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Ibon Navarro da instrucciones a Justin Cobbs antes de un partido. Marilú BáezMálaga
Domingo, 8 de febrero 2026, 19:32
... la crítica fácil. La temporada está siendo mejor en los números que en las sensaciones. Y ese contraste explica buena parte del debate que rodea al equipo, pero también ayuda a valorar lo que está consiguiendo.Desde el juego, este Unicaja no transmite la misma sensación de dominio ni la continuidad defensiva a la que nos habíamos acostumbrado. Le cuesta más enlazar largos tramos de buen baloncesto, sostener ventajas y cerrar partidos con rotundidad. No desborda tanto desde el talento colectivo ni impone el ritmo de forma sostenida. Pero tampoco es un equipo en retroceso. Vive un proceso de adaptación constante, con ensayo y error, avances y retornos, manteniendo como principal sostén su competitividad.
Los grandes momentos se aproximan y entonces ser verá hasta dónde puede llegar este equipo
La temporada ha estado marcada por cambios en la plantilla, lesiones relevantes y ajustes continuos. Uno de los déficits más visibles, acentuado por la baja de Alberto Díaz, ha sido la ausencia de un combo exterior. No salió bien la apuesta por Castañeda y, con Tyson Carter el curso pasado, el equipo tenía una alternativa clara y enriquecedora cuando surgían problemas con los bases o como recurso táctico. Podía jugar de dos y también de uno, generaba amenaza permanente y resolvía desde el talento. Esa figura ya no está, y eso ha obligado a replantear varias veces la estructura del juego exterior.
En ese contexto llega un base veterano como Justin Cobbs, un perfil diferente. Aporta experiencia, serenidad y equilibrio. Quizá el equipo haya perdido talento puro en esa posición, pero no orden ni capacidad competitiva. Es una renuncia asumida dentro de ese proceso, buscando estabilidad más que desequilibrio.
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Algo similar ocurre con otros ajustes. Chris Duarte representa bien ese cambio de escenario. Ha dejado destellos claros de calidad y, cuando entra en racha, puede cambiar un partido. Al mismo tiempo, necesita minutos y continuidad para desplegar su juego, y exige protección defensiva en algunos emparejamientos donde los rivales le buscan. Su presencia obliga al equipo a adaptar ciertas premisas muy consolidadas y, a él, a encontrar su sitio dentro de la dinámica colectiva.
En el juego interior también hay matices. Balcerowski ha dado un paso adelante. Es un jugador aún con mucho margen de mejora que comete errores fruto de su evolución y del mayor protagonismo que está asumiendo, pero se encuentra en claro crecimiento, aportando un perfil distinto y valioso en la pintura. La baja de Kravish ha sido especialmente sensible: un jugador que conoce el sistema, ofrece sobriedad defensiva, amenazas y múltiples soluciones tácticas. Su ausencia se ha ido cubriendo desde el trabajo colectivo, porque no puede suplirse con la aportación de un solo hombre.
Todo ello explica por qué este Unicaja es hoy un equipo menos automático y más elaborado. Cuando no domina desde la defensa y el rebote para correr, los partidos se van al cinco contra cinco, a escenarios más estáticos y frecuentes. Ahí el equipo ha tenido que crecer, ajustarse y aprender a competir sin necesidad de brillar.
En ese proceso ha sido clave el liderazgo desde el banquillo, siempre encima de los detalles y desde la máxima exigencia, junto al compromiso de la vieja guardia. Perry, especialmente desde la lesión de Alberto Díaz, ha asumido más protagonismo: es el hombre llamado a marcar el ritmo y ha reforzado su papel dentro de la cancha. Djedovic aparece cuando se le necesita, como termómetro competitivo, desde la disciplina táctica y la valentía. Kalinoski ha vuelto a ejercer de soldado fiable en ambos lados de la pista, al igual que el trabajo en defensa y rebote de Tyson Pérez y Barreiro. Entre todos han tapado huecos y marcado el camino en momentos delicados. Y es que no es sencillo pasar de cometidos más secundarios a responsabilidades que antes correspondían a otros.
Así llega el Unicaja a la Copa del Rey: inmerso en un proceso, con ajustes y renuncias, buen juego y altibajos, pero manteniendo algo esencial. Una filosofía, una manera de entender el juego y una actitud que le permite seguir siendo tremendamente competitivo. Los grandes momentos se aproximan, y entonces se verá hasta dónde puede llegar este equipo, cuáles son sus verdaderos límites. De momento, competir pese a todo ya es toda una declaración de intenciones.
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