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Comenzamos a andar erguidos hace 7 millones de años. ¿Qué ventajas nos dio?

Comenzamos a andar erguidos hace 7 millones de años. ¿Qué ventajas nos dio?
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Un estudio aporta nuevas pruebas de que el homínido más antiguo conocido ya era bípedo, una característica de nuestros antepasados que fue clave

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La bipedestación es un rasgo distintivo de nuestra especie. RC Comenzamos a andar erguidos hace 7 millones de años. ¿Qué ventajas nos dio?

Un estudio aporta nuevas pruebas de que el homínido más antiguo conocido ya era bípedo, una característica de nuestros antepasados que fue clave

Jon Garay

Sábado, 3 de enero 2026 | Actualizado 06/01/2026 00:12h.

Basta este ejemplo para ilustrar la complejidad de uno de los rasgos distintivos de nuestra especie. Porque caminar erguidos es algo que solo hacemos nosotros y nuestros antepasados homínidos. Esta forma de locomoción apareció hace siete millones de años en el Sahelanthropus tchadensis, el homínido más antiguo conocido. Este ancestro fue descubierto en 2001 en el desierto de Djurab, en Chad, y mientras algunos investigadores apostaron por que caminaba erguido, otros lo ponían en duda. Ahora, un estudio publicado en la revista 'Science Advances' confirma que es así. «El Sahelanthropus tchadensis era esencialmente un simio bípedo con un cerebro del tamaño de un chimpancé y probablemente pasaba gran parte de su tiempo en los árboles, buscando alimento y seguridad. A pesar de su apariencia superficial, estaba adaptado a la postura y al movimiento bípedo en el suelo», explica Scott Williams, profesor asociado del Departamento de Antropología de la Universidad de Nueva York.

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Recreación del Sahelanthropus tchadensis. Adobe Stock

Cuando paleontólogos de la Universidad de Poitiers dieron con los restos de este primitivo homínido en el corazón de África, sus estudios se centraron en el cráneo. Tanto su orientación como la posición del agujero occipital donde se inserta la columna sugerían que eran capaces de desplazarse erguidos pero no todos los especialistas estaban de acuerdo. Dos décadas después se pudieron analizar el fémur y dos cúbitos del antebrazo. Las pistas apuntaban en la misma dirección, pero quedaba la duda por la similitud de sus extremidades con las de los chimpancés. Ahora, esta última investigación ha examinado de nuevo los fósiles para confirmar que efectivamente el Sahelanthropus era capaz de caminar.

Lo que han encontrado es que pese a su tamaño los asemeja a los simios, sus proporciones los acercan más a los homínidos. Además, estos huesos presentaban tres características claves para la bipedestación: una fuerte antetorsión femoral, que ayuda a que las piernas apunten hacia adelante, facilitando la marcha; unos músculos en el glúteo -estos los reconstruyeron con análisis 3D- que ayudan a mantener estables las caderas, lo que permite estar de pie, andar y correr; y un fémur adaptado para aportar estabilidad. En resumen, aquel homínido de hace siete millones de años tenía unas piernas mucho más cortas que nosotros, pero ya estaban diferenciadas de las de los chimpancés o los bonobos. «En conjunto, estas características podrían representar algunas de las primeras adaptaciones al bipedalismo en el linaje de los homínidos si bien serían capaces de desplazarse con facilidad en los árboles», subrayan.

Una capacidad muy antigua

«Caminar sobre dos piernas otorgó ciertas características importantes para nuestra evolución a nuestros antepasados. La exposición al sol es menor y permite caminar en horas de mucho sol sin sufrir insolación», explica Eder Dominguez-Ballesteros, profesor del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la UPV/EHU. No es esta la única ventaja. «Aunque los cuadrúpedos están mejor diseñados para correr, los bípedos pueden caminar largas distancias a una menor velocidad pero sin tanto gasto energético», añade. A ello se le suma un mayor campo de visión al estar erguidos y una mayor facilidad para atravesar masas de agua, por ejemplo».

El especialista apunta que la bipedestación fue clave también por razones todavía más complejas. «Si bien los primates que viven en los árboles acarrean las crías sin problema, al ser bípedos comenzamos a utilizar asiduamente las dos manos simultáneamente. Al poder caminar por el suelo sin problema y no necesitar una mano para sujetarnos al árbol, esto fue una característica que le vino muy bien a nuestros antepasados para la elaboración y uso de herramientas, muy conectado con el pensamiento simbólico y el lenguaje», concluye.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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