Carlos Alsina, Pedro J. Ramírez y Cruz Sánchez de Lara han acudido a la capilla ardiente de Raúl del Pozo junto a otros amigos y compañeros de profesión, este miércoles. Sara Fernández El Español
Sociedad Compañeros y amigos despiden a Raúl del Pozo: "Tenía el veneno del periodismo en la sangre como forma de vida""El más reportero de los columnistas y el más columnista de los reporteros", aseguraba Pedro J. Ramírez, que acudió a despedirlo a la capilla ardiente del periodista junto a familiares, compañeros de profesión y lectores.
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Jesús Soler Publicada 11 marzo 2026 12:09h Actualizada 11 marzo 2026 12:22hLas claves nuevo Generado con IA
Madrid llora la muerte del reconocido periodista Raúl del Pozo.La capilla ardiente del escritor se ha abierto este miércoles en la Casa de la Villa, en Madrid, donde desde primeras horas de la mañana familiares, compañeros de profesión y lectores se acercan para despedir a una de las firmas más emblemáticas del periodismo político.
Poco antes de las nueve y media ha abierto la capilla ardiente en el Patio de Cristales del edificio que fue sede del Ayuntamiento de Madrid y hasta allí ya se han acercado, entre otros, el director de EL ESPAÑOL, Pedro J. Ramírez.
"Raúl ha sido más grande que la vida. Es un personaje en el que cabía todo. Alguien tendrá que hacer una biografía de mil páginas porque son siete décadas de historia de España y del periodismo, desde la bohemia canalla del tardofranquismo hasta esta etapa de la inteligencia artificial. Todo ha pasado por Raúl", recordaba a las puertas de la Casa de la Villa, donde también contó que la primera vez que escuchó hablar de Raúl fue en los años 70, cuando alguien del mundo obrero firmó un artículo vitriólico contra él.
Aunque usó un seudónimo, la pluma era de Raúl del Pozo: "Me ponía a caldo, pero estaba tan bien escrito, que tuve la obsesión de contratarlo. Y en los años 90 lo conseguí".
Como recuerda, Raúl ha significado mucho para el columnismo español. Para muchos ha sido el sucesor de Umbral por una escritura sentimentalista y su capacidad para reinventar el idioma. "Tenía el veneno del periodismo en la sangre como forma de vida. El más reportero de los columnistas y el más columnista de los reporteros", concluía Pedro J.
Muere Raúl del Pozo, el más periodista de los columnistasTambién, han asistido el presidente del Senado, Pedro Rollán; Carlos Alsina, periodista de Onda Cero; el exdirector del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) Félix Sanz Roldán; la empresaria Paloma Segrelles; y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que resumía ese vínculo casi carnal entre Raúl y la ciudad.
Para él, insistía, era "una persona irrepetible, pero irrepetible en mayúsculas", una figura "muy difícil de asumir" en su ausencia, que hizo "grande esta ciudad" con una trayectoria periodística y literaria "sin parangón".
El alcalde recordaba, casi como un mandamiento laico, una de sus frases favoritas: "Siempre es un error salir de Madrid". Y subrayaba que, en una sola vida, Raúl fue capaz de vivir muchas: "Estoy convencido de que tendrá el homenaje que merece en esta ciudad, porque estaba enamorado de Madrid y nosotros le queremos corresponder".
A su vez, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, reivindicaba al cronista como uno de esos raros personajes que desbordan su oficio. Aseguraba que había sido "un periodista, un columnista excelente, un analista" capaz de convertir "una columna periodística en literatura" y confesaba que, aunque le hubiera gustado conocerle más, en los últimos años cada conversación con él dejaba "algo positivo, algo a favor".
Se quedaba, decía, con su grito de "¡Viva el vino!", síntesis de un carácter vitalista, educado, simpático, "vividor en el mejor sentido" y gran intérprete de lo ocurrido en España en las últimas décadas.
"Es muy difícil entender la Transición y el periodismo reciente sin Raúl del Pozo", añadía, ligando su nombre al de otros cronistas de la concordia como el recientemente fallecido Fernando Ónega.
Capilla ardiente de Raúl del Pozo. Ayuntamiento de Madrid
Entre los asistentes también estaba Angelines del Pozo, hermana del periodista, que agradecía que el adiós se produjera en la ciudad que él consideraba su única patria posible. "Hay que respetarlo hasta el último momento y dejarlo en Madrid, porque le gustaba mucho y era su vida, era devoción", explicaba, evocando aquella frase que repetía: salir de Madrid era un error.
Admitía que Cuenca y Castilla-La Mancha formaban parte de su geografía sentimental, que hablaba "infinitas maravillas" de su tierra, pero subrayaba que, al final, Raúl no quería irse de la capital.
El escritor Arturo Pérez-Reverte lo recordaba con una estampa muy precisa, casi cinematográfica: "era un señor vestido como un señor, triunfador, coqueto, elegante, guapo y querido". Subrayaba que su mayor orgullo, ya en la recta final, era sentirse respetado y admirado por generaciones jóvenes "que no habían sufrido nada" de lo que vivió él, pero que lo leían con devoción.
En esa mezcla de bonhomía, ingenuidad encantadora y coquetería había, según Reverte, parte del secreto de su magnetismo. "Estaba encantado de terminar su vida profesional y personal entre el cariño de la gente", apuntaba, antes de recordar cómo seguía firmando en primera página y celebraba, con esa "ingenuidad maravillosa", cada una de sus apariciones.
El veterano periodista José María García tiraba de memoria para dibujar al amigo más que al personaje. Aseguraba que era "diferente, grande, libre", alguien cuya profesión era un "auténtico mundo de anécdotas" y excesos felices.
Volvía al Café Gijón, más de medio siglo atrás, para narrar la escena en la que un Raúl jovencísimo se le acercó decidido: "Yo quiero ser como tú". De aquella conversación salió su primer gran reportaje, que el diario Pueblo colocó en la noble tercera página.
Para García, que reconocía la dificultad de ser objetivo por la amistad y el cariño, Del Pozo ha sido "uno de los grandes, grandes, grandes" de la profesión: un periodista libre, democrático, generoso, de los que ya no se repiten.