibido una valoración positiva por parte de la comunidad científica. Diversos especialistas coinciden en que sus conclusiones son relevantes para diseñar estrategias más eficaces orientadas a reducir las muertes prevenibles, con una menor dependencia de intervenciones farmacológicas.
“Estos resultados refuerzan la necesidad de situar en el centro de las políticas públicas acciones que promuevan el acceso equitativo a la actividad física, especialmente entre las personas con menor nivel socioeconómico, cuyo riesgo de mortalidad suele ser mayor”, concluye Cereijo.