Suiza-Colombia (martes, 22.00) | Octavos de final
Colombia se gana el derecho de volver a soñarDe las lágrimas tras la final de la Copa América a la fortaleza de Vancouver, los cafeteros desafían su propia historia frente a una Suiza de acero en el duelo definitivo por los cuartos de final
Regala esta noticia Añádenos en Google Daniel Muñoz celebra con el puño en alto nada más terminar el partido de dieciseisavos ante Argelia. (REUTERS) 07/07/2026 a las 00:05h.La selección colombiana siempre ha habitado la periferia de los Mundiales. Ha sido, por definición general, una hermosa anomalía: capaz de esculpir la obra de ... arte más rotunda y, al minuto siguiente, desmoronarse por el peso de su propia mística. Salvo por los fogonazos de Italia 90, la resistencia de Rusia 2018 o aquel idilio estival de Brasil 2014 donde James Rodríguez bailó bajo la luna de Río de Janeiro, el combinado cafetero rara vez figuró en los cuadernos de las selecciones a tener en cuenta. Colombia era el ritmo, el color, el actor secundario que caía con honores.
El camino hacia los octavos de final en el Estadio de Vancouver no ha sido un desfile militar, ni mucho menos. El vestuario colombiano se ha transformado en los últimos días en una trinchera médica. Un virus inclemente (que evoca los fantasmas del «virus del camello» que diezmó a Francia en Catar 2022) ha campado a sus anchas entre los futbolistas. «Hay un virus ahí dentro que está siendo muy duro», confesaba el capitán James Rodríguez.
A la fiebre se le sumó el tributo de sangre en los dieciseisavos de final contra Ghana. Jhon Córdoba, la boya sobre la que pivotaba el ataque, se rompió el aductor izquierdo. Un desgarro cruel que lo aparta de lo que resta de Copa del Mundo. En su lugar emerge Luis Suárez. El indómito delantero del Sporting de Gijón, curtido en mil batallas en la Segunda División española, tiene ante sí la oportunidad de su vida: justificar su titularidad con el gol que todavía se le niega en esta cita.
A pesar de las plagas y los contratiempos, el bloque no se agrieta. Mientras los gigantes del torneo han flaqueado por lo menos en un partido hasta el momento (como España y Argentina sufriendo ante Cabo Verde o Francia penando contra Paraguay en su partido de octavos), Colombia ha caminado con una solvencia impecable. Clasificó liderando el Grupo K tras desactivar a Uzbekistán (3-1), doblegar al Congo (1-0) y firmar un armisticio táctico con Portugal (0-0), para luego sellar el pase a octavos con un zarpazo de Jhon Arias ante Ghana (1-0). Cuatro porterías a cero en los últimos cinco partidos mundialistas. Esta Colombia ya no se adorna; esta Colombia muerde.
Para entender este momento competitivo hay que mirar a dos hombres que representan el alfa y el omega del fútbol colombiano. En el centro del tablero se encuentra James Rodríguez. Cuando parece que su carrera en clubes no da para más, el '10' sufre una metamorfosis sagrada cuando se enfunda la camiseta de su país. Es su armadura. Si James organiza la banda, Luis Díaz es el látigo. El extremo del Liverpool es la máxima figura, el desequilibrio personificado, el jugador capaz de inclinar el campo hacia el sector izquierdo.
Una Suiza invicta
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