Lo más provocador de la serie de Prime no es lo que enseña, sino lo que promueve: que el deseo deje de avergonzarnos
Regala esta noticia Celia Morán y Malena Alterio. (RC) 07/05/2026 Actualizado a las 02:00h.Hay un momento fugaz en 'Cochinas' (Prime Video) en el que alguien intenta ver la película codificada del Canal+ colocando papel cebolla sobre la pantalla. No hay exageración alguna en la escena: de hecho, por entonces circulaba el chiste de que, al día siguiente, podías reconocer a quienes habían pasado la noche forzando la vista porque tenían los ojos achinados. Hartos de frotarse los ojos, y sin poder pagar las 3.000 pesetas de la suscripción, muchos terminaron refugiándose en el videoclub. Y ahí es donde entra en juego 'Cochinas'.
Malena Alterio, siempre brillante en ese territorio donde conviven la comedia y la tragedia cotidiana, interpreta a Nines, un ama de casa de rebequita sobre los hombros, madre de dos hijos y esposa de Mariano (Chani Martín), propietario de un videoclub de Valladolid en decadencia. Tras un accidente que deja a su marido en coma, Nines intenta sacar adelante el negocio familiar, y descubre una sección de cine porno oculta en el local. Hasta ahí, la premisa. Pero 'Cochinas' no se queda en la historia de una mujer conservadora escandalizada ante unos VHS subidos de tono, sino que va mucho más allá: hasta el despertar sexual de Nines y sus vecinas.
La España de finales de los 90
Creada por Carlos del Hoyo ('Señoras del (H)AMPA') e Irene Bohoyo ('Todos los lados de la cama'), y dirigida por Andrea Jaurrieta ('Nina'), Laura M. Campos y Núria Gago, actriz que se estrena como directora, la serie, de un humor tierno y costumbrista, mira hacia la España de finales de los 90 para encontrarse con un país y una época donde el deseo se reprime y los silencios se enquistan. Por eso, Nines, flanqueada por sus compañeros en el videoclub (Álvaro Mel y una estupenda Celia Morán), termina transformando el local en un espacio donde las mujeres se reúnen para ver películas porno, reírse mucho, compartir experiencias y hacer preguntas. Mientras tanto, algunos hombres (mira, como ahora) se sienten amenazados por estos cambios, por este 'desmadre a la vallisoletana', sin reparar en que la liberación sexual no resta, sino que suma. También a ellos.
La serie arranca con una advertencia que deja en mantillas a los dos rombos: «Esta producción contiene desnudez, simulaciones sexuales y algunos detalles potencialmente ofensivos. Si la visión del cuerpo humano o la intimidad le resulta perturbadora, considere abandonar el visionado». Y sí, hay abundantes desnudos explícitos, pero la posible incomodidad no nace de ahí, sino de ver algo tan poco habitual en la pantalla como son cuerpos diversos y reales alejados de estándares absurdos. Los estándares, afortunadamente, solo los dejan para las introducciones de cada capítulo, que recrean el porno de los años noventa con títulos tan descacharrantes como 'Pene de muerte' o 'A pelo XIII'.
Además de cuerpos de toda edad, género y tamaño, la serie también explora distintos tipos de sexualidad, como la de una chica con síndrome de Down o una pareja de sexagenarios. Incluso, y en una vuelta de tuerca acertadísima, aunque previsible, 'Cochinas' termina criticando el cine porno, ese que, en un principio, aparecía como liberador. Por eso, y a pesar de la advertencia, lo más provocador de la serie no es lo que enseña, sino lo que promueve: que el deseo deje de avergonzarnos, que nombremos lo que queremos y que perdamos el miedo a decirlo.
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